Si una peonía herbácea lleva años sin florecer, la causa más probable es que esté plantada demasiado profunda. Es el fallo número uno con esta planta y no se corrige con abono ni con riego: hay que desenterrarla en otoño y volver a colocarla con las yemas a tres o cinco centímetros de la superficie, no más.
Fuera de ese detalle, la peonía herbácea es una vivaz notablemente resistente y longeva. Desaparece por completo en invierno, rebrota en febrero con unos tallos rojizos inconfundibles, florece de mayo a junio y puede vivir cuarenta o cincuenta años en el mismo sitio sin que nadie la toque. Ese es su carácter: mal trasplante, mala división a destiempo, y a cambio décadas de floración creciente.
Peonía de corola simple Illini Warrior, con pétalos de un intenso color rojo. Las peonías rojas suelen ser las de floración más precoz.
Los tipos de flor
La clasificación que usan los viveros se basa en cuántos pétalos hay y en qué ha pasado con los estambres:
- Simple: una sola corona de cinco a diez pétalos alrededor de un centro de estambres amarillos bien visible. Es la más ligera y la que menos se vence con la lluvia.
- Japonesa: pétalos externos simples y estambres transformados en filamentos estrechos y coloreados, sin llegar a ser pétalos. Muy elegante.
- Anémona: un paso más allá de la anterior, con los estambres convertidos en pétalos cortos y estrechos que forman un cojín central.
- Semidoble: varias coronas de pétalos anchos con estambres todavía visibles entre ellos.
- Bomba: una corona externa de pétalos anchos y un centro globoso muy denso, claramente diferenciado.
- Doble: la flor entera convertida en pétalos, sin estambres a la vista. Son las más pesadas y las que más necesitan tutor.
Como norma práctica, cuanto más doble es la flor más tarde florece y más se vence con el agua. Las rojas suelen ser las más precoces, y las dobles blancas y rosas, las últimas en abrir.
Dónde plantarlas y con qué suelo
Hay que elegir bien el sitio a la primera, porque no toleran el trasplante. Una peonía movida tarda tres o cuatro años en volver a florecer como antes.
Quiere sol, pero en el interior y el sur de España conviene darle sombra a partir del mediodía: el sol de junio deshace las flores en dos días y quema los pétalos claros. En el norte y en zonas de montaña, pleno sol sin problema.
El suelo debe ser profundo, fértil y con buen drenaje. Tolera la caliza y el pH alcalino, así que la mayoría de los suelos del este y el sur peninsular le sirven. Lo que la mata es el encharcamiento invernal, que pudre el rizoma. En terrenos arcillosos y pesados hay que plantar en zona elevada o mejorar el drenaje con arena gruesa y materia orgánica antes de plantar.
Y necesita frío en invierno. Es una planta de clima continental que requiere un periodo de reposo frío para formar botones. En el litoral mediterráneo templado y en el sur de inviernos suaves, muchos cultivares crecen bien y no florecen nunca. En esas zonas hay que buscar variedades tempranas y ubicaciones frescas, o pasarse directamente a las peonías de origen mediterráneo.
La plantación paso a paso
El momento es el otoño, de septiembre a noviembre, cuando la planta está entrando en reposo y hay tiempo para que las raíces se instalen antes de la brotación de febrero.
Se prepara un hoyo amplio, de unos cuarenta centímetros en profundidad y anchura, y se rellena con la tierra del sitio mezclada con compost bien hecho. Nunca se pone estiércol fresco en contacto con el rizoma.
Se coloca el rizoma en horizontal, con las yemas rojizas mirando hacia arriba y a tres o cinco centímetros de la superficie. En zonas de inviernos suaves, mejor tirando a tres; en zonas frías, hacia cinco. Se cubre, se compacta suavemente y se riega bien para asentar la tierra.
Se dejan entre setenta centímetros y un metro entre plantas: necesitan aire alrededor y esa distancia es lo que evita muchos problemas de hongos.
