El olivo más antiguo datado de España está en Ulldecona, en la comarca del Montsià (Tarragona), y se llama Farga del Arión. Un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid lo situó en 2015 en el año 314, lo que le da algo más de diecisiete siglos. No es un tronco seco de museo: sigue dando aceituna cada campaña.

Está en la finca El Arión, junto al trazado de la Via Augusta, dentro de un conjunto de olivar monumental que reúne más de un millar de ejemplares milenarios en el término municipal. La mayoría pertenecen a la variedad Farga, la propia del Bajo Maestrazgo y las tierras del Sénia, y esa es buena parte de la explicación de por qué han llegado hasta aquí.

El sinuoso tronco de 1.707 años de la Farga del Arión, el olivo más antiguo datado. Tiene un radio máximo de 187,71 centímetros. Foto: Mancomunitat Taula del Sénia / Santi Martorell.

Por qué un olivo puede vivir tanto

Un roble o un haya sostienen un tronco único que, si se pudre por dentro, acaba llevándose el árbol entero. El olivo funciona de otra manera. El Olea europaea tiene una capacidad de rebrote desde la base que casi ningún árbol mediterráneo iguala: de la cepa, esa masa leñosa engrosada que forma al pie, salen chupones que pueden sustituir al tronco viejo cuando este se ahueca o se parte.

Por eso los troncos milenarios tienen ese aspecto de escultura retorcida y hueca. Lo que se ve no es un cilindro macizo de madera de mil setecientos años, sino un conjunto de costillas y pliegues que han ido creciendo, muriendo y volviendo a crecer alrededor de un vacío central. El árbol es viejo; la madera que lo forma, en gran parte, mucho menos.

A eso se suma una madera densa, muy resistente a la pudrición, y una tolerancia a la sequía difícil de igualar. Un olivo adulto sobrevive a veranos que matarían a casi cualquier frutal, cierra estomas, para el crecimiento, tira parte del fruto y espera. La contrapartida es que crece despacio, y ese ritmo lento también alarga la vida.

La variedad Farga

La Farga es una variedad de porte grande, vigorosa y rústica, adaptada a los suelos pedregosos y calizos del Maestrazgo y del bajo Ebro. Da un árbol de copa amplia, muy longevo, con una entrada en producción lenta y una vecería marcada: alterna cosechas buenas y flojas con bastante claridad.

La aceituna es pequeña y de maduración tardía. El aceite que sale de ella es de los que interesan a quien busca perfil aromático más que rendimiento: frutados suaves, con recuerdos de almendra y manzana, amargor y picante contenidos. No es una variedad para plantación intensiva moderna, y precisamente por eso los olivares viejos de Farga se conservaron: nadie los arrancó para replantar en seto porque el terreno tampoco lo permitía.

Los olivares monumentales del Sénia

La Farga del Arión no es un caso aislado sino la pieza más señalada de una concentración excepcional. El territorio de la Mancomunitat Taula del Sénia, a caballo entre Tarragona, Castellón y Teruel, ha inventariado varios miles de olivos con más de 350 centímetros de perímetro de tronco medido a 1,30 metros del suelo, que es el umbral que se usa habitualmente para considerarlos milenarios.

El dato importante no es la cifra sino lo que significa: se trata de olivares en producción, no de árboles aislados en una rotonda. Se siguen podando, se siguen recolectando y el aceite que dan se comercializa como producto diferenciado. Ese es el mecanismo real de conservación. Un olivo monumental que deja de tener valor agrícola acaba abandonado, invadido de rebrotes, o directamente arrancado y vendido como pieza de jardinería, que fue lo que se llevó a miles de ejemplares en las décadas del boom inmobiliario.

Hay museos al aire libre en Ulldecona y La Jana y varios itinerarios señalizados entre parcelas. Conviene recordar que casi todos discurren por fincas privadas en explotación: se camina por los caminos, no entre los árboles, y no se recoge aceituna.

