Los lirios barbados son una de las pocas plantas de flor grande y espectacular que en el clima español no piden ni riego constante ni suelo especial. Aguantan la sequía estival, el frío intenso del invierno continental y los suelos calizos que dominan medio país, y a cambio dan tres semanas de floración de una complejidad que no tiene rival entre las vivaces.

Este artículo trata de qué son, de dónde vienen, cómo se clasifican por altura y cómo se usan en una plantación. Los cuidados concretos, es decir, cuándo plantar, cómo abonar, cuánto regar y cómo dividir las matas, están en la segunda parte dedicada a su cultivo.

Los tonos morados y lavanda del lirio Lent A. Williamson, un cultivar histórico de 1918, irrumpen entre masas de Erica darleyensis al pie de los abedules en un jardín en Rascafría, Madrid, diseñado por los paisajistas Urquijo-Kastner.

Qué es un lirio barbado

Los lirios de jardín que aquí llamamos lirios azules o lirios de Semana Santa pertenecen al género Iris, familia de las iridáceas, y dentro de él al grupo de los barbados: los que llevan un mechón de pelillos, la barba, recorriendo el centro de cada sépalo.

Son plantas rizomatosas. El rizoma es un tallo engrosado que crece horizontalmente, casi a ras de suelo, y que actúa como órgano de reserva. De él salen las raíces por abajo y los abanicos de hojas por arriba. Ese detalle anatómico explica buena parte de su comportamiento: el rizoma necesita sol directo y aire para madurar, y ahí está el origen de casi todos los aciertos y errores de su cultivo.

Las hojas son planas, rígidas, en forma de espada, de un verde azulado, dispuestas en abanico. Persisten prácticamente todo el año en clima suave y se deslucen en verano, cuando la planta entra en un reposo estival parcial.

Las varas florales, llamadas bohordos, salen del abanico y se ramifican, produciendo varias flores que se abren de forma escalonada a lo largo de dos o tres semanas.

De dónde vienen

El Iris germanica de toda la vida, ese lirio morado de patio de pueblo que se propaga solo y que sobrevive en fincas abandonadas, no es exactamente una especie silvestre: se considera un clon antiguo de origen híbrido, cultivado y multiplicado por división durante siglos. Entre sus ancestros silvestres se citan especies mediterráneas y centroeuropeas como Iris pallida e Iris variegata.

Llegaron a Europa occidental muy pronto, se cultivaron en los huertos de los monasterios durante toda la Edad Media y aparecen constantemente en la pintura de bodegón floral del Barroco. La hibridación sistemática, en cambio, es