El año a año
El riego debe ser regular durante la primavera y la formación de las flores, y más contenido después. Un par de riegos abundantes por semana bastan en la mayoría de las situaciones, mejor que riegos diarios cortos. No se moja el follaje: es la puerta de entrada de la botritis.
Se abona a la salida del invierno con un fertilizante bajo en nitrógeno y con potasio, o con compost extendido en superficie. El exceso de nitrógeno da tallos largos, blandos y sin flor.
Los tallos alcanzan entre setenta centímetros y algo más de un metro, y las variedades dobles se vencen con el peso de la flor y con la primera tormenta. El tutorado hay que ponerlo en abril, cuando la mata todavía es baja, usando aros o un tutor circular que la planta acabe ocultando. Colocarlo cuando ya se ha desplomado no sirve de nada.
Las flores marchitas se cortan para que la planta no forme semilla. El follaje, en cambio, se deja hasta que amarillea en otoño: mientras esté verde está alimentando el rizoma para el año siguiente.
Cuando se seca, se corta a ras de suelo y se retira. Conviene sacarlo del jardín en lugar de dejarlo alrededor, porque es donde inverna la botritis. Y no se quema: la Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular prohíbe con carácter general la quema de restos vegetales generados en el entorno agrario y forestal, salvo autorizaciones concretas.
Hormigas, botritis y otras dudas
Las hormigas sobre los botones no hacen daño y no son necesarias para que la flor abra, al contrario de lo que se repite. Acuden al néctar azucarado que segregan los sépalos y se van cuando la flor se abre. No hay que hacer nada.
La botritis sí es un problema real: brotes nuevos que se ennegrecen y colapsan en primavera, botones que se secan sin abrir, moho gris en la base de los tallos con tiempo húmedo. Se previene con espacio entre plantas, riego al suelo y no al follaje, y limpieza a fondo del material seco en otoño.
La división se hace en otoño y no antes de los tres o cuatro años de la plantación. Se levanta la mata, se lava para ver la estructura y se corta el rizoma en trozos que tengan cada uno de tres a cinco yemas y raíces suficientes. Trozos más pequeños arraigan pero tardan años en florecer.
Para flor cortada, el momento exacto es cuando el botón está coloreado y cede al apretarlo con los dedos, blando como una nube. Se corta dejando al menos tres hojas en el tallo y no se cortan más de la mitad de los botones de la mata.
Las peonías silvestres españolas
España tiene peonías propias y son plantas magníficas, de flor simple rosa intenso o magenta, que florecen en abril y mayo en encinares, quejigares y pastos de montaña. Entre ellas Paeonia broteri, endemismo ibérico repartido por buena parte del centro y el sur; Paeonia coriacea, de las montañas del sureste; Paeonia officinalis subsp. microcarpa, y la balear Paeonia cambessedesii, un endemismo de área muy reducida que está protegido.
Todas se ven cada primavera y ninguna se arranca. Son plantas de crecimiento lentísimo, sus poblaciones son limitadas y un rizoma extraído del monte no prospera en un jardín. Si interesa el tipo de flor, hay peonías de origen mediterráneo en cultivo, adaptadas a inviernos menos fríos y a veranos secos, que funcionan mucho mejor en el sur que los cultivares de Paeonia lactiflora.
En resumen
La peonía herbácea se planta en otoño, en suelo profundo y drenado, con las yemas a tres o cinco centímetros de la superficie y no más hondo, y se deja quieta: no soporta trasplantes y tarda años en recuperarse de uno. Necesita frío invernal para florecer y sombra en las horas centrales del día en el sur y el interior.
El mantenimiento anual se reduce a abonar poco y sin nitrógeno a final de invierno, poner el tutor en abril antes de que la mata crezca, regar al suelo sin mojar hojas, dejar el follaje hasta que amarillee y retirarlo del jardín en otoño. Las hormigas de los botones no hacen nada, la botritis sí. Y las peonías silvestres ibéricas se fotografían, no se arrancan.