Con la sansevieria solo se puede cometer un error grave, y es regarla de más. Todo lo demás lo perdona: poca luz, aire seco, calefacción, semanas sin que nadie se acuerde de ella, un sustrato agotado. Pero un cepellón que se mantiene húmedo durante días acaba en podredumbre del rizoma y de la base de las hojas, y esa pudrición no tiene marcha atrás.

Es una planta de hojas coriáceas, rígidas, erguidas y puntiagudas, planas o cilíndricas según la especie, que salen de un rizoma subterráneo grueso. Nativa de zonas áridas y semiáridas de África, no necesita apenas nada para estar bien, y esa es justamente la razón por la que se maltrata: se la trata como a una planta tropical de interior cuando funciona como una suculenta.

Menos es más: unos tiestos minimal con apretados manojos de Sansevieria cylindrica y Sansevieria kirkii. Foto: Flower Council of Holland

Ya no se llama Sansevieria

El nombre con el que se vende sigue siendo sansevieria, pero desde 2017 los estudios genéticos llevaron a incluir todo el género Sansevieria dentro de Dracaena. La lengua de suegra, por tanto, es hoy Dracaena trifasciata, y la de hojas cilíndricas, Dracaena angolensis.

No es un cambio de etiqueta sin más: emparenta oficialmente estas plantas con las drácenas de tronco leñoso que todo el mundo tiene en casa, y todas ellas quedan dentro de la familia Asparagaceae, la misma de los espárragos. En el comercio y en la conversación corriente se seguirá diciendo sansevieria durante mucho tiempo, y no pasa nada.

Precaución con perros y gatos

Las sansevierias contienen saponinas y se consideran tóxicas por ingestión para perros y gatos. Un animal que mordisquee las hojas puede presentar salivación, vómitos o diarrea. También pueden causar molestias digestivas en personas si se ingieren.

No es una planta de toxicidad extrema, pero sí un motivo suficiente para colocarla fuera del alcance de una mascota que tenga costumbre de roer plantas. Si hay ingestión y aparecen síntomas, quien decide es el veterinario o el médico.

Riego: el único cuidado que importa

La regla es comprobar siempre el sustrato antes de regar, y regar solo cuando esté seco por completo, no solo en superficie. Con un dedo introducido hasta el segundo nudillo se sale de dudas.

En primavera y verano, en un piso normal, eso suele significar cada dos o tres semanas. En invierno, con temperaturas más bajas y menos luz, la planta prácticamente se para: basta con regar una o dos veces en toda la estación, o ni eso si la habitación es fresca. Regar una sansevieria en enero como se riega en junio es el error clásico.

El agua se aplica al sustrato, nunca sobre el centro de la roseta, donde se queda estancada y pudre las hojas jóvenes. Después hay que vaciar el plato. Las hojas gruesas almacenan agua, así que la planta aguanta perfectamente un olvido de un mes, y esa tolerancia es lo que la hace ideal para una segunda residencia o una oficina.

Luz, temperatura y ambiente

Sobrevive en rincones con poca luz, pero ahí crece muy despacio y las variegaciones amarillas o plateadas se apagan. Con luz abundante e indirecta mantiene el color, engrosa las hojas y produce más rosetas nuevas.

Al aire libre, en terrazas y porches de zonas sin heladas, hay que situarla en semisombra: el sol directo de un verano peninsular sobre una planta acostumbrada al interior le provoca quemaduras. Una planta aclimatada poco a poco tolera bastante más sol.

Prefiere el calor y empieza a sufrir por debajo de unos 10 grados. No resiste heladas, así que en cualquier zona con riesgo de hielo hay que entrarla antes del invierno. El aire seco de la calefacción no le molesta en absoluto, a diferencia de casi cualquier otra planta de interior.

