Las monsteras son lianas trepadoras de la selva tropical americana, y todo su cultivo doméstico se deriva de ese hecho. En su hábitat germinan en el suelo sombrío, buscan un tronco, se agarran a él con raíces aéreas y suben hacia la luz. Cada metro que ascienden reciben más claridad, y a más luz, hojas más grandes y más troqueladas.
Por eso una monstera de interior sin nada a lo que agarrarse se queda con hojas pequeñas y enteras por muchos años que pasen, y por eso un tutor de musgo o de fibra de coco cambia la planta por completo. No es un accesorio decorativo: es la condición para que la costilla de Adán se comporte como tal.
Una colección de monsteras: una Monstera deliciosa de enormes hojas (izquierda), ejemplares jóvenes con el follaje menos recortado, y una adansonii, de hojas pequeñas y efecto colgante. Foto: Flower Council of Holland
Toxicidad: hay que saberlo
Las monsteras son aráceas, y como casi todas las plantas de esa familia contienen rafidios de oxalato cálcico: cristales microscópicos en forma de aguja repartidos por hojas, tallos y savia.
Al morderlas o masticarlas provocan escozor y dolor intenso en boca, lengua y garganta, salivación y a veces hinchazón. La savia también irrita la piel y los ojos. Afecta igual a personas y a animales, y en perros y gatos es una de las intoxicaciones domésticas por planta más frecuentes.
Con niños pequeños o mascotas que roan plantas, la monstera debe ir en alto o en una habitación a la que no accedan. Conviene podarla y manipularla con guantes. Si hay contacto o ingestión con síntomas, quien atiende es el médico o el veterinario.
Sobre el fruto: la Monstera deliciosa produce, cuando crece al aire libre en clima tropical, una infrutescencia alargada cuyo fruto maduro sí es comestible en sus zonas de origen. Sin madurar es fuertemente irritante por el mismo motivo que el resto de la planta. En cultivo de interior la fructificación es excepcional, así que en la práctica es una curiosidad y no una razón para tener la planta.
Las dos monsteras habituales
La Monstera deliciosa es la costilla de Adán, nativa del sur de México y Centroamérica. Sus hojas adultas llegan a superar el medio metro, con los márgenes profundamente recortados en tiras y perforaciones ovaladas junto al nervio central. Crece con rapidez y trepa varios metros. La forma juvenil, con hojas pequeñas y enteras, se vendió durante décadas como Philodendron pertusum, un nombre que aún se oye pero que corresponde a la misma planta antes de madurar.
La Monstera adansonii tiene hojas mucho más pequeñas, acorazonadas, estrechas y alargadas, con numerosos agujeros redondeados u ovalados repartidos por la lámina. La diferencia clave con la anterior es que sus márgenes permanecen intactos: no se desflecan en costillas. Crece más despacio y, sin soporte, adopta un porte colgante que la hace muy buena para cestas y estanterías altas.
Los cultivares variegados de deliciosa, con sectores blancos o crema, están muy solicitados. Conviene saber dos cosas antes de comprar uno: necesitan más luz que la forma verde, porque tienen menos superficie fotosintética, y crecen bastante más despacio.
Por qué las hojas tienen agujeros
Los troqueles no son un capricho ornamental. Se forman a partir de cierta madurez de la planta, cuando ya tiene luz y tamaño suficientes, y se atribuyen a varias ventajas: dejan pasar luz a las hojas inferiores de la propia liana, reducen el daño del viento y de la lluvia torrencial al ofrecer menos resistencia, y permiten cubrir mucha superficie con poca biomasa, algo valioso en un ambiente de sotobosque donde los claros de luz son irregulares.
La consecuencia práctica es que una monstera joven o una que crece con poca luz tiene hojas enteras, y eso no es un defecto ni una enfermedad: es su fase juvenil. Con más luz y un soporte vertical, las hojas nuevas van saliendo progresivamente más grandes y más recortadas.
Luz
Quieren luz abundante e indirecta. Junto a una ventana al este, o a un metro de una ventana al sur con visillo, están en su sitio. El sol directo, sobre todo el de mayo a septiembre en la Península, decolora las hojas y deja quemaduras pardas irreversibles.
