Los arbustos de hoja perenne que florecen en invierno juegan con otra baza que los de hoja caduca: la flor no aparece sobre la rama pelada, sino sobre un fondo de follaje verde oscuro que dura todo el año. Son plantas útiles doce meses y espectaculares durante seis semanas. Las tres protagonistas son las dafnes (Daphne odora y Daphne bholua), las sarcococcas y, solo para el litoral libre de heladas, las dombeyas o árbol de las hortensias.

Las dos primeras son plantas de sombra, lo que las convierte en candidatas para el lado norte de la casa, el patio interior o el hueco bajo un árbol grande, sitios donde casi nada florece. La tercera es un árbol pequeño subtropical que en la península solo prospera en la costa mediterránea cálida y en Canarias. Antes de nada, un aviso que condiciona el uso de las dafnes: toda la planta es tóxica, y de ello se habla más abajo.

Las flores de Daphne odora se reúnen en umbelas. Como indica el nombre de la especie son olorosas. Foto: Shutterstock

Daphne odora y Daphne bholua

La Daphne odora es un arbusto compacto, de metro a metro y medio, con hojas coriáceas verde oscuro y umbelas de florecillas tubulares rosadas por fuera y casi blancas por dentro, con aspecto de nácar. Abren entre enero y marzo según la zona y su perfume, especiado con un fondo cítrico, es de los más penetrantes del jardín invernal. La Daphne bholua, del Himalaya, es más alta y de porte abierto, con la misma flor y una floración que puede empezar antes, ya en diciembre.

El cultivar más extendido con diferencia es la Daphne odora ‘Aureomarginata’, con un fino ribete crema en la hoja. Tiene fama de ser algo más resistente al frío que la especie tipo, y es el que más se encuentra en vivero. En Daphne bholua el nombre a buscar es ‘Jacqueline Postill’.

En cuanto a resistencia, hablamos de arbustos que aguantan bien las heladas moderadas del invierno peninsular pero que no son plantas de alta montaña ni de meseta desabrigada. Lo que peor llevan es el sol fuerte y el verano seco: en Andalucía o en el Levante hay que darles sombra de tarde y riego, o cultivarlas en maceta para poder moverlas.

Cómo se cultiva una dafne

Tres reglas resumen casi todo lo que hay que saber.

  • Se planta una vez y no se toca. Odian que se les remueva la raíz. El trasplante de un ejemplar establecido acaba muy a menudo con la planta. Si hay dudas sobre la ubicación, mejor un contenedor grande desde el principio.
  • El drenaje es lo primero. Sustrato fértil, con materia orgánica, pero que no encharque nunca. En suelo pesado se planta sobre caballón. El pie se mantiene fresco en verano y más seco en invierno.
  • No se poda. Como mucho se retira la madera seca. Las dafnes no rebrotan bien de madera vieja y una poda de rejuvenecimiento suele terminar mal.

Hay un fenómeno que desconcierta a quien las cultiva por primera vez: no es raro que una dafne aparentemente sana se marchite y muera en pocas semanas sin causa evidente. Suele atribuirse a pudriciones de raíz o a virosis. El riesgo baja plantando en suelo muy drenado, no regando de más y no removiendo la tierra alrededor de la base. Aparte de eso, pueden sufrir pulgón y cochinilla.

Toxicidad, que no es un detalle menor

Todas las partes de la planta son tóxicas por ingestión: hojas, corteza, flores y sobre todo los frutos, que son bayas rojas en Daphne odora y negras en Daphne bholua, pequeñas y de aspecto atractivo. La savia, además, puede irritar la piel al podar o manipular la planta.

En la práctica esto significa dos cosas. Una, que conviene usar guantes al cortar madera muerta. Y dos, que si hay niños pequeños o animales que mordisquean el jardín, hay que pensar bien dónde se planta o si se planta. Ante una ingestión hay que llamar al servicio médico o al veterinario, según el caso, sin intentar remedios caseros.

Sarcococca, el arbusto de sombra que huele

Si hubiera que elegir un solo arbusto para un rincón oscuro donde no crece nada, la sarcococca sería una candidata seria. Es pariente asiática del boj, con el que comparte familia (Buxaceae), y se le parece: hojas pequeñas, coriáceas, verde oscuro brillante, ramillas densas y porte contenido, entre medio metro y dos metros según la especie.