La protección depende de la comunidad autónoma. En la Comunitat Valenciana, la Ley 4/2006, de 19 de mayo, de la Generalitat, de Patrimonio Arbóreo Monumental establece una protección genérica que alcanza de forma automática a los ejemplares que superan determinados umbrales de perímetro, altura o edad, sin necesidad de una declaración individual. Eso significa que arrancar o trasplantar uno de esos olivos requiere autorización administrativa.

En Cataluña y Aragón la figura equivalente es la declaración de árbol o arboleda monumental, que sí se tramita ejemplar a ejemplar. Antes de mover un olivo viejo de una finca, sea propia o comprada, lo prudente es preguntar en el ayuntamiento y en el departamento autonómico de medio ambiente qué régimen le aplica. La compraventa de olivos centenarios para jardín está regulada precisamente por los abusos de años atrás.

Un olivo viejo en un jardín

Se venden olivos añosos trasplantados, y funcionan bien como ejemplar aislado si se entiende lo que se está comprando. Un árbol arrancado del campo llega con un cepellón ridículo en relación con su copa, casi siempre desmochado, y necesita años para reconstruir sistema radicular. Durante ese periodo depende del riego.

Lo que pide es previsible: sol directo todo el día, suelo con drenaje real (el encharcamiento invernal es lo que más olivos mata en jardín, mucho más que el frío) y ningún miedo a la caliza, porque el olivo vive perfectamente en suelos básicos. Tolera bien la sequía una vez establecido, pero durante los tres o cuatro primeros años agradece riegos espaciados y abundantes en verano, mejor que riegos cortos y frecuentes.

El frío es el límite. El olivo aguanta heladas moderadas, pero por debajo de unos diez grados bajo cero empieza a sufrir daños serios en ramas y, si el episodio se prolonga, puede perder toda la parte aérea. En el interior peninsular con inviernos duros hay que elegir bien la ubicación, a resguardo y en pendiente, no en una vaguada donde se acumule el aire frío.

La poda de un ejemplar viejo se hace a final de invierno, antes de la brotación, y con criterio de aclareo: quitar chupones de la base, ramas cruzadas y madera seca, y dejar que entre la luz. Nada de recortes de setos ni de desmoches. Un olivo monumental se estropea muy rápido con la tijera equivocada y tarda décadas en recuperar la silueta.

La otra amenaza

Desde 2013 la bacteria Xylella fastidiosa es el problema sanitario más serio del olivar europeo, con focos declarados en Italia y presencia detectada en España. Se transmite por insectos vectores que se alimentan de la savia y no tiene tratamiento curativo: el control es de cuarentena, con zonas demarcadas, restricciones al movimiento de material vegetal y arranque de los ejemplares afectados.

Esto tiene una consecuencia práctica para cualquiera que compre un olivo, sea de jardín o de campo: hay que exigir pasaporte fitosanitario y comprobar la procedencia. Mover árboles sin control es exactamente la vía por la que la enfermedad viaja. En un olivar milenario, donde no hay reposición posible, la prevención es lo único que hay.

En resumen

La Farga del Arión es el olivo más antiguo datado de España, con una plantación situada en el año 314 por un estudio de la Universidad Politécnica de Madrid, y forma parte de un olivar monumental de más de un millar de ejemplares milenarios en Ulldecona. Su longevidad no es un milagro: es la combinación de una especie que rebrota desde la cepa, una madera muy resistente y una variedad, la Farga, adaptada a los suelos calizos y secos del territorio del Sénia.

Se conservan porque siguen produciendo aceite y porque hay una figura legal que los ampara, distinta en cada comunidad autónoma. Quien quiera un olivo viejo en su jardín debe saber que compra un árbol convaleciente que necesitará riego y paciencia, que exige suelo drenado más que suelo rico, y que el papeleo fitosanitario no es burocracia: es lo que separa a un olivar sano de un foco de Xylella.


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