Hay un tipo de planta que resuelve una terraza de golpe: la que aporta altura, silueta y estructura sin necesidad de flor. Palmeras, yucas y cordilines cumplen ese papel, aguantan el sol y la sequedad del aire, se llevan bien con la vida en maceta y se pueden mover de sitio hasta dar con la composición que funciona.
La contrapartida es que son plantas de crecimiento lento y de porte final grande, así que la decisión importante no es cuál comprar sino en qué maceta ponerla y dónde. Un ejemplar bien plantado en un contenedor adecuado dura diez o quince años en la misma terraza; uno metido en un tiesto pequeño y ligero se seca cada agosto y acaba volcado por el primer temporal.
Palmeras canarias, yucas y cordilines en tiestos negros y grises de diferentes tamaños. ¡Impactan!
Fotos: Flower Council of Holland
Las palmeras: elegir con la plaga en la cabeza
La palmera canaria (Phoenix canariensis) es un árbol magnífico y el emblema vegetal de Canarias, pero hay que decir lo que pasa con ella antes de recomendarla. Es la especie preferida del picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus), el escarabajo que ha arrasado decenas de miles de palmeras en el litoral mediterráneo español desde su detección a principios de los años dos mil. La larva se alimenta del interior del cogollo y cuando los síntomas se ven desde fuera, con las palmas centrales caídas en forma de abanico asimétrico, la planta suele estar perdida.
Existe además el barrenador Paysandisia archon, una mariposa cuya oruga perfora los estípites y que afecta a más géneros, incluidos Trachycarpus, Chamaerops y Washingtonia.
Con eso sobre la mesa, las recomendaciones prácticas son claras:
- En el litoral mediterráneo y en zonas con presencia conocida de picudo, plantar Phoenix en maceta implica asumir un seguimiento periódico. Conviene revisar el cogollo cada pocas semanas y, ante cualquier sospecha, comunicarlo al servicio de sanidad vegetal de la comunidad autónoma, que es quien coordina el tratamiento y el manejo de los restos.
- La poda de palmas verdes atrae al insecto, porque los cortes frescos liberan compuestos que lo llaman. Se retiran solo las palmas secas y preferiblemente fuera de los meses de mayor vuelo.
- Como alternativas, el palmito (Chamaerops humilis) es la única palmera autóctona de la España peninsular, resiste el frío mejor de lo que se cree, es muy resistente a la sequía y tiene un porte en mata que funciona muy bien en maceta grande. Trachycarpus fortunei aguanta el frío y la sombra parcial y es la mejor opción para el norte peninsular y para terrazas poco soleadas.
La Phoenix roebelenii, la palmera enana, es de crecimiento muy lento y de palmas curvadas y suaves. Es la más manejable de las Phoenix para una terraza, pero es sensible al frío y en zonas con heladas hay que resguardarla en invierno.
Yucas
Las yucas dan la silueta más gráfica de todo el grupo: rosetas de hojas rígidas y puntiagudas sobre troncos rugosos. Toleran el calor, la sequedad ambiental y el suelo pobre, y su punto débil es siempre el mismo, el exceso de agua.
Las más resistentes al frío son Yucca filamentosa, con hilos blancos en el margen de la hoja, Yucca flaccida, Yucca gloriosa (también llamada daga española) y Yucca rostrata, esta última de follaje azulado en roseta esférica y tronco grueso, que es la más espectacular en maceta y también la más cara.
Yucca elephantipes es la que se vende como planta de interior y para terraza, de hoja ancha y sin pincho terminal, lo que la hace mucho más cómoda de convivir. A cambio es sensible al frío y necesita protección donde hiele.
Un aviso de seguridad que rara vez se da: las hojas de la mayoría de las yucas terminan en una punta rígida capaz de producir heridas en los ojos. En una terraza estrecha, junto a un paso o donde jueguen niños, o se elige una especie sin pincho, como Yucca elephantipes, o se recorta la punta de las hojas a la altura de la cara.
Cordilines
Cordyline australis, originaria de Nueva Zelanda, tiene un aire de yuca pero con hojas acintadas, más blandas y arqueadas. Hay cultivares verdes, rojo oscuro, bronce y variegados en rosa y crema. Los de color oscuro necesitan más sol para mantener el tono y los variegados son más delicados.
