Un estanque bien plantado se mantiene casi solo. Uno mal plantado se convierte en una sopa verde en tres semanas de junio. La diferencia no está en el filtro ni en la bomba, sino en la vegetación: son las plantas las que consumen los nutrientes que alimentan a las algas y las que dan sombra al agua para que no se caliente.

Y una advertencia previa que condiciona todo lo demás. Buena parte de las plantas acuáticas que se han vendido durante años son especies exóticas invasoras, con la venta y el cultivo prohibidos, porque escapan de los jardines y arrasan ríos y humedales. Antes de comprar conviene saber qué está permitido y qué no, y en ningún caso se vacía un estanque o un acuario en un cauce natural.

Los nenúfares (géneros Nymphaea) son los reyes indiscutibles entre las plantas acuáticas. Sus delicadas flores se elevan sobre una cama de hojas flotantes.

Los cuatro papeles que cumplen las plantas

Un estanque equilibrado necesita los cuatro grupos, y cada uno hace un trabajo distinto.

  • Sumergidas u oxigenadoras. Viven enteras bajo el agua. Consumen nutrientes disueltos, que es la manera real de quitarle el alimento a las algas, y oxigenan el agua.
  • De hoja flotante enraizadas. Nenúfares y similares. Enraízan en el fondo y sus hojas cubren la superficie, dando sombra y bajando la temperatura del agua.
  • Flotantes libres. No enraízan; van a la deriva. Son las más eficaces contra las algas y también, por lo mismo, las que con más facilidad se convierten en un problema.
  • Palustres o de ribera. Crecen con el pie encharcado en la zona somera y hacen de transición entre el agua y el jardín. Son las que dan aspecto natural al conjunto.

La regla de oro es de superficie: entre un tercio y la mitad del espejo de agua debe quedar cubierto por hoja flotante en verano. Menos que eso y el agua se calienta y se llena de algas; más y las plantas del fondo se quedan sin luz.

Qué no se puede plantar

Hay plantas de estanque muy vendidas en el pasado que hoy están prohibidas por su carácter invasor, y la lista es más larga de lo que la gente cree.

El jacinto de agua o camalote (Eichhornia crassipes) es el caso más conocido en España. Está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras (Real Decreto 630/2013), que prohíbe su posesión, transporte, comercio y cultivo. Su invasión del Guadiana ha costado millones de euros en retirada mecánica y sigue sin resolverse. Una sola planta escapada puede cubrir hectáreas en una temporada.

La lechuga de agua (Pistia stratiotes) figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea del Reglamento (UE) 1143/2014, lo que implica la prohibición de comercializarla, cultivarla, transportarla y liberarla en el medio natural.

En la misma lista de la Unión están otras acuáticas de jardinería como Myriophyllum aquaticum, Cabomba caroliniana, Lagarosiphon major y las Ludwigia de flor amarilla. Con las elodeas conviene ser prudente igualmente: son plantas de acuario muy vigorosas que se han naturalizado en ríos y embalses de media Europa a partir de fragmentos, y un trozo de tallo basta para fundar una población nueva.

La consecuencia práctica es doble. Comprar solo en establecimientos que informen del nombre científico, y no verter nunca restos de poda, agua ni plantas sobrantes en un río, un canal, una acequia o una charca. El destino correcto de esos restos es el compostador o la basura, dejándolos secar antes.

Nenúfares, que son el centro del estanque

Los nenúfares (Nymphaea) son la planta principal de cualquier estanque que reciba sol. El nenúfar blanco europeo, Nymphaea alba, es autóctono en la península y perfectamente rústico; de los híbridos de jardinería hay cientos, en blanco, amarillo, rosa y rojo.

Lo que hay que acertar es el tamaño, porque cada variedad tiene una profundidad de plantación distinta y una superficie que acaba cubriendo:

  • Enanos: de 20 a 30 centímetros de agua sobre el cepellón, cubren menos de un metro cuadrado. Son los únicos válidos para un estanque de terraza.
  • Medianos: de 30 a 50 centímetros.
  • Vigorosos: de 50 a 100 centímetros, y pueden ocupar tres o cuatro metros cuadrados de superficie.

Quieren al menos cinco o seis horas de sol para florecer y, muy importante, agua tranquila. Un nenúfar bajo el chorro de una fuente o cerca de la salida de una bomba no prospera: las hojas se mojan por encima constantemente y se pudren.

Se plantan en cestas de rejilla forradas con arpillera, usando tierra de jardín arcillosa, nunca sustrato de maceta. El sustrato comercial flota, enturbia el agua y suelta una carga de nutrientes que se traduce en algas de inmediato. Encima de la tierra se pone un dedo de grava para que no se disperse y para que los peces no la escarben. La cesta se baja al fondo por etapas, apoyándola sobre ladrillos que se van retirando conforme crecen las hojas.

