La Lonicera × heckrottii 'Gold Flame' es la madreselva que se planta por el color. Sus botones son de un carmín intenso y, al abrirse, muestran el interior entre amarillo y naranja, de modo que en la misma umbela conviven el rosa fuerte y el dorado, como una llama. De ahí el nombre del cultivar.
Florece de forma abundante desde finales de primavera hasta bien entrado el verano, con repeticiones más escasas en otoño, sobre un follaje verde que se tiñe de azulado en los meses fríos. Es de crecimiento rápido, de bajo mantenimiento y, a diferencia de otras madreselvas asiáticas de vivero, no tiene comportamiento invasor. Sus dos exigencias son un soporte al que enroscarse y no pasar sed en verano.
Las flores entre rosadas y anaranjadas de la madreselva Lonicera × heckrottii Gold Flame restallan contra el follaje verde azulado. Fotos: Floramedia
Qué madreselva es esta
Es un híbrido de jardín del género Lonicera, familia de las caprifoliáceas, obtenido a partir de especies americanas. No es por tanto una planta silvestre ni una especie botánica, sino una selección hortícola estable que se multiplica por esqueje.
Se comporta como trepadora leñosa de hoja caduca o semipersistente según el clima: en el litoral y en el sur conserva buena parte del follaje en invierno, y en zonas de invierno frío lo pierde. Alcanza entre tres y cinco metros de altura por uno o dos de anchura, y se sujeta enroscando sus tallos volubles, de tonalidad rojiza en los brotes jóvenes.
Las flores son tubulares y se agrupan en verticilos en el extremo de las ramillas. Son perfumadas, aunque conviene ajustar las expectativas: su aroma es más discreto que el de la madreselva de los bosques europeos (Lonicera periclymenum), y se percibe sobre todo a primera hora de la mañana y al anochecer, que es cuando las madreselvas concentran la emisión para atraer a sus polinizadores nocturnos.
Precisamente por eso es una planta excelente para atraer fauna: la visitan abejas, mariposas y esfinges, entre ellas la esfinge colibrí, que en verano se para a libar en vuelo estacionario delante de las flores.
Cómo trepa y qué soporte necesita
Las madreselvas trepan enroscándose, no adhiriéndose. Sobre un muro liso no suben. Necesitan cables tensados, malla, celosía, una pérgola, un arco o una valla metálica.
Es una planta ideal para vestir una valla de simple torsión, para cubrir un arco de entrada o para dar sombra ligera en una pérgola. En un muro, la solución práctica son cables de acero inoxidable separados tres o cuatro centímetros de la pared, dispuestos en retícula.
Los dos primeros años conviene guiar los tallos y atarlos, repartiéndolos en abanico para que la base no quede desnuda. Después sube sola y con vigor.
El pie a la sombra y la cabeza al sol
Es el consejo clásico para todas las madreselvas trepadoras y es literal. La planta florece más cuanto más sol recibe la parte alta, pero su sistema radicular es superficial y no soporta bien que el suelo se caliente y se seque.
La forma de conseguirlo es sencilla: plantar de manera que la base quede sombreada por otras plantas o por un elemento construido, y aplicar un acolchado generoso alrededor del pie, de cinco a diez centímetros, sin tocar el tallo. En clima seco, ese acolchado es probablemente el gesto que más influye en el resultado.
Admite pleno sol en el norte y en el interior, y agradece unas horas de sombra en las tardes de julio y agosto en el sur y el litoral mediterráneo.
En frío no da problemas: resiste bien las heladas fuertes, del orden de los veinte grados bajo cero, así que es viable en toda la Península, mesetas y zonas de montaña incluidas.
Suelo y riego
Se adapta a casi cualquier suelo, aunque prefiere los frescos, profundos, ricos en materia orgánica y bien drenados. En los terrenos muy calizos del este y el sur puede mostrar clorosis, con hojas amarillas y nervios verdes; se corrige con quelatos de hierro y se previene con acolchado orgánico.
El riego debe ser moderado pero regular en verano, sobre todo en clima seco. La madreselva es una de esas plantas que no muere por un verano duro, pero que responde de forma muy visible al agua: con riego florece mucho más y mantiene el follaje limpio; sin él se defolia por abajo y se llena de pulgón.
