Un cymbidium florece de octubre a mayo, y cada vara aguanta entre seis y doce semanas. Esa es la razón por la que sigue siendo la orquídea más rentable que se puede tener en casa: ninguna otra da tanto tiempo de flor por planta.
También es la razón por la que tantos cymbidium no vuelven a florecer nunca. La planta necesita algo que un salón español no le da: pasar el verano y el otoño fuera, en sombra, con noches claramente más frescas que los días. Sin ese salto térmico no se inician las varas, y la planta se queda en un manojo de hojas verdes que se mantiene vivo durante años sin dar una sola flor.
La cantidad de varas florales, la diversidad de colores de las flores y el tamaño de los ejemplares potencian el efecto decorativo de las cymbídiums. Las macetas deben ajustarse al tamaño del cepellón. Foto: Flower Council of Holland
Qué tipo de orquídea es
El género Cymbidium agrupa unas cincuenta especies y cientos de híbridos, nativas del Himalaya, el sur de China, Japón, el sudeste asiático y el norte de Australia. La mayoría de las que dan origen a los híbridos comerciales proceden de zonas altas y frescas, no de selvas cálidas de tierras bajas, y eso explica su temperamento.
Son orquídeas simpodiales: crecen formando pseudobulbos ovoides sucesivos, cada uno con su manojo de hojas largas y acintadas. De la base de los pseudobulbos maduros salen las varas florales. A diferencia de las Phalaenopsis, sus raíces son gruesas, carnosas y terrestres o litófitas, no aéreas, y forman un cepellón compacto. Por eso no necesitan maceta transparente y no se cultivan igual.
Las flores tienen aspecto ceroso, duran muchísimo y aparecen en toda la gama menos el azul verdadero: blancas, verdes, amarillas, naranjas, rosas, rojas, granates y pardas, muchas veces bicolores o con manchas y franjas en el labelo. Las plantas van de los 25 centímetros de los cultivares miniatura a más de un metro en los tipos estándar.
El salto térmico, lo que de verdad importa
Las varas florales se inician a finales de verano y principios de otoño, y para que eso ocurra la planta necesita percibir una diferencia clara entre la temperatura del día y la de la noche, con noches frescas, en torno a los 10 o 14 grados.
En la práctica esto significa un calendario concreto. En primavera, en cuanto ha acabado la floración y ha pasado el riesgo de heladas, el cymbidium sale al exterior: a un balcón, una terraza o el jardín, siempre en sombra luminosa y nunca a sol directo, que le quema las hojas en un solo día de julio. Ahí pasa toda la primavera, el verano y el otoño. Solo se entra en casa cuando las varas florales ya están formadas y empiezan a abrirse los primeros capullos, o antes si llegan las heladas.
Un cymbidium que pasa el verano dentro de un piso con temperatura constante de 24 grados día y noche no forma varas. Es el error único y principal, y no hay abono ni riego que lo compense.
Temperatura y frío
Toleran el frío mucho mejor que otras orquídeas, siempre por encima de cero. Aguantan puntualmente un grado bajo cero durante periodos cortos, pero no una helada de verdad.
Eso reparte España con claridad. En el litoral de Málaga y Granada, en la costa atlántica del sur, en Baleares y en Canarias se pueden cultivar en el jardín o la terraza durante todo el año. En el resto hay que entrarlos en invierno, y el sitio ideal no es el salón caldeado sino una habitación fresca y muy luminosa, una galería o un invernadero templado. Con calefacción alta, las flores duran mucho menos y los capullos pueden llegar a abortar.
Luz
Necesitan bastante más luz que una Phalaenopsis, pero siempre indirecta. Dentro de casa, la orientación sur funciona en otoño e invierno, y la este el resto del año. Fuera, bajo la copa de un árbol de sombra ligera o tras una malla de sombreo.
Las hojas dan el diagnóstico. Verde claro y firme es lo correcto. Verde muy oscuro significa falta de luz, y en ese caso no habrá flor. Amarillento o con manchas pardas, exceso de sol.
Riego
A diferencia de otras orquídeas, los cymbidium no toleran secarse por completo. El sustrato debe mantenerse fresco, sin llegar nunca a estar empapado.
