En invierno una terraza se sostiene con estructura, no con flores. Tres o cuatro plantas de hoja perenne bien colocadas en macetas resuelven un rincón, la entrada de una casa o una mesa de patio durante los meses en que no hay nada más. Boj recortado, laurel en bola o en cono y coníferas enanas son la combinación clásica, y funciona.

Ahora bien, el boj ya no es la elección automática que era hace quince años, y conviene explicar por qué antes de recomendarlo a ciegas. Hay dos problemas sanitarios serios que han cambiado el panorama y varias alternativas que hacen exactamente el mismo papel sin ese riesgo.

Para dar color en invierno a la entrada de la casa, una mesa de la terraza o un rincón del jardín basta combinar unos pocos bojes tallados, laureles mini y pequeñas coníferas azules y doradas en tiestos sencillos. Fotos: Flower Council of Holland

El boj y sus dos amenazas

El boj (Buxus sempervirens y Buxus microphylla) sigue siendo insuperable para topiaria: hoja diminuta, crecimiento denso y lento, y una capacidad de rebrote que permite recortes muy cerrados. El cultivar 'Faulkner', de hoja redondeada y porte compacto, es de los que mejor se comportan en clima mediterráneo.

El primer problema es la oruga del boj (Cydalima perspectalis), una polilla asiática detectada en España a mediados de la década pasada y hoy extendida por gran parte del país. Las orugas, verdes con líneas negras, devoran la hoja hasta dejar solo el esqueleto de nervios, y una planta puede quedar defoliada en pocos días. Da varias generaciones al año.

Se combate con vigilancia constante entre abril y octubre, revisando el interior de la mata en busca de telarañas y excrementos verdes, y tratando las orugas jóvenes con productos a base de Bacillus thuringiensis subsp. kurstaki, que solo funcionan si se aplican pronto y llegando al interior del arbusto. Los recortes muy densos dificultan esa penetración.

El segundo problema es el chancro del boj, causado por el hongo Calonectria pseudonaviculata, que produce manchas oscuras en las hojas, estrías negras en los tallos y defoliación en parches. Prospera con humedad y hoja mojada, y no tiene solución fácil una vez instalado.

La conclusión razonable no es renunciar al boj, sino no llenar de boj un jardín entero. En maceta, además, el ejemplar es fácil de revisar y aislar.

Alternativas que hacen lo mismo

Varias especies admiten recorte cerrado y dan un resultado muy parecido:

  • Ilex crenata. El acebo japonés es el sustituto directo del boj: hoja pequeña, crecimiento denso, admite topiaria. Prefiere suelo ácido o neutro, así que en suelos muy calizos hay que cultivarlo en maceta con sustrato adecuado.
  • Lonicera nitida. Muy barata, muy rápida y muy tolerante. Pide dos o tres recortes al año porque crece deprisa.
  • Mirto (Myrtus communis subsp. tarentina). Autóctono, aromático, perfectamente adaptado al clima y al suelo mediterráneos, y con floración blanca en verano. Para el sur y el este de España es probablemente la mejor opción.
  • Teucrium × lucidrys. Subarbusto de hoja pequeña y brillante, muy resistente a la sequía, ideal para setos bajos y bordes.
  • Pittosporum tobira 'Nanum'. Compacto por naturaleza, sin apenas necesidad de recorte, y muy resistente al ambiente marino.

El laurel, el más agradecido

El laurel (Laurus nobilis) es una planta mediterránea de manual: soporta el calor y la sequía una vez establecido, tolera los suelos calizos, aguanta la semisombra y la sombra, y se deja recortar en bola, cono o pantalla sin quejarse. Es el arbusto de maceta más resistente de los tres y el único de los que aquí se mencionan que además tiene uso en la cocina.

Su límite es el frío intenso y prolongado. Aguanta heladas moderadas sin daño y, cuando se quema por frío, suele rebrotar desde la base en primavera. En maceta, con el cepellón expuesto por todos los lados, sufre bastante más que plantado en el suelo, así que en zonas de inviernos duros conviene arrimarlo a un muro o proteger el contenedor.