Sus flores son casi invisibles, unos manojos de estambres blanco crema en la axila de las hojas, y sin embargo perfuman un patio entero en pleno invierno. Es una de esas plantas que se huelen antes de verse: en enero, al pasar por delante de una sarcococca en flor, uno se para a buscar de dónde viene el olor. Después vienen bayas negras brillantes, o rojas en Sarcococca ruscifolia.

Las que se manejan en jardinería son sobre todo Sarcococca confusa, muy usada en setos bajos por su follaje menudo; Sarcococca hookeriana var. humilis, rastrera y buena para cubrir el suelo bajo árboles; Sarcococca hookeriana var. digyna, más alta y de ramillas rojizas en el cultivar ‘Purple Stem’; y Sarcococca ruscifolia, de fruto rojo.

El cultivo es sencillo. Quieren sombra o semisombra, incluso sombra densa, y de hecho al sol directo la hoja amarillea. Suelo humífero, fresco y bien drenado, preferentemente algo ácido aunque toleran los neutros. Resisten heladas notables y no piden poda, más allá del recorte si se usan como seto, que aguantan sin problema. En clima mediterráneo funcionan bien en patios y en el lado norte de un muro, con riego en verano; lo que no toleran es el sol de mediodía en agosto.

Son de crecimiento lento, así que el seto tarda en cerrar. A cambio, una vez formado se mantiene solo durante décadas y no exige el recorte constante de un boj.

Dombeya, el árbol de las hortensias

Las dombeyas cambian por completo de escenario. Son pequeños árboles subtropicales de hoja perenne, con hojas acorazonadas muy grandes, que florecen en invierno en inflorescencias colgantes de flores rosadas o asalmonadas apiñadas, parecidas a una hortensia puesta boca abajo. Las más frecuentes son Dombeya wallichii, originaria de Madagascar, y el híbrido Dombeya x cayeuxii.

La restricción es climática y no admite negociación: no toleran la helada. En la península solo se ven bien en la costa mediterránea cálida, con Málaga como referencia clásica, y en Canarias. En Valencia o Barcelona, en un patio muy abrigado, se pueden intentar; en el interior peninsular no tiene sentido plantarlas fuera.

Donde caben son plantas fáciles: sol o sombra ligera, suelo de riqueza media que drene bien, y riego dejando secar entre aportes una vez establecidas. Crecen deprisa y agradecen el abonado. Se plantan en solitario, porque el porte redondeado y la hoja grande piden espacio para lucirse, y aceptan el contenedor grande si el clima obliga a resguardarlas en invierno. La araña roja es su plaga habitual en ambiente seco y caluroso.

Las inflorescencias secas persisten mucho tiempo en el árbol y adquieren un tono oxidado que a algunos gusta y a otros no. Se retiran fácilmente si molestan.

Cómo combinarlas en el jardín

El fallo típico con estas plantas es tratarlas como ejemplares aislados. Las dafnes y las sarcococcas son arbustos de sotobosque y funcionan mejor acompañadas, en un macizo de sombra con helechos, Liriope, hiedras o eléboros, que aportan otra floración de invierno. El conjunto queda cubierto todo el año y las flores perfumadas aparecen cuando el resto del jardín está apagado.

Para las bulbosas tempranas, campanillas de invierno y crocus, el pie de una sarcococca es un buen sitio: brotan, florecen y desaparecen antes de que el arbusto necesite el espacio. Y como las dos especies de sombra crecen despacio, conviene plantarlas ya con un tamaño decente y no esperar de ellas un efecto inmediato.

En resumen

Entre los arbustos de hoja perenne, la dafne aporta el perfume más refinado y la sarcococca el más práctico, porque florece en la sombra donde no hay alternativa y encima sirve de seto bajo. Las dos piden lo mismo: sombra o semisombra, suelo drenado, nada de encharcamiento y ninguna poda seria. La dafne añade una exigencia extra, que es no moverla nunca de sitio.

Con las dafnes hay que tener presente que toda la planta es tóxica si se ingiere y que la savia irrita la piel, un dato a valorar si hay niños o animales en casa. La dombeya, por su parte, es una opción excelente pero solo para quien viva en la costa cálida o en Canarias, porque cualquier helada la arruina. Los arbustos de hoja caduca de este mismo grupo se tratan en la primera parte del artículo.


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