El mejor método es el riego por inmersión: se sumerge la maceta en un cubo con agua durante veinte o treinta minutos, se saca y se deja escurrir por completo antes de devolverla a su sitio. Nunca debe quedar agua embalsada en el fondo de la maceta ni en el cubremacetas.
Conviene regar por la mañana, con agua a temperatura ambiente y libre de cal: agua de lluvia, de ósmosis o embotellada de mineralización muy débil. En buena parte de España el agua del grifo es dura y termina por dejar la planta con las puntas de las hojas quemadas y el sustrato apelmazado.
La frecuencia sube en primavera y verano, cuando la planta crece, forma pseudobulbos nuevos y empieza a emitir las varas: en torno a una vez por semana, según la temperatura y la sequedad del aire. A partir de septiembre se reduce la cantidad. En verano agradecen pulverizaciones sobre las hojas al atardecer.
Abonado
Durante el periodo de crecimiento, un abono equilibrado para orquídeas aplicado con el riego cada dos o tres semanas, a la dosis indicada en el envase. A finales de verano conviene pasar a un abono con menos nitrógeno y más potasio, que favorece la formación de varas en lugar de más hoja.
Mientras la planta está en flor no se abona. Y una regla general con las orquídeas: es preferible quedarse corto que pasarse, porque el exceso de sales quema las raíces.
Varas florales
Las varas de los cultivares estándar son altas y pesan mucho cuando se cargan de flores, así que hay que entutorarlas pronto, cuando todavía están creciendo, con una caña fina y clips o ataduras blandas. Si se espera a que estén cargadas, se doblan o se rompen.
Una vara florece una sola vez. Cuando las flores han caído se corta a ras de la base, sin dejar tocón. La planta seguirá produciendo varas nuevas desde los pseudobulbos siguientes.
Trasplante y división
Les gusta vivir estrechos, así que no hay que trasplantar por costumbre. Se hace cada dos o tres años, cuando el cepellón ha colmatado la maceta o el sustrato se ha descompuesto y ya no drena, y siempre justo después de la floración.
El sustrato es específico para orquídeas terrestres: corteza de pino de calibre medio, con algo de fibra de coco, perlita o carbón vegetal. Nada de tierra de jardín ni de sustrato universal.
El procedimiento: se saca la planta, se afloja el cepellón para desenredar las raíces, se retira el sustrato viejo y se cortan las raíces muertas, que se reconocen porque están pardas, huecas y secas al pellizcarlas. Las sanas son blancas o verdosas y firmes, y se respetan. Es el momento de dividir la mata en grupos de tres a cinco pseudobulbos, cada uno con hojas y raíces propias.
La maceta nueva debe ser solo un poco mayor, con buenos agujeros de drenaje, y limpia: los cymbidium son sensibles a las infecciones bacterianas y una maceta reutilizada sin desinfectar es un riesgo real. Al plantar, los pseudobulbos quedan en la superficie, nunca enterrados, y el sustrato se comprime lo justo para eliminar bolsas de aire. Se termina con un riego generoso y drenaje completo.
Plagas y problemas
La araña roja aparece en ambientes secos y cálidos, y se detecta por un punteado plateado en el envés de las hojas. Las cochinillas cerosa y algodonosa se instalan en la base de las hojas y entre los pseudobulbos. El moho gris (Botrytis) mancha los pétalos de puntos pardos cuando hay exceso de humedad y poca ventilación, sobre todo con la planta en flor dentro de casa.
Y un dato que evita impaciencias: un cymbidium tarda unos cinco años desde el inicio en alcanzar el tamaño necesario para florecer. Una división demasiado pequeña puede pasar un par de temporadas sin dar flor sin que eso signifique que algo va mal.
En resumen
El cymbidium quiere luz abundante e indirecta, sustrato de corteza que drene, riego regular con agua sin cal sin dejar que el cepellón se seque, abono durante el crecimiento y maceta ajustada. Nada de eso es difícil.
Lo que decide si florece o no es sacarlo fuera, a la sombra, desde la primavera hasta bien entrado el otoño, para que note la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Sin ese periodo al aire libre, la planta vive muchos años y no da una sola vara.