Una advertencia que conviene hacer: no todo lo que se llama laurel es Laurus nobilis. El lauroceraso (Prunus laurocerasus), muy usado en setos, tiene hojas parecidas pero mucho más grandes y brillantes, y contiene glucósidos cianogénicos: es tóxico por ingestión, hojas y semillas incluidas. Y la adelfa (Nerium oleander), que también se confunde a veces, es muy tóxica en todas sus partes. Solo el laurel verdadero, de hoja mate, ondulada en el borde y con aroma inconfundible al estrujarla, es el de la cocina.

De plagas, el laurel tiene dos habituales: la psila (Trioza alacris), que deforma y enrolla el borde de las hojas nuevas dejando un aspecto abullonado y blanquecino, y la cochinilla, que segrega melaza sobre la que se instala la negrilla. Ambas se manejan con poda de las partes afectadas y mejorando la ventilación.

Coníferas en maceta

Las coníferas enanas aportan lo que ninguna otra cosa aporta en invierno: volumen, textura y color estable. Hay opciones en verde, dorado, glauco y azul intenso, y todas crecen despacio.

Entre las más habituales están Platycladus orientalis 'Aurea Nana', de silueta ovoide muy compacta y color verde limón, y Cupressus macrocarpa 'Goldcrest', columnar y dorado, cuyo follaje huele intensamente a limón al frotarlo. Las Chamaecyparis enanas y los enebros rastreros (Juniperus) completan la paleta. Hay más opciones en coníferas enanas para cultivar en tiestos.

Aquí hay una regla que no admite excepción: una conífera no se recupera de un secado. Las frondosas rebrotan de yemas latentes en la madera vieja; la mayoría de las coníferas no. La rama que se seca queda marrón para siempre y hay que cortarla, dejando un hueco que no se rellena. Un cepellón en maceta que se seque una sola vez en agosto puede arruinar la planta de forma permanente.

Eso significa riego vigilado en verano, y también en invierno: en periodos secos, soleados y ventosos, una conífera en maceta sigue transpirando y sigue necesitando agua aunque no haga calor. Es cuando más gente las pierde, precisamente por no regar.

Cuidados comunes en maceta

Todas estas plantas quieren sol, aunque el boj 'Faulkner' y el laurel toleran bien la semisombra e incluso la sombra. En el sur, sol de mañana y algo de protección a mediodía en verano es lo ideal.

El sustrato debe drenar bien y a la vez retener algo de humedad: uno universal de calidad con un veinte o treinta por ciento de perlita o arena gruesa cumple. La maceta, cuanto mayor mejor, porque el volumen de tierra es lo que amortigua tanto el calor de agosto como el frío de enero. Y siempre con agujeros de drenaje despejados.

El riego se hace en profundidad, hasta que salga agua por abajo, y luego se espera a que los primeros centímetros se sequen. El plato se vacía. En pleno verano, en una terraza al sur en el interior o el sur peninsular, eso puede significar regar a diario.

Se abona en primavera y de nuevo después del recorte de verano, con un fertilizante de liberación lenta para plantas verdes. Las coníferas necesitan bastante menos que el resto.

La poda de formación se hace dos veces al año: una en junio y otra a finales de septiembre o comienzos de octubre. Nunca en pleno calor ni con la planta con sed. Y conviene trasplantar a maceta mayor cada dos o tres años, o al menos renovar los cinco centímetros superiores de sustrato.

Toxicidad

El boj es tóxico por ingestión, y también lo son las tuyas y otras coníferas ornamentales del grupo. No suelen resultar apetecibles, pero si hay perros jóvenes o conejos sueltos en la terraza conviene tenerlo presente y consultar al veterinario ante cualquier ingestión.

En resumen

Tres macetas bien elegidas mantienen una terraza presentable todo el invierno: un arbusto recortado en bola, un laurel en cono y una conífera enana de color contrastado. El laurel es el más resistente y el más útil, y hay que distinguirlo del lauroceraso y de la adelfa, que son tóxicos.

Al boj conviene ponerle condiciones: revisar la mata cada pocas semanas de abril a octubre buscando la oruga Cydalima perspectalis, y no llenar el jardín entero de una sola especie. En clima mediterráneo, el mirto de hoja pequeña hace el mismo papel con mucho menos riesgo. Y con las coníferas, la única regla que importa es no dejar que el cepellón se seque nunca, ni en agosto ni en un enero seco y ventoso.


Contenidos relacionados