La peonía arbórea es un arbusto leñoso que no desaparece en invierno: pierde la hoja pero conserva las ramas, y sobre ellas brota cada primavera. Esa es la diferencia esencial con la peonía herbácea, que se seca hasta el suelo cada otoño y rebrota desde el rizoma. De ella salen flores enormes, de doce a veinticinco centímetros de diámetro, sobre ramas delgadas y follaje azulado muy dividido.

En España se cultiva bien, pero con dos condiciones que conviene tener claras antes de comprar: necesita frío invernal para florecer y necesita protección del sol y del viento seco en verano. Sin lo primero no florece; sin lo segundo se quema. En Granada, en los Jardines Altos del Generalife, llevan décadas cultivándolas con esa fórmula: sol de primavera y sombra alta de arbolado en verano.

La peonía Hillary, un híbrido Itoh, producto del cruzamiento entre variedades leñosas y vivaces. Foto: Mille dOrazio

Qué se vende bajo ese nombre

La mayoría de las peonías arbóreas de jardín pertenecen al grupo Paeonia × suffruticosa, un conjunto de cultivares de origen híbrido seleccionados en China durante siglos. Son las de flores dobles y semidobles enormes en blancos, rosas, rojos, granates y púrpuras, con un mechón de estambres amarillos en el centro.

La Paeonia rockii se reconoce por una mancha oscura, casi negra, en la base de cada pétalo. Suele ser más rústica y perfumada.

Las especies amarillas, Paeonia ludlowii y Paeonia delavayi, son arbustos más grandes y menos florales, de flor simple, pero con un follaje magnífico y mucha más resistencia general.

Los híbridos Itoh o interseccionales son otra cosa. Nacieron a finales de los años cuarenta del cruce entre peonía leñosa y herbácea logrado por el viverista japonés Toichi Itoh. Se comportan como herbáceas, es decir, pierden toda la parte aérea en invierno y rebrotan desde el suelo, pero conservan el follaje azulado finamente dividido y las flores grandes de las arbóreas. Son vigorosos, muy rústicos, no necesitan tutor y florecen abundantemente. Para quien empieza son la opción más segura.

Casi todas son injertadas, y eso cambia la plantación

Las peonías arbóreas que se venden en España están casi siempre injertadas sobre raíz de peonía herbácea, porque enraizarlas de otro modo es lento y caro. El patrón se adapta bien a suelos pobres y calizos, lo cual va a favor en la mitad este y sur del país.

El problema es que ese patrón herbáceo tiende a agotarse o a emitir brotes propios, así que hay una regla de plantación que casi nadie aplica y que marca la diferencia: el punto de injerto se entierra entre diez y quince centímetros por debajo de la superficie. Así la parte leñosa emite sus propias raíces con los años y la planta acaba independizándose del patrón.

Si durante las primeras temporadas aparecen brotes con hojas distintas, más anchas y de aspecto herbáceo, surgiendo del pie, hay que eliminarlos de raíz: son del patrón y acabarán ahogando a la variedad.

El hoyo se hace amplio y profundo, de al menos cincuenta centímetros en las dos dimensiones, y se rellena con la tierra del sitio mejorada con compost bien hecho. La época ideal de plantación es el otoño, de octubre a diciembre. Los ejemplares en contenedor admiten todo el año, aunque plantar en primavera obliga a regar todo el primer verano.

Emplazamiento, suelo y riego

Necesita suelo profundo, fértil y sobre todo bien drenado. Tolera bien la caliza y el pH ligeramente alcalino, que es lo habitual en gran parte de España. Lo que no tolera es el encharcamiento invernal: el agua parada en el cuello pudre la planta. En terrenos arcillosos y compactos hay que plantar en caballón o mejorar el drenaje antes.

La exposición ideal en clima mediterráneo es sol de mañana y sombra a partir del mediodía, o sombra ligera de arbolado alto. En el norte y en zonas de montaña admite pleno sol. Hay que evitar los pasillos de viento seco, que deshidratan flores y follaje en pocas horas.

Las flores duran poco, entre una y dos semanas por planta, y aguantan mucho menos si les da sol fuerte de tarde. Un emplazamiento fresco alarga la floración de forma apreciable.

El riego debe ser regular pero moderado, sin excesos. Una vez establecida, y hablamos de tres o cuatro años, resiste bastante bien la sequía. Conviene mantener un acolchado orgánico alrededor del pie, que conserva humedad, mantiene la raíz fresca en verano y evita la costra dura del suelo.

El frío que necesita y el calor que le sobra

Las peonías arbóreas soportan inviernos muy fríos, mucho más de lo que se da en casi toda España. El problema aquí es el contrario: en el litoral mediterráneo templado y en zonas del sur sin inviernos definidos, la falta de horas de frío hace que la floración sea escasa o nula. La planta vive, crece y no florece.

El riesgo real de daño no es el frío sino las heladas tardías. Brotan pronto, y una helada de marzo o abril quema el follaje nuevo y arrasa los botones ya formados. En zonas de heladas tardías frecuentes conviene plantarlas a resguardo de un muro orientado al este o al norte, para que broten un poco más tarde, y cubrirlas con velo de invernada cuando se anuncia una noche de riesgo.

Poda, abonado y paciencia

La poda es mínima y ese es un punto donde se estropean muchas plantas. A final de invierno se retira solo la madera seca, las ramas rotas y los ramillos débiles. No se recorta la planta para darle forma ni se acortan las ramas sanas: las yemas florales del año están precisamente en la madera del año anterior.

Las flores marchitas se cortan en verano por encima del primer brote nuevo, para que la planta no gaste en formar semilla.

El abonado se hace con materia orgánica bien descompuesta en otoño, extendida en superficie alrededor del pie, y un fertilizante equilibrado a la salida del invierno. Nada de abonos ricos en nitrógeno, que dan hoja y no flor.

Y hace falta paciencia. Son plantas de crecimiento muy lento que tardan entre cinco y diez años en alcanzar su porte definitivo, entre metro y medio y dos metros y medio. Los tres primeros años dan pocas flores o ninguna, y eso es normal. A cambio, una peonía arbórea bien situada dura décadas y no hay que tocarla: detesta los trasplantes.

Toxicidad

Las peonías, tanto arbóreas como herbáceas, son tóxicas por ingestión y lo son todas sus partes, especialmente las raíces. Provocan trastornos digestivos en personas y en animales domésticos. No se comen ni se emplean en infusiones, por mucho que aparezcan en listados de plantas medicinales tradicionales, y conviene tenerlo en cuenta si hay perros con costumbre de escarbar. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.

En resumen

La peonía arbórea es un arbusto leñoso de crecimiento muy lento y vida larguísima que da las flores más grandes que se pueden tener en un jardín. Se planta en otoño, en suelo profundo y drenado, tolerando bien la caliza, y con el punto de injerto enterrado de diez a quince centímetros para que emita raíces propias.

En clima mediterráneo quiere sol de mañana y sombra en las horas centrales, riego moderado, acolchado y protección frente a heladas tardías. La poda se limita a retirar madera seca, porque las flores salen de la madera vieja. Si el jardín está en zona de inviernos suaves y la floración es pobre año tras año, la respuesta suele ser un híbrido Itoh, más adaptable y más fácil.


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