Las esparragueras ornamentales se venden como helechos y se cuidan como helechos, y ahí empieza el problema. No son helechos: son Asparagus, del mismo género que el espárrago de la huerta, y se comportan de otra manera. Tienen flores, dan frutos, almacenan agua en raíces tuberosas y muchas de ellas llevan espinas.

La confusión viene del follaje. Lo que parecen frondes finísimas son en realidad cladodios: tallos modificados, planos o filiformes, que hacen el trabajo de las hojas. Las hojas verdaderas quedaron reducidas a escamas casi invisibles o, en varias especies, se transformaron en aguijones. Un helecho, en cambio, no florece nunca y se reproduce por esporas.

Un Asparagus sprengeri sobre una roca volcánica en un jardín de Lanzarote. Es la esparraguera más habitual en balcones y cestas colgantes.

Bayas tóxicas y espinas: lo que hay que saber antes

Las esparragueras son dioicas: hay pies masculinos y femeninos, y solo los femeninos fructifican. Tras la discreta floración de verano aparecen bayas esféricas, rojas y brillantes en el Asparagus de cestas colgantes y negruzcas en la esparraguera plumosa.

Esas bayas son tóxicas por ingestión. Contienen saponinas y provocan vómitos, dolor abdominal y diarrea en personas y en animales domésticos. Su color rojo brillante las hace especialmente atractivas para un niño pequeño, y esa es la razón principal para colocar una esparraguera fructificada fuera del alcance de niños y mascotas, o para retirar los frutos.

Hay un segundo aviso, menos grave pero más frecuente: la savia y el contacto repetido con el follaje pueden provocar dermatitis en personas sensibles, y varias especies llevan aguijones finos en los tallos, difíciles de ver entre el follaje. La esparraguera plumosa y la Asparagus falcatus son las más armadas. Conviene podarlas y trasplantarlas con guantes.

Si hay ingestión de bayas y aparecen síntomas, quien atiende es el médico o el veterinario. Nada de remedios caseros.

El género en España

Conviene distinguir. Las esparragueras ornamentales que se cultivan en macetas proceden en su mayoría del sur de África. Pero el género tiene también representantes silvestres en la Península: el Asparagus acutifolius, la esparraguera silvestre de la que salen los espárragos trigueros, común en matorrales y encinares mediterráneos, y el Asparagus officinalis, el espárrago de huerta.

Los brotes tiernos del espárrago triguero son un alimento silvestre tradicional bien conocido. Eso no debe extenderse a las especies ornamentales: sus bayas son tóxicas y no son plantas comestibles. Ver que un Asparagus saca brotes que parecen espárragos no autoriza a probarlos.

Las especies que se cultivan

Asparagus aethiopicus 'Sprengeri', todavía muy etiquetado como Asparagus densiflorus 'Sprengeri' o simplemente esparraguera de Sprenger, es la más habitual en balcones mediterráneos y jardines canarios. Los tallos, arqueados y colgantes, llegan al metro de largo, con cladodios cortos y planos de un verde brillante. Es la reina de las cestas colgantes y de las jardineras de muro. Cuando la temperatura baja de unos dos grados bajo cero, el follaje amarillea, se seca y cae.

Asparagus densiflorus 'Myers', la esparraguera cola de zorro, es muy distinta en aspecto: forma penachos erectos y compactos de cladodios muy densos y cortos, como cepillos verdes de hasta 60 centímetros. Crece despacio, aguanta bien la sequía gracias a sus raíces tuberosas y funciona igual de bien en maceta que plantada en un arriate de clima suave.

Asparagus setaceus (el antiguo Asparagus plumosus), la esparraguera de las floristas, es la de follaje más fino, dispuesto en planos horizontales que le dan aspecto de encaje. Es trepadora y sus tallos llevan aguijones. El cultivar 'Pyramidalis' tiene porte erecto en forma de copa. Prefiere sol parcial o sombra y es la más clásica como planta de interior.

