El verano español castiga a las plantas de flor por dos vías a la vez: temperaturas altas sostenidas y agua de riego dura y calcárea. Muchas especies que en catálogo figuran como de pleno sol se paran en julio, se quedan cloróticas o pillan oídio. Las que aguantan de verdad de junio a octubre son unas cuantas y merece la pena conocerlas por nombre botánico, no solo por el color de la etiqueta.
La otra clave es el agua. En buena parte del este y el sur peninsular el agua del grifo es muy calcárea y sube el pH del sustrato, y ahí varios de los grandes clásicos de la jardinera de verano se vuelven amarillos por bloqueo del hierro. Eso no se arregla regando más.
La petchoa (petunia-calibrachoa) Cherry luce un intenso color rojo cereza. Produce una abundante e incesante floración, que puede prolongarse hasta bien entrado el otoño.
Petunias, calibrachoas y petchoas
Las calibrachoas dan flores pequeñas y muy numerosas y un porte colgante perfecto para jardinera de balcón. Las petunias tienen la flor grande y el follaje algo pegajoso. Las petchoas son híbridos intergenéricos entre ambas (Petunia × Calibrachoa): flor de tamaño intermedio a grande, sin la pegajosidad de la petunia y con más resistencia al oídio que la mayoría de las petunias antiguas.
Las tres comparten el mismo talón de Aquiles: son plantas de suelo ácido. Con agua calcárea y sustrato de pH alto entran en clorosis férrica, es decir, hojas amarillas con los nervios todavía verdes, empezando por los brotes nuevos. La solución no es abonar más nitrógeno sino corregir el hierro con un quelato de hierro (el EDDHA es el que funciona en suelos básicos) y usar un sustrato con turba rubia, que es ácida.
Piden pleno sol, riego frecuente sin encharcar y abonado regular. En una jardinera al sol en Valencia o Murcia en agosto eso significa regar a diario, a veces dos veces. Si se secan de golpe pierden todas las flores abiertas y tardan diez días en recuperarse. Sobre las diferencias entre unas y otras hay más detalle en calibrachoas y surfinias, las otras petunias.
Angelonia, la que menos agua pide
La Angelonia angustifolia, originaria de México y el Caribe, produce espigas erectas de florecillas azul violeta, púrpura, rosa o blancas que recuerdan vagamente a las de una orquídea. Forma matas ramificadas de cuarenta a sesenta centímetros y florece sin parar durante los meses de más calor.
Su gran virtud es que, una vez establecida, tolera la sequía mejor que casi cualquier otra planta de flor de temporada. Prefiere que el sustrato se seque entre riegos, al revés que las petunias. Eso la hace especialmente adecuada para jardineras que no se pueden regar todos los días o para parterres con riego por goteo espaciado.
Es una vivaz de zonas cálidas que en España se comporta como anual salvo en el litoral libre de heladas. Admite plantación tardía: se puede poner a mediados de julio y agarra. No hace falta quitarle las flores marchitas, pero recortar las espigas agotadas provoca rebrote y una mata más compacta.
Zinnias: las que no cogen oídio
La zinnia clásica de jardín (Zinnia elegans) es una anual estupenda para flor cortada, pero en veranos húmedos o con riego por aspersión se llena de oídio. Los híbridos de porte bajo desarrollados a partir de Zinnia angustifolia, que se venden en series de flor simple o semidoble en rojos, rosas, naranjas, albaricoque, blanco y amarillo, tienen una resistencia al oídio muy superior y aguantan mucho mejor el calor fuerte.
Forman matas compactas de treinta a cuarenta y cinco centímetros, florecen de mayo a octubre y se siembran directamente o se plantan de plantel. Quieren pleno sol sin discusión: en semisombra se ahílan y florecen poco. La única regla estricta es no mojar el follaje al regar, y regar por la mañana.
Son además una de las mejores plantas de temporada para atraer mariposas y abejas al jardín o a la terraza, cosa que no se puede decir de muchas flores dobles modernas.