Aguanta el frío moderado y el viento, y va especialmente bien en la cornisa cantábrica, donde el clima oceánico le sienta de maravilla. En el interior peninsular, con heladas fuertes, conviene un sitio abrigado. En maceta se comporta muy bien durante años y luego se puede pasar al suelo, donde acaba formando un pequeño árbol de varios troncos.
La maceta, que es la decisión importante
En estas plantas la maceta no es un accesorio, es la mitad del resultado.
Peso. Todas hacen de vela. Un ejemplar de metro y medio en un tiesto de plástico ligero se vuelca con una racha fuerte, y en un décimo piso eso es un problema de seguridad. Barro cocido, hormigón o resina con lastre de grava en el fondo. En terrazas expuestas conviene además asegurar el conjunto contra una pared o un pretil.
Tamaño. Solo un poco mayor que el cepellón, dos o tres dedos de holgura alrededor. Un salto brusco a una maceta enorme deja un volumen de sustrato que la raíz no ocupa, se mantiene húmedo mucho tiempo y acaba pudriendo el cuello.
Drenaje. Agujeros amplios, una capa de grava en el fondo y el tiesto elevado sobre tacos o pies, para que el agua salga y el aire circule. El plato bajo la maceta, si lo hay, se vacía siempre.
Sustrato. Poroso y de riqueza media, no turba pura. Sustrato universal mezclado con un tercio de arena gruesa, gravilla o pómice funciona bien para todo el grupo.
Riego, abono y limpieza
Se riega cuando el sustrato se ha secado bastante, comprobándolo con el dedo o con un palo. Estas plantas soportan mucho mejor quedarse cortas que pasarse, aunque tampoco conviene dejarlas en sequía prolongada: el ambiente muy seco y la falta de agua favorecen a la araña roja.
Dos síntomas que conviene saber leer. El amarilleo general apunta casi siempre a un problema de agua, por exceso o por defecto, y hay que comprobar el cepellón antes de decidir. Las puntas marrones suelen indicar aire seco, sales acumuladas por agua dura o falta de riego. En terrazas con agua muy calcárea ayuda regar de vez en cuando en abundancia para lavar las sales del sustrato.
El abonado, mensual durante la primavera y el verano, con fertilizante para plantas verdes diluido en el riego. En otoño e invierno se suspende.
Las hojas bajas amarillean y se secan con normalidad conforme la planta gana altura. Se cortan con tijera bien afilada y no se tira de ellas, porque el tejido es fibroso y al desgarrarse deja heridas en el tronco. En palmeras se corta la palma seca dejando un par de dedos de peciolo.
Trasplante e invierno
El trasplante se hace en marzo o abril, cuando arranca el crecimiento. Si al sacar la planta el cepellón aparece con las raíces enrolladas en espiral, hay que hacer tres o cuatro cortes verticales de un par de centímetros de profundidad por los laterales, para que emitan raíces nuevas hacia fuera en vez de seguir dando vueltas. Cuando el ejemplar ya es demasiado grande para cambiarlo de maceta, se sustituyen los cinco centímetros superiores de sustrato cada primavera.
Para pasar el invierno en zonas con heladas, las especies sensibles (Phoenix roebelenii, Yucca elephantipes, cordilines variegados) se arriman a la pared de la casa, que irradia calor, se levantan del suelo para que la maceta no se enfríe por abajo y, si se anuncia una helada fuerte, se envuelve el cogollo con manta térmica. Es igual de importante reducir el riego: una planta helada con el cepellón empapado se pierde, mientras que en seco aguanta bastante más frío.
En resumen
Palmeras, yucas y cordilines dan estructura a una terraza durante todo el año con muy poco mantenimiento: riego espaciado, abono mensual en primavera y verano, limpieza de hojas secas con tijera y trasplante cada varios años. Lo que de verdad hay que acertar es la maceta, que debe ser pesada, con buen drenaje y solo un poco mayor que el cepellón.
Antes de decidirse por una Phoenix en el litoral mediterráneo conviene valorar el riesgo del picudo rojo y el seguimiento que exige. El palmito autóctono y el Trachycarpus ofrecen un efecto parecido con muchos menos problemas, y en el caso del palmito con la ventaja añadida de estar perfectamente adaptado al clima de aquí.