Ahora bien, moderado significa moderado. No soporta el sobrerriego ni el suelo permanentemente empapado. Y conviene regar al pie, evitando mojar el follaje, porque las hojas húmedas y mal ventiladas son la puerta de entrada del oídio.
Poda
Es de bajo mantenimiento y no necesita poda anual obligatoria. Basta con recortar los brotes que se salgan de la superficie que quieres cubrir y quitar la madera seca.
El momento más seguro para ese recorte es justo después de la floración principal, a finales de verano, cuando ya se ha disfrutado de la flor y la planta tiene tiempo de rehacerse antes del invierno.
Si la mata se ha desnudado por abajo y ha acumulado una maraña arriba, cosa que pasa a los siete u ocho años, admite una poda de rejuvenecimiento severa al final del invierno, acortando los tallos principales. Rebrota bien desde madera vieja, pero hay que asumir que ese año habrá poca flor.
Abonado
Poco. Una aportación de materia orgánica bien descompuesta extendida alrededor del pie al final del invierno cubre las necesidades de todo el año en plantación en suelo. El exceso de nitrógeno da mucho brote tierno, poca flor y una invitación al pulgón.
Plagas: pulgón y oídio
El pulgón es el problema característico de las madreselvas. Se instala en los brotes tiernos y en los botones florales en primavera, los deforma y deja melaza pegajosa sobre la que después crece negrilla. Aparece con más fuerza en plantas sobrealimentadas de nitrógeno o estresadas por sequía.
Lo primero que hay que hacer no es tratar, sino mirar: en la mayoría de los jardines, mariquitas, sírfidos y crisopas controlan las colonias en un par de semanas si no se interviene con insecticidas de amplio espectro que también las matan a ellas. Para los focos concentrados, un chorro de agua a presión o una aplicación de jabón potásico suelen bastar.
El oídio aparece como un polvillo blanco sobre las hojas en condiciones de calor con humedad y poca ventilación. Se previene dando espacio y aire a la planta, no mojando el follaje al regar y retirando las hojas afectadas.
En maceta
Es posible, aunque la planta se desarrollará bastante menos. Necesita un contenedor grande, de cuarenta litros como mínimo, sustrato de calidad con buen drenaje y, sobre todo, vigilancia del riego: en tiesto el sustrato se seca deprisa y la madreselva lo acusa enseguida.
Conviene además abonar durante la temporada de crecimiento, porque en maceta no hay reservas, y proteger el contenedor del sol directo en verano para que el cepellón no se recaliente.
Los frutos no se comen
Las madreselvas producen tras la floración pequeñas bayas rojas. En este híbrido son escasas, pero conviene saber que los frutos de las madreselvas ornamentales no son comestibles y su ingestión puede causar molestias digestivas.
Con niños pequeños en el jardín, la precaución razonable es explicarlo y no dejar que se recolecten. Si hay ingestión, quien debe valorarla es el médico, o el veterinario en el caso de un animal.
No la confundas con la madreselva japonesa
En vivero se venden varias madreselvas trepadoras y no todas se comportan igual. La Lonicera japonica, de flores blancas que amarillean y aroma intenso, es muy vigorosa y en climas húmedos se naturaliza con facilidad: enraíza por los tallos, trepa sobre setos y arbustos y llega a ahogarlos, y los pájaros dispersan su semilla lejos del jardín.
La 'Gold Flame' no tiene ese comportamiento, y esa es una razón de peso para elegirla si tu parcela linda con monte, con un cauce o con una zona natural. Antes de plantar cualquier trepadora de gran vigor en esa situación, merece la pena comprobar cómo se comporta en tu comarca.
En resumen
La Lonicera × heckrottii 'Gold Flame' es una trepadora de floración larga y muy vistosa, rústica frente al frío, de crecimiento rápido y bajo mantenimiento, que no se comporta de forma invasora. Necesita un soporte al que enroscarse, porque no se adhiere a las paredes, y hay que guiarla los dos primeros años.
Su receta de cultivo cabe en una línea: cabeza al sol, pie a la sombra con buen acolchado, suelo fresco y drenado, riego moderado pero regular en verano, poco abono y un recorte después de la floración. Vigila el pulgón en primavera sin recurrir a insecticidas de amplio espectro, corrige la clorosis con hierro en suelos calizos y recuerda que sus bayas rojas no son comestibles.