Asparagus falcatus tiene los cladodios más anchos y largos, curvados en forma de hoz. En Sudáfrica y Mozambique, de donde procede, sus ramas alcanzan varios metros. En maceta se mantiene compacta. A diferencia de las anteriores prefiere semisombra o sombra, lo que la hace muy adecuada para interiores con poca luz.

Asparagus umbellatus es una esparraguera macaronésica, propia de Canarias y Madeira. Trepadora, de ramillas erectas y cladodios cortos y planos agrupados en verticilos, tiene una textura muy fina y un contorno impreciso, casi de nube. Sus florecillas se agrupan en umbelas, de donde le viene el nombre.

Cultivo al aire libre

Las condiciones ideales son temperaturas templadas y cierta humedad ambiental, exactamente lo que ofrece el litoral. En la costa mediterránea, el sur atlántico, Baleares y Canarias viven fuera todo el año sin cuidados especiales, y de hecho se ven en muchos jardines canarios plantadas directamente sobre picón y roca volcánica.

Alejándose del mar la cosa cambia. En el interior peninsular hay que cultivarlas en maceta para poder entrarlas en invierno, y el aire seco del verano continental las obliga a pulverizaciones frecuentes.

Luz. Necesitan mucha claridad, pero fuera del sol directo en las zonas de insolación fuerte o al menos en las horas centrales del día. Un porche orientado al este o una pared en semisombra son posiciones ideales.

Sustrato. Les da igual el pH mientras el suelo sea rico, fresco y drene bien. Sirve un sustrato universal de calidad con algo de perlita.

Riego. Es el punto delicado, porque necesitan más agua que una suculenta y menos que un helecho. Se riega generosamente, pero dejando que la capa superficial se seque entre riegos. En verano el sustrato debe conservar cierta humedad; en invierno los riegos se espacian mucho. Cuando aparecen cladodios amarillentos o tallos secos, lo más probable es que el cepellón haya llegado a secarse del todo en algún momento.

Abono. Fertilizante líquido cada quince días de marzo a octubre y espaciado o suprimido el resto del año.

Mantenimiento. Los tallos secos, pelados o amarronados se cortan a ras de la base. La planta rebrota constantemente desde el rizoma, así que no hay que tener miedo a limpiarla a fondo.

Dentro de casa

Van bien en interior, en tiesto individual, mejor pequeño y de barro. Conviene una orientación que dé luz abundante pero filtrada, y agradecen mucho las pulverizaciones, que mantienen el follaje verde y denso y frenan la araña roja. La cochinilla algodonosa es la otra plaga habitual y aparece sobre todo cuando la planta está en penumbra y poco ventilada.

El trasplante se hace en primavera, marzo o abril, y suele hacer falta cada año: el rizoma con sus tubérculos acaba llenando la maceta hasta levantar el cepellón por encima del borde. Es también el momento de dividir la mata y obtener nuevas plantas, que es la forma más sencilla de multiplicarlas. También se reproducen por semilla, extraída de las bayas maduras, siempre manipulándolas con guantes.

Un apunte responsable

Varias esparragueras ornamentales se han convertido en malas hierbas serias en países de clima templado y suave, sobre todo Australia y Nueva Zelanda, donde forman masas densas que desplazan a la vegetación autóctona. Se dispersan porque los pájaros comen las bayas y transportan la semilla lejos de los jardines.

No es un argumento para dejar de cultivarlas en maceta, pero sí para dos precauciones sensatas si el jardín linda con un espacio natural, sobre todo en el litoral y en las islas: retirar los frutos antes de que maduren y no tirar los restos de poda con bayas en un descampado o en el monte, sino al contenedor de restos vegetales.

En resumen

Las esparragueras no son helechos, y tratarlas como tales lleva al error habitual de mantenerlas siempre encharcadas. Lo que piden es luz abundante e indirecta, humedad ambiental, riego generoso pero con la superficie del sustrato seca entre uno y otro, y un trasplante anual en primavera, porque el rizoma llena la maceta muy deprisa.

Dos avisos que conviene no olvidar: sus bayas rojas o negras son tóxicas por ingestión para personas y mascotas, y varias especies llevan aguijones finos entre el follaje, de modo que la poda y el trasplante se hacen con guantes.


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