Allamanda, con una advertencia
La Allamanda cathartica es un arbusto trepador brasileño de flores amarillas en trompeta, de la familia de las apocináceas, la misma de la adelfa y la dipladenia. Crece rápido, alcanza un par de metros sobre soporte, tolera el viento y el ambiente marino y florece todo el verano con sol y calor. En el litoral libre de heladas vive en el jardín; en el resto se cultiva en maceta y se entra en invierno.
Ahora la advertencia, que en el original quedaba en un chiste sobre su nombre: toda la planta es tóxica por ingestión y su látex blanco irrita la piel y los ojos. El epíteto cathartica alude precisamente a su efecto purgante. No es planta para un patio donde jueguen niños pequeños o donde haya animales que muerdan la vegetación, y conviene usar guantes al podarla. Ante una ingestión, la consulta es al médico o al veterinario, no a un remedio casero.
La misma precaución vale para la vinca de Madagascar (Catharanthus roseus), otra excelente planta de verano para pleno sol y calor extremo, que contiene alcaloides tóxicos en toda la planta.
Otras que aguantan el verano peninsular
- Portulaca (Portulaca grandiflora). Suculenta anual de flores sedosas muy vivas que se abren con el sol. Aguanta calor extremo, suelo pobre y sequía. Ideal para rocalla y macetas en pleno sol.
- Gazania (Gazania rigens). Roseta baja de flores rayadas, muy resistente al sol, la sal y el suelo pobre. Se naturaliza con facilidad en el litoral, así que en jardines costeros conviene controlar su expansión.
- Gaura (Oenothera lindheimeri, antes Gaura lindheimeri). Vivaz de aspecto ligero, con varas altas de flores blancas o rosadas que se mueven con el aire. Muy resistente a la sequía y de floración larguísima.
- Verbena (Verbena híbridas y Verbena bonariensis). Las rastreras para jardinera, la bonariensis como planta alta y transparente para parterre. Ambas atraen mariposas.
- Salvias arbustivas (Salvia microphylla, Salvia greggii). Perennes de flor continua de mayo a noviembre, aguantan sequía y suelo calizo, y con una poda a final de invierno duran años.
- Lantana (Lantana camara). Florece sin parar con calor y sequía, pero conviene saber dos cosas: sus frutos verdes son tóxicos por ingestión, y en Canarias y en el litoral cálido se comporta como invasora, escapando de los jardines y desplazando a la vegetación autóctona. En esas zonas es mejor buscar alternativa.
Cómo plantar para que lleguen a octubre
La plantación se hace de abril a junio, y en el sur mejor pronto, para que las raíces se instalen antes de que aprieten los cuarenta grados. Un cepellón plantado en pleno julio depende del riego diario durante semanas.
En jardinera, el tamaño del recipiente es la variable que más se subestima. Una maceta de veinte centímetros al sol de agosto se seca en horas y la planta vive en estrés permanente. Contenedores grandes, profundos, de material poco conductor y agrupados entre sí retienen mucho mejor la humedad. La grava o corteza sobre la superficie reduce bastante la evaporación.
Se riega en profundidad y por la mañana, no en riegos cortos y frecuentes que solo mojan la superficie y fomentan raíces someras. El abonado, para plantas de temporada en maceta, es prácticamente obligatorio: un fertilizante equilibrado para plantas de flor cada quince días desde que arranca la floración, o abono de liberación lenta al plantar.
Y la clave de que la floración llegue a octubre está en pinzar. Recortar las matas cuando empiezan a estirarse y perder densidad, hacia finales de julio, cuesta diez días de flores y devuelve dos meses más de floración compacta.
En resumen
Para pleno sol y calor fuerte en España funcionan las petunias, calibrachoas y petchoas si se corrige la clorosis con quelato de hierro y se riega a diario; la angelonia si se busca justo lo contrario, una planta que aguante la sequía; y las zinnias híbridas de porte bajo por su resistencia al oídio y su atractivo para los polinizadores. Portulaca, gazania, gaura, verbena y salvias arbustivas completan una paleta que cubre el verano entero.
Dos cautelas que no son menores. La allamanda y la vinca de Madagascar son tóxicas por ingestión, y la allamanda además irrita la piel con su látex; no son plantas para un patio con niños pequeños o animales. Y la lantana, magnífica en jardinera, se comporta como invasora en Canarias y en el litoral cálido, donde conviene sustituirla.