Con poca luz la planta no se muere pero se estira: los entrenudos se alargan, las hojas salen pequeñas, enteras y de un verde apagado, y la liana se desgobierna. Es el síntoma más común en monsteras de interior colocadas al fondo de una habitación.
En Canarias, en el litoral de Málaga y Granada y en general en zonas sin heladas, viven perfectamente en el exterior en un patio umbrío, que es donde alcanzan su mejor aspecto.
Temperatura y humedad
Son plantas tropicales y se encuentran bien entre 18 y 27 grados. Empiezan a sufrir por debajo de unos 10 o 12 grados, dejan de crecer y las hojas se manchan. No toleran ninguna helada: una noche bajo cero acaba con la parte aérea.
Agradecen humedad ambiental, sobre todo la adansonii, que es bastante más exigente en este punto. En un piso con calefacción en invierno conviene pulverizar el follaje y las raíces aéreas o agrupar plantas para crear un microclima. Un cuarto de baño luminoso es un sitio excelente para una adansonii.
Sustrato y riego
El sustrato debe ser rico pero sobre todo aireado: mezcla de sustrato universal de calidad con corteza de pino de calibre pequeño, fibra de coco y perlita. Una tierra compacta que retiene agua es lo que provoca la podredumbre de raíz.
Se riega cuando los dos o tres primeros centímetros de sustrato están secos, a fondo, dejando escurrir bien y vaciando el plato. En primavera y verano puede tocar una vez por semana; en invierno, cada dos o tres semanas. El exceso de riego se manifiesta en hojas lacias, amarilleo generalizado que empieza por las inferiores y sustrato que huele agrio.
Soporte, raíces aéreas y poda
El tutor de musgo o de fibra de coco es lo que más cambia el resultado. Se coloca al trasplantar, se ata la planta con suavidad y se mantiene el tutor húmedo: las raíces aéreas lo colonizan, la planta se ancla y las hojas nuevas salen mucho mayores.
Las raíces aéreas no se cortan por norma. Se pueden dirigir hacia el tutor o hacia la maceta, donde acabarán enraizando y aportando agua y nutrientes. Solo se recortan las que resulten realmente molestas, y nunca todas.
La poda se limita a retirar hojas amarillas, secas o rotas, cortando el pecíolo cerca del tallo. Si la planta se ha estirado demasiado, se puede cortar el tallo por encima de un nudo: rebrotará por debajo y el trozo cortado sirve de esqueje.
Multiplicación
El esqueje de tallo es sencillo y muy fiable. Se corta un trozo que incluya al menos un nudo con una raíz aérea y una hoja, se pone en agua o directamente en sustrato aireado y húmedo, en sitio cálido y luminoso, y enraíza en pocas semanas. Los esquejes enraizados en agua conviene pasarlos a sustrato pronto, porque las raíces acuáticas son distintas y sufren en el trasplante si se tarda demasiado.
Plagas y limpieza
Cochinilla algodonosa y cerosa en las axilas y el envés, araña roja en ambientes muy secos y cálidos, y a veces trips. Todas se detectan revisando el envés una vez al mes, y en focos pequeños se retiran a mano con un paño humedecido en agua jabonosa.
Las hojas grandes acumulan mucho polvo, que reduce la luz que reciben. Se limpian con un paño suave y agua. Los abrillantadores foliares no se deben usar: taponan los estomas y dejan una película artificial.
En resumen
Una monstera bien cultivada necesita cuatro cosas: luz indirecta abundante, un tutor al que trepar, un sustrato aireado que no retenga agua y riego solo cuando la capa superior esté seca. Con eso las hojas nuevas van saliendo cada vez más grandes y troqueladas, que es de lo que se trata.
El aviso importante es la toxicidad: hojas, tallos y savia contienen oxalato cálcico y provocan irritación intensa en boca y garganta al morderlos, además de irritar piel y ojos. En una casa con niños pequeños o con perros y gatos hay que situarla fuera de su alcance.