Llamamos margarita a cualquier flor con forma de disco: una corona de lengüetas alrededor de un botón central. Bajo ese aspecto común se esconden géneros muy distintos de la familia de las Asteraceae, y esa distinción importa mucho a la hora de plantar, porque entre una Leucanthemum de pradera húmeda y una gazania de arenal costero hay una diferencia enorme de riego, de suelo y de resistencia al frío.

La mayoría de las margaritas de jardín son plantas fáciles, de floración larga y muy agradecidas en maceta. Lo que sigue es cómo distinguirlas y qué pide cada una en las condiciones reales de la península, con veranos secos y suelos con frecuencia calizos.

Las flores en forma de disco caracterizan a las margaritas, un clásico que se multiplica en una infinidad de especies. Muchas son aptas para la xerojardinería. En la foto, las flores anaranjadas del Arctotis x hybrida.

Lo que en realidad es una margarita

Lo que parece una flor es un capítulo: una inflorescencia compacta formada por decenas o cientos de flores diminutas sobre un receptáculo plano. Las del borde, las liguladas, tienen un pétalo alargado y son las que dan color y forma de rayo. Las del centro, las flosculosas, son tubulares y son las que producen la mayor parte de las semillas.

Esta arquitectura explica dos cosas prácticas. La primera, que retirar las flores marchitas prolongue tanto la floración: al cortar el capítulo antes de que madure la semilla, la planta sigue produciendo. La segunda, que muchas margaritas se resiembren solas con facilidad, porque un solo capítulo lleva muchísimas semillas.

Leucanthemum, la margarita clásica

Es la margarita blanca de botón amarillo de toda la vida. La Leucanthemum vulgare crece de forma espontánea en prados y cunetas de buena parte de España, es muy rústica y sirve para praderas floridas y jardinería de bajo mantenimiento. La Leucanthemum x superbum, de origen hortícola, tiene mata más compacta y flores mucho mayores, blancas o crema, y es la que se encuentra en cultivares de jardín.

Florecen de mayo en adelante y aguantan buena parte del verano si no les falta agua. A pleno sol o en semisombra, en suelo bien drenado y con materia orgánica, toleran sin problema los terrenos calizos. Las matas alcanzan entre 60 y 90 centímetros y sirven para macizos, borduras y jarrón.

Son las margaritas menos adaptadas a la sequía de este grupo: aguantan periodos secos una vez establecidas, pero se apagan mucho antes que las sudafricanas. Cada tres o cuatro años conviene dividir la mata para rejuvenecerlas.

Las sudafricanas: gazania, arctotis y osteospermum

Este es el bloque más útil para el clima mediterráneo. Las tres proceden del sur de África, tienen requisitos parecidos y son la base de muchos jardines secos y rotondas del litoral español.

La gazania es la más resistente al calor y a la falta de agua. Forma matas bajas y extendidas y da capítulos grandes en amarillos, naranjas, rojos y bicolores, a menudo con un anillo oscuro en la base de las lígulas. Quiere pleno sol y suelo arenoso o pedregoso que drene bien. En los arenales y taludes costeros la gazania se naturaliza con facilidad y se extiende por sí sola, algo a tener en cuenta si el jardín linda con un espacio natural.

El arctotis, la margarita africana, forma matas de follaje gris plateado y flores grandes en amarillo, naranja, rojo o rosa. Florece desde la primavera hasta los primeros fríos. Prefiere suelo arenoso y sol pleno, y tolera heladas ligeras pero no un invierno continuado de frío húmedo. Sus flores se cierran de noche y solo se abren a medias los días nublados, una característica compartida con las gazanias que conviene conocer antes de plantarlas en una zona de umbría.

El osteospermum es el de floración más larga de los tres. Muchos híbridos actuales no necesitan pasar frío para inducir flor, con lo que en el litoral florecen prácticamente sin parar. Pide sol, drenaje y poda tras cada oleada de floración para que la mata no se abra por el centro y se quede leñosa.

Los tres agradecen un abonado moderado. Con exceso de nitrógeno crecen mucho de hoja y florecen poco.

