El papiro es una de las pocas plantas ornamentales que no hay que preocuparse de regar demasiado: vive con la maceta metida en el agua. Es una ciperácea de ribera, y esa condición determina todo lo demás. En un estanque, en una jardinera estanca o en un cubo con agua funciona sin más cuidados; en tierra de jardín con riego normal se seca y se estropea.
Bajo el nombre de papiro se venden varias especies distintas, y elegir mal es la causa habitual de decepción. El papiro de Egipto verdadero es una planta enorme para un estanque grande. Lo que casi todo el mundo tiene en casa es otra cosa, más pequeña y más manejable.
Matas de Cyperus papyrus formando una pantalla tan densa como ligera junto a una piscina.
Qué papiro es cada uno
El papiro de Egipto (Cyperus papyrus) es el grande. Tallos de sección triangular, lisos y sin hojas verdaderas, rematados por una umbela de rayos filiformes que forman una esfera despeinada. En cultivo en España alcanza sin dificultad dos o tres metros en un estanque soleado. Es el que da esas pantallas verdes ligeras que se ven junto a láminas de agua.
El Cyperus prolifer es su versión reducida, entre sesenta centímetros y un metro, con la umbela mucho más densa y compacta. Se vende a menudo con el nombre incorrecto de Cyperus papyrus 'Nanus'. Es la mejor opción para una jardinera pequeña o un estanque de patio.
El Cyperus haspan, de unos setenta centímetros y verde algo amarillento, es igualmente adecuado para masas bajas y macetas.
La planta paraguas (Cyperus involucratus), que en la mayoría de los viveros sigue etiquetada como Cyperus alternifolius, es la más común como planta de interior. Se distingue enseguida porque su penacho no está formado por rayos finos sino por brácteas anchas y planas dispuestas en radio, igual que las varillas de un paraguas. Ronda el metro o metro y medio, y hay cultivares más bajos y alguno con hojas listadas de blanco.
Cultivo en el jardín
La ubicación ideal es dentro del agua, con la maceta sumergida de forma que el nivel quede unos centímetros por encima del sustrato, o en un suelo permanentemente encharcado en el borde de un estanque. También vive en tierra si se mantiene siempre húmeda, pero pierde vigor y altura.
Quiere sol o sombra luminosa. A pleno sol crece más y da tallos más gruesos; en semisombra queda más fino y menos denso. Lo que no soporta es el viento fuerte: los tallos son largos y huecos y se doblan o se parten, y una vez partidos no se recuperan, hay que cortarlos.
El sustrato debe ser pesado y rico, tipo tierra de jardín arcillosa mezclada con compost, nunca sustrato ligero de turba, que flota y enturbia el agua. Se cubre la superficie con grava para que la tierra no se disperse. Los recipientes de terracota o los cestos de plantación específicos para estanque funcionan bien.
Ese cesto tiene otra función importante: contener el rizoma. El papiro se extiende con vigor y en unos años puede colonizar todo el borde de un estanque. Plantarlo directamente en el fondo de tierra es garantizarse una limpieza laboriosa más adelante.
El frío es el límite
Todos estos Cyperus son de origen africano y ninguno es resistente al invierno continental. La parte aérea se destruye con las primeras heladas. Si el rizoma está sumergido y la lámina de agua no se hiela en profundidad, en el litoral mediterráneo y en el sur puede rebrotar en primavera; en el interior peninsular, con heladas repetidas, no.
La solución práctica es cultivarlo en maceta y entrarlo. En cuanto las mínimas empiezan a rondar los diez grados se lleva a un invernadero, un porche acristalado o una habitación muy luminosa, siempre con el plato lleno de agua. En primavera vuelve fuera cuando ha pasado el riesgo de helada.
Dentro de casa
La planta paraguas es la que mejor se adapta al interior, y es prácticamente indestructible con una condición: que nunca le falte agua. Se coloca la maceta sobre un plato hondo o dentro de un cachepot y se mantiene con agua permanente. Es de las poquísimas plantas de interior donde el plato lleno no es un error sino la forma correcta de regarla.
Necesita mucha luz, cerca de una ventana pero sin sol directo abrasador de mediodía en verano. La temperatura de una casa le va bien todo el año. En invierno, con calefacción, el aire seco le hace secarse las puntas de las brácteas; ayuda agrupar plantas y mantener la humedad, aunque nada compensa mejor que el agua en la base.
Se multiplica con facilidad. Lo habitual es dividir el rizoma en primavera, en abril o mayo, separando trozos con varios tallos. Pero hay un método más entretenido y propio de esta especie: se corta un tallo con su penacho, se recortan las brácteas a la mitad y se pone la umbela boca abajo en un vaso con agua. En unas semanas emite raíces y una planta nueva desde el centro.
Mantenimiento y problemas
El mantenimiento se reduce a cortar a ras los tallos secos, amarillos o partidos, y a aclarar el interior de las matas cuando se cierran demasiado. En el jardín el mejor momento es el final del invierno; en interior, cuando haga falta.
Cada dos o tres años conviene dividir la mata, porque el centro tiende a envejecer y a quedarse pelado mientras crece por fuera. La división rejuvenece la planta y da material de sobra para más macetas.
Problemas sanitarios tiene pocos. En interior, con aire muy seco, puede aparecer araña roja en la base de las brácteas. En el agua estancada de un plato pueden criar larvas de mosquito en verano: renovar el agua con frecuencia lo resuelve.
Cuidado con dejarlo suelto
Una advertencia que rara vez se hace. La planta paraguas (Cyperus involucratus) se comporta como colonizadora agresiva en climas suaves: rebrota de fragmentos de rizoma, produce semilla viable y se ha naturalizado en cauces, acequias y zonas húmedas del sur peninsular y de Canarias, donde desplaza a la vegetación de ribera propia.
Eso significa dos cosas muy concretas. Que no se tira nunca una mata sobrante ni restos de división a un arroyo, una acequia o un descampado húmedo; se compostan en seco o van a la fracción vegetal de residuos. Y que si el jardín está junto a un cauce, mejor cultivarla siempre en recipiente cerrado y no en el borde del agua.
Un apunte sobre el papel y sobre la chufa
El papiro egipcio dio nombre al soporte de escritura que usaron egipcios, griegos y romanos, fabricado con la médula del tallo cortada en tiras finas, dispuesta en dos capas cruzadas y prensada. No es papel en sentido técnico, porque no hay pasta ni fibras desagregadas, sino un laminado.
El género Cyperus tiene además un pariente muy español: la chufa (Cyperus esculentus), cultivada en la huerta de Valencia por sus tubérculos, con los que se hace la horchata. Y también el peor de la familia, el castañuela o juncia (Cyperus rotundus), una de las malas hierbas más difíciles de erradicar del mundo, porque cada trozo de rizoma que queda en el suelo rebrota.
En resumen
El papiro se cultiva con los pies en el agua, y esa es toda la técnica. Para un estanque grande, Cyperus papyrus; para una jardinera o un patio, Cyperus prolifer o Cyperus haspan; para dentro de casa, la planta paraguas (Cyperus involucratus) con el plato siempre lleno y mucha luz indirecta.
Ninguno resiste las heladas del interior peninsular, así que en esas zonas se cultivan en maceta para entrarlos en invierno. Se plantan en cesto para contener el rizoma, se dividen cada dos o tres años y se limpian de tallos secos a final de invierno. Y los restos de poda o división de la planta paraguas nunca acaban en un cauce: en clima suave se naturaliza con facilidad y desplaza a la vegetación de ribera.