Bajo el nombre de begonia de interior se venden dos plantas muy distintas. Las de hoja, sobre todo las Begonia rex, son vivaces rizomatosas que se cultivan por su follaje y pueden durar años. Las de flor, las Begonia elatior, son híbridos que florecen sin parar durante meses y después resultan difíciles de mantener. Confundirlas lleva a esperar de cada una lo que no da.

Las dos comparten, eso sí, las mismas exigencias ambientales: mucha luz sin sol directo, temperatura estable, humedad en el aire y ninguna gota sobre las hojas. Ese último punto es el que más begonias arruina en una casa española.

Una colección de Begonia rex y Begonia elatior floridas en tiestos de piedra sobre una tabla de derribo.

Begonias de hoja

Las Begonia rex, o mejor dicho el grupo de cultivares Begonia rex-cultorum, son plantas rizomatosas originarias del noreste de la India. Crecen desde un rizoma grueso que se arrastra por la superficie del sustrato, y de él salen directamente los pecíolos. No tienen tallo aéreo apreciable.

La hoja es asimétrica, con forma de gota o de espiral, borde ondulado o dentado, y una gama cromática que no tiene rival entre las plantas de interior: plateados, púrpuras, rosas, verdes casi negros, con veteados, aros concéntricos y salpicaduras, y superficies que van de lo sedoso a lo granuloso o piloso.

Del mismo grupo de begonias de follaje forman parte la Begonia bowerae, pequeña y de hoja moteada con el borde pestañeado, y la muy popular Begonia maculata, de porte alto y hojas alargadas con lunares plateados y envés rojo. Todas ellas, bien cuidadas, viven muchos años.

Begonias de flor

Las Begonia elatior, cuyo nombre botánico correcto es Begonia × hiemalis, son híbridos obtenidos del cruce entre Begonia socotrana y begonias tuberosas. Producen ramos densos de flores simples, semidobles o dobles en blanco, amarillo, asalmonado, rosa, magenta y rojos de todas las intensidades.

Se venden en flor todo el año porque se cultivan bajo control de fotoperiodo: son plantas de día corto y en invernadero se les induce la floración cuando conviene. En casa, después de la floración, la planta entra en una fase de reposo confusa y raramente vuelve a dar un resultado parecido. Se puede intentar: se recorta la mata a la mitad, se reduce el riego durante unas semanas, se mantiene fresca y luminosa y se retoma el riego cuando rebrota. Pero conviene saber que la mayoría de la gente las descarta, y no es por torpeza.

Un detalle práctico poco conocido: son muy sensibles al etileno. Colocarlas junto a un frutero hace que suelten los botones florales sin abrir. La cocina, que suele ser el sitio luminoso de la casa, es precisamente donde peor están.

Luz y temperatura

Necesitan mucha luz indirecta. Con poca luz las rex pierden el contraste de los dibujos y quedan verdes y apagadas, y las de flor sueltan los botones. Con sol directo, en cambio, las hojas se queman con marcas irreversibles. La ubicación correcta es junto a una ventana orientada a norte, o a este y oeste con visillo, o retirada un metro de una ventana a sur.

La temperatura ideal ronda los 18 a 22 grados y debe ser lo más estable posible. Por debajo de 12 grados se paran y se dañan; por encima de 26 sostenidos empiezan a sufrir. Toleran mal las corrientes de aire frío y detestan los golpes bruscos de temperatura, como estar junto a una puerta que se abre al exterior en enero.

Riego: por abajo y sin mojar la hoja

Este es el punto crítico. Las hojas de begonia, carnosas y a menudo pilosas, retienen el agua y se pudren o se llenan de hongos con facilidad. Por eso se riega por inmersión o por el plato, nunca por encima.

El método: se sumerge la maceta en un recipiente con agua durante diez o quince minutos, hasta que el sustrato esté saturado, se saca, se deja escurrir bien y se devuelve a su sitio con el plato vacío. Se repite cuando los dos o tres centímetros superiores del sustrato están secos al tacto.

El agua conviene que sea de baja dureza, agua de lluvia o de mineralización débil, porque en buena parte de España el grifo deja depósitos calcáreos que a la larga afectan al sustrato ácido que prefieren.