Sustrato, maceta y trasplante

Necesita un sustrato que drene con rapidez. Sirve una mezcla comercial para cactus y suculentas, o un sustrato universal aligerado con un tercio de perlita, arena gruesa o puzolana. Una capa de gravilla en el fondo y agujeros de drenaje generosos completan el conjunto.

Le gusta vivir apretada, así que no hay que trasplantarla por costumbre. Se cambia de maceta cuando las rosetas ya no caben, cuando el rizoma empieza a asomar por los agujeros o cuando ha deformado el recipiente, cosa que ocurre: el rizoma de una sansevieria madura llega a agrietar una maceta de plástico rígido. Marzo y abril son los meses adecuados, y el tiesto nuevo debe ser solo un poco mayor.

Tampoco conviene plantarla acompañada en la misma maceta. El rizoma ocupa todo el volumen disponible y ahoga a cualquier planta que le pongan al lado.

Abonado

Viene de suelos pobres y se abona poco. Durante la primavera y el verano, un fertilizante para plantas verdes o para cactus diluido a media dosis, cada tres o cuatro semanas, es más que suficiente. En otoño e invierno no se abona. El exceso de nitrógeno produce hojas blandas, alargadas y con tendencia a doblarse.

Multiplicación

La forma más segura es la división del rizoma en el trasplante de primavera: se separan grupos de rosetas con su porción de rizoma y sus raíces, y se plantan directamente en sustrato ligeramente húmedo. También se pueden separar los hijuelos que van apareciendo alrededor de la mata madre.

El esqueje de hoja también funciona: se corta una hoja en trozos de unos cinco centímetros, se dejan orear un par de días para que cicatricen y se clavan en sustrato arenoso, respetando la orientación original de la hoja. Aquí hay un detalle importante que casi nadie advierte: los cultivares variegados no conservan la variegación por esqueje de hoja. Una 'Laurentii' multiplicada así produce plantas de hoja verde lisa, sin el margen amarillo. Para conservar el borde dorado hay que dividir el rizoma.

Plagas y problemas

Las plagas son raras. En todo caso pueden aparecer cochinillas cerosa y algodonosa en las axilas de las hojas, y se retiran a mano en cuanto se detectan.

Los problemas habituales son fisiológicos. Hojas blandas, amarillentas y que se desprenden por la base: exceso de agua. Hojas arrugadas y con pliegues longitudinales: falta de agua prolongada, que se corrige regando a fondo una vez. Puntas secas y pardas: golpe de frío o agua muy dura. Hojas que se doblan hacia fuera abriendo la roseta: poca luz o maceta demasiado grande.

Sobre eso de que purifican el aire

Conviene poner esta idea en su sitio. El estudio de la NASA que popularizó la lista de plantas purificadoras se hizo en cámaras selladas de volumen muy pequeño y con concentraciones altas de contaminantes. Las revisiones posteriores que han trasladado esas cifras a una habitación real concluyen que el efecto es prácticamente irrelevante: harían falta decenas de plantas por estancia para igualar lo que hace abrir una ventana diez minutos.

Lo que sí es cierto de las sansevierias es otra cosa: realizan el metabolismo ácido de las crasuláceas, es decir, mantienen los estomas cerrados de día y los abren de noche para perder menos agua. Es una adaptación a la aridez, y de ahí viene la afirmación de que liberan oxígeno de noche. Es verdad, pero en cantidades irrelevantes para la calidad del aire de un dormitorio. La sansevieria se tiene porque es bonita y no se muere, y con eso basta.

En resumen

La sansevieria es una suculenta disfrazada de planta de interior. Riego solo con el sustrato completamente seco, muy espaciado en invierno, sustrato drenante, maceta pequeña y luz indirecta abundante para que mantenga el color. Nada más.

Dos avisos que ahorran disgustos: es tóxica por ingestión para perros y gatos, y los cultivares de borde amarillo pierden la variegación si se multiplican por esqueje de hoja, así que para conservarla hay que dividir el rizoma.


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