Oxigenadoras: el trabajo invisible

Son las que de verdad mantienen el agua clara y, sin embargo, casi nadie les hace caso porque no se ven. En un estanque doméstico bastan unos pocos manojos, plantados en cesta o lastrados, repartidos por el fondo.

La opción más recomendable en España es Ceratophyllum demersum, la cola de zorro, una planta autóctona que ni siquiera necesita enraizar: vive suspendida en el agua, crece deprisa, aguanta el frío y compite muy bien con las algas por los nutrientes. Otras autóctonas útiles son Myriophyllum spicatum y Myriophyllum verticillatum, que no deben confundirse con la especie invasora Myriophyllum aquaticum, prohibida.

Un detalle de mantenimiento: las oxigenadoras crecen mucho en verano y hay que sacar el exceso a mano. Se retira aproximadamente un tercio de la masa, se deja escurrir en el borde unas horas para que vuelvan al agua los animalillos que lleve, y luego al compostador.

Plantas de ribera para la zona somera

Es la parte que da naturalidad al conjunto y la que atrae fauna: libélulas, anfibios, aves que bajan a beber. Se plantan en el escalón de veinte o treinta centímetros de profundidad que todo estanque debería tener en un lado.

Especies autóctonas que funcionan bien y no dan problemas:

  • Lirio amarillo (Iris pseudacorus), presente de forma natural en riberas de casi toda la península. Floración amarilla en primavera y hoja de espada todo el verano. Es vigoroso: en un estanque pequeño conviene tenerlo en cesta para poder controlarlo.
  • Menta de agua (Mentha aquatica), de floración malva en verano, muy visitada por insectos, y con la ventaja de que tapa bien el borde del estanque.
  • Juncos (Juncus) y carrizos bajos, para dar verticalidad sin la agresividad de la enea.
  • Ranúnculo acuático (Ranunculus aquatilis), común en aguas someras españolas, con florecillas blancas de centro amarillo en primavera. Pierde la parte aérea en invierno.

Con la enea o espadaña (Typha) hay que tener cuidado aunque sea autóctona: sus rizomas son capaces de perforar una lámina impermeabilizante de PVC. En un estanque con lámina, o se planta en cesta robusta o no se planta.

El papiro (Cyperus papyrus) es espectacular pero no aguanta la helada, así que fuera del litoral cálido y de Canarias hay que tratarlo como planta de temporada o recogerlo en invierno.

El estanque en miniatura de la terraza

En un balcón basta con un recipiente estanco y hondo: un barreño de obra, una tinaja, una pila vieja, un macetero de resina sin agujeros. Con cuarenta centímetros de profundidad ya se puede montar algo estable, y a partir de sesenta se comporta mucho mejor porque el agua no se calienta tanto.

Tres o cuatro plantas son suficientes: un nenúfar enano en el centro, un par de manojos de oxigenadora en el fondo y una planta de ribera en el borde, con la cesta apoyada sobre un ladrillo para que quede a poca profundidad. Se llena preferiblemente con agua de lluvia; si es de grifo, se deja reposar unos días antes de plantar.

Media jornada de sol es lo ideal. A pleno sol de tarde en el sur peninsular, un recipiente pequeño se convierte en un caldo en agosto y hay que rellenar cada dos o tres días por la evaporación. Y si el agua queda totalmente quieta y sin fauna, conviene vigilar las larvas de mosquito, ya sea con un pequeño movimiento de agua o renovándola.

Calendario y mantenimiento

La plantación se hace en primavera, entre abril y junio, cuando el agua ya se ha templado. En verano el trabajo consiste en rellenar la evaporación, retirar hojas amarillas y controlar el exceso de oxigenadoras. En otoño se corta la parte seca de las palustres y se cubre el estanque con una malla si hay árboles de hoja caduca cerca, porque la hojarasca que se pudre en el fondo es la principal causa de agua turbia al año siguiente.

En invierno no se hace nada, y en particular no se vacía. Las plantas rústicas pasan el frío en el fondo sin problema mientras el estanque tenga profundidad suficiente.

En resumen

Un estanque estable se consigue combinando oxigenadoras en el fondo, hoja flotante que cubra entre un tercio y la mitad de la superficie y plantas de ribera en la zona somera, todo plantado en cesta con tierra arcillosa y no con sustrato de maceta. Con eso, el agua se aclara sola en unas semanas y el mantenimiento se reduce a rellenar y aclarar de vez en cuando.

Lo que no admite discusión es la elección de especies. El jacinto de agua está prohibido por el Real Decreto 630/2013 y la lechuga de agua y otras acuáticas ornamentales lo están por el Reglamento (UE) 1143/2014. Hay alternativas autóctonas para cada función, empezando por Ceratophyllum demersum como oxigenadora y el lirio amarillo en la orilla, y ninguna planta ni agua de estanque debe acabar nunca en un cauce natural.


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