El rizoma nunca se entierra: va apoyado sobre la superficie. Enterrado se pudre. Y el exceso de agua, con diferencia, mata más begonias que la sed.

Humedad ambiental sin pulverizar

Quieren humedad en el aire, y ese es el conflicto en una casa con calefacción en invierno o con aire acondicionado en agosto, donde la humedad relativa cae mucho. La hoja se abarquilla, las puntas se secan y aparece la araña roja.

La solución no es pulverizar, que es justo lo que no hay que hacer con una begonia. Funcionan bien un plato ancho con grava y agua bajo la maceta, sin que el fondo toque el agua; agrupar varias plantas juntas para que compartan el vapor que transpiran; y alejarlas de radiadores y de la salida del aire acondicionado.

Al mismo tiempo necesitan ventilación. Humedad alta y aire estancado es la receta exacta del oídio, que es la enfermedad clásica de las begonias: manchas y polvillo blanco en el haz de las hojas, que después amarillean y caen. Se previene con espacio entre plantas y aire en movimiento suave, y las hojas muy afectadas se retiran y se tiran, no se compostan.

Sustrato, abonado y trasplante

El sustrato debe ser ligero, aireado y ligeramente ácido: una mezcla de turba rubia o fibra de coco con corteza fina y perlita cumple bien. Nada de sustratos pesados que se compacten.

La maceta debe ser ancha y poco profunda, porque el rizoma crece en horizontal y la raíz es superficial. Un contenedor demasiado hondo mantiene una masa de sustrato húmedo bajo las raíces que acaba pudriéndolas.

Se abona cada tres o cuatro semanas durante el crecimiento, de primavera a principios de otoño, con fertilizante líquido para plantas verdes diluido a la mitad de la dosis indicada. En invierno se suspende.

Multiplicación de las Begonia rex

Aquí está una de las gracias de estas plantas: se reproducen a partir de una sola hoja. Hay dos métodos, ambos sencillos.

El primero consiste en cortar una hoja sana con un trozo de pecíolo, hacer con un cuchillo limpio unos cortes transversales sobre los nervios principales del envés y apoyarla boca abajo sobre sustrato húmedo, sujeta con pequeñas grapas o piedrecillas para que haga buen contacto. De cada corte brota una plantita.

El segundo es cortar la hoja en triángulos, cada uno con un trozo de nervio principal en el vértice, y clavarlos por ese vértice en el sustrato. En ambos casos se mantiene el conjunto tapado y cálido, en torno a 20 o 22 grados, con humedad alta pero ventilando a diario para que no aparezca moho. Las plantitas tardan entre cuatro y ocho semanas en asomar.

Plagas y toxicidad

Además del oídio, las begonias de interior sufren araña roja con aire seco, mosca blanca y trips, que dejan las flores manchadas y deformes. La revisión periódica del envés de las hojas detecta las tres a tiempo.

Hay una plaga menos conocida y muy dañina: las larvas del gorgojo de la vid (Otiorhynchus sulcatus), gusanos blancos con la cabeza marrón que se comen el rizoma desde dentro. La planta se marchita sin motivo aparente y al levantarla no quedan raíces. El adulto deja mordeduras semicirculares características en el borde de las hojas: si aparecen, hay que revisar el sustrato.

Sobre toxicidad, conviene saberlo: las begonias contienen oxalatos y son tóxicas por ingestión para perros y gatos, siendo el rizoma y el tubérculo las partes más peligrosas. En personas provocan irritación de boca y garganta. No son plantas para poner al alcance de un animal que mordisquee, y ante una ingestión la consulta es al veterinario.

En resumen

Las Begonia rex se tienen por la hoja y pueden acompañar años; las Begonia elatior se tienen por la flor y suelen ser plantas de una temporada. Ambas quieren luz abundante sin sol directo, entre 18 y 22 grados estables, sustrato ligero y ácido en maceta ancha y poco profunda, y abonado suave solo en época de crecimiento.

La regla que resume su cultivo es doble: se riegan por abajo, sin mojar nunca las hojas, y necesitan humedad ambiental con aire en movimiento, porque el aire quieto y húmedo trae oídio. Las de hoja se multiplican a partir de una sola hoja cortada, cosa que compensa cualquier pérdida. Y hay que recordar que son tóxicas por ingestión para perros y gatos.


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