Un nenúfar no es una planta flotante. Esa es la confusión que más estanques domésticos arruina. El rizoma va plantado en tierra dentro de un cesto en el fondo, a una profundidad concreta que depende de la variedad, y desde ahí emite pecíolos largos que llevan las hojas hasta la superficie. Si se echa al agua sin más, se hunde y se pudre.
Con esa idea clara, los nenúfares rústicos son de las plantas más agradecidas que se pueden tener. Florecen de mayo a septiembre, no se comen las plagas, apenas necesitan mantenimiento y, de propina, la sombra de sus hojas frena el algas verde que enturbia el agua en verano.
Las flores rosa intenso con estambres oscuros del nenúfar tropical nocturno Red Flare se abren al atardecer. Foto: Tomás Escribano
Rústicos y tropicales: la primera decisión
Los nenúfares rústicos resisten el invierno al aire libre y son los que interesan a casi todo el mundo en España. Se reconocen porque sus flores flotan sobre el agua o quedan apenas por encima, sus hojas son gruesas y coriáceas con el borde liso, y su órgano subterráneo es un rizoma horizontal. Su gama de color va del blanco al amarillo, rosa, rojo y cobre, pero nunca hay azules ni violetas entre los rústicos clásicos. Todos abren de día.
Los tropicales no soportan el frío. Sus flores se sostienen sobre tallos varios centímetros por encima de la lámina de agua, las hojas son más finas y con el borde ondulado o dentado, y forman tubérculos en lugar de rizomas. Aquí sí aparecen los azules y los violetas, y algunos son nocturnos: abren al atardecer y se cierran a media mañana.
En el litoral mediterráneo, el sur y Canarias se pueden cultivar tropicales en el estanque durante el verano. En el interior peninsular hay que sacarlos y guardar el tubérculo a cubierto, o tratarlos directamente como planta de temporada. Los rústicos, en cambio, pasan el invierno en el estanque sin problema en casi toda España, siempre que el hielo no llegue a la profundidad del rizoma, algo que solo ocurre en zonas de montaña.
Elegir el tamaño, no el color
El error más común después de plantarlos flotando es comprar una variedad vigorosa para un estanque de dos metros cuadrados. En dos temporadas cubre toda la superficie, tapa el agua por completo y hay que arrancarla. Los nenúfares se clasifican por vigor y cada categoría pide su profundidad:
- Enanos y pequeños: cubren menos de medio metro cuadrado. Van a 15 o 25 centímetros de agua sobre la corona. Sirven para barreños, tinajas y estanques de patio.
- Medianos: entre uno y dos metros cuadrados de hoja, a 30 o 50 centímetros de profundidad. Es la categoría más útil para un estanque doméstico normal.
- Vigorosos: más de dos o tres metros cuadrados, a 60 centímetros o un metro. Solo para estanques grandes.
La regla de oro es que las hojas no cubran más de la mitad o dos tercios de la superficie del agua. Por encima de eso el estanque se queda sin oxígeno superficial y sin luz para el resto.
Cómo se planta
Se usa un cesto de plantación acuática, ancho y bajo, no una maceta alta: el rizoma crece en horizontal. El sustrato debe ser tierra pesada, arcillosa, de jardín o específica para plantas acuáticas. Nada de turba ni de sustrato universal, que flotan y enturbian el agua durante semanas, ni de compost fresco, que se descompone y consume oxígeno.
El rizoma se coloca inclinado, con el extremo cortado hacia el borde del cesto y la yema de crecimiento hacia el centro, y se cubre de forma que la corona quede al descubierto: si se entierra el punto de crecimiento, se pudre. Encima, dos o tres centímetros de grava gruesa para sujetar la tierra y evitar que los peces la remuevan.
El cesto se baja al estanque en dos etapas si la variedad es de las profundas. Primero se apoya sobre ladrillos a poca profundidad para que las hojas alcancen la superficie sin esfuerzo, y a medida que crecen los pecíolos se va bajando hasta su nivel definitivo. Bajarlo del tirón agota la planta.
El momento de plantar es la primavera, de marzo a mayo, cuando el agua empieza a templarse y arranca el crecimiento.
Sol, agua quieta y abono
Tres condiciones y ninguna es negociable. La primera, sol directo: al menos cinco o seis horas al día. Un nenúfar en sombra da hojas grandes y ninguna flor.
La segunda, agua quieta. No toleran las salpicaduras ni la corriente. Un surtidor o una cascada que caiga cerca hace que las hojas se mojen y se pudran. Si el estanque tiene fuente, el nenúfar va en el extremo opuesto.
La tercera, abonado. Es el punto que más se olvida. Un nenúfar en un cesto agota la tierra en una temporada y deja de florecer. Se abona con pastillas o conos de liberación lenta específicos para plantas acuáticas, que se clavan en el sustrato del cesto cada seis u ocho semanas de abril a agosto. No se echa nunca abono suelto al agua: alimenta las algas y nada más.
Mantenimiento a lo largo del año
Durante la temporada, el trabajo consiste en cortar las hojas amarillas y las flores marchitas por la base del pecíolo, con la mano o con tijeras largas, y sacarlas del agua. Materia vegetal descomponiéndose en el fondo significa agua turbia y consumo de oxígeno.
En otoño el follaje se retira por completo cuando amarillea. El rizoma queda en el fondo, donde el agua es más templada, y rebrota en primavera. Si el estanque es muy somero y en la zona hiela con fuerza, se baja el cesto al punto más profundo durante el invierno.
Cada tres o cuatro años toca dividir: se saca el cesto en primavera, se corta el rizoma en trozos que tengan cada uno un punto de crecimiento y algunas raíces, y se replantan. Sin división, la mata envejece por el centro y florece cada vez menos.
De plagas, poco: pulgón negro en los pecíolos y las hojas, que se resuelve con un chorro de manguera que los tire al agua, donde los peces se encargan. Si hay peces o anfibios en el estanque, ningún insecticida.
Los nenúfares de aquí y lo que no se puede soltar
España tiene dos ninfeáceas silvestres: el nenúfar blanco (Nymphaea alba), de flores blancas y estambres amarillos, escaso y localizado, y el nenúfar amarillo (Nuphar lutea), de flor pequeña y globosa. Ambos están en regresión por la desecación de humedales y varias comunidades autónomas los tienen catalogados. No se recogen del medio natural.
Y hay una regla que conviene tomarse en serio: nunca se vacía un estanque ni se tiran restos de plantas acuáticas a un río, una acequia o una charca. El jacinto de agua o camalote (Eichhornia crassipes), que figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, ha colapsado tramos enteros del Guadiana y su control cuesta millones de euros al año. Empezó como planta ornamental de estanque. Los restos vegetales sobrantes se compostan en seco, lejos del agua.
En resumen
Los nenúfares rústicos son la elección para casi cualquier estanque español: pasan el invierno fuera, florecen de mayo a septiembre y sus flores flotan sobre el agua. Los tropicales aportan azules, violetas y flores nocturnas, pero hay que sacarlos del agua antes del frío salvo en el litoral más cálido.
Se plantan en cesto ancho con tierra pesada, dejando la corona del rizoma descubierta, y se hunden a la profundidad que corresponda al vigor de la variedad, que hay que mirar antes de comprar. Necesitan sol directo, agua completamente quieta y abono en pastilla cada seis u ocho semanas en temporada. Se dividen cada tres o cuatro años. Y nada de lo que salga de un estanque acaba nunca en un cauce natural.