Asteriscus maritimus, la nativa

Con el nombre actual de Pallenis maritima, esta vivaz semirrastrera crece de forma natural en los acantilados y arenales del litoral mediterráneo y atlántico, España incluida. Es la margarita más resistente a la salinidad y al viento marino, y una de las de menor mantenimiento que existen.

Da capítulos de un amarillo intenso sobre follaje verde algo áspero, y forma una mata baja y extendida ideal para taludes, rocallas, jardineras y muros de contención. Vive en cualquier terreno, incluso rocoso y muy pobre, con la única condición de que drene. Quiere sol y prácticamente nada de riego una vez arraigada. Para un jardín seco costero es difícil equivocarse con ella.

Felicia y Argyranthemum

La felicia (Felicia amelloides) es la margarita azul: capítulos de lígulas azul intenso con el botón amarillo, sobre una mata semiarbustiva de hasta 60 centímetros. Florece de forma continua durante buena parte del año en clima suave. Es la más sensible al frío del grupo, así que fuera del litoral hay que resguardarla o tratarla como planta de temporada. Quiere pleno sol y un suelo normal pero muy bien drenado; el exceso de agua la mata. Una poda en primavera y otra ligera a final de verano mantienen la mata compacta.

El Argyranthemum frutescens merece un párrafo aparte por una razón española: es un endemismo canario. La margarita que se vende en maceta en toda Europa procede de las islas, donde el género tiene numerosas especies propias. Forma matas redondeadas muy floríferas, en blanco, amarillo o rosa, y florece principalmente en primavera, con algunos híbridos que se alargan mucho más. Quiere sol, riego regular sin encharcar y poda de mantenimiento después de la floración principal, siempre sin entrar en la madera vieja, de la que rebrota mal.

Margaritas pequeñas y tapizantes

La sanvitalia (Sanvitalia procumbens) es una anual de porte rastrero cubierta de margaritas amarillas diminutas con el centro oscuro. Florece de la primavera al otoño y se usa sobre todo en jardineras y cestos colgantes, combinada con otras plantas de temporada. Necesita sol y riego regular.

El Erigeron karvinskianus, la margarita cimarrona, es una vivaz de flores pequeñas que abren blancas y viran a rosa según envejecen, sobre matas ligeras que cuelgan de muros y escaleras. Es de las más agradecidas para grietas y coronaciones de muro, y florece durante muchos meses. Conviene saber que se resiembra con enorme facilidad y que está naturalizada en varias zonas de España, donde coloniza muros, taludes y bordes de camino sin ayuda de nadie. En un jardín urbano eso es una virtud; junto a un espacio natural, un motivo para pensárselo o para retirar los capítulos antes de que semillen.

Cómo combinarlas

Las margaritas funcionan bien en masa y por bloques de una sola especie, no salpicadas de una en una. En un jardín seco mediterráneo, gazanias y Pallenis por delante, osteospermum y arctotis en la franja media, y detrás plantas de estructura como santolinas, lavandas o Teucrium. En una terraza, la combinación más rentable es un osteospermum o un argyranthemum como pieza principal y sanvitalia o erigeron cayendo por el borde de la jardinera.

En todos los casos el error habitual es el mismo: demasiada agua y demasiado abono. Casi todas estas plantas vienen de climas secos y responden a un riego escaso con más flor y matas más compactas.

En resumen

Bajo el nombre común de margarita conviven plantas de exigencias muy distintas. Las Leucanthemum son las más rústicas al frío y las que más agua piden. Las sudafricanas (gazania, arctotis, osteospermum) son la elección lógica para el clima mediterráneo, con sol pleno, suelo drenante y riego escaso. La Pallenis maritima es la especialista en litoral y viento salino, y la felicia la más delicada con el frío.

Todas comparten dos cuidados que multiplican su rendimiento: retirar las flores marchitas para que sigan produciendo y recortar la mata después de cada oleada de floración para que no se abra por el centro y se quede leñosa. Con eso, la mayoría cubre de color el jardín desde la primavera hasta bien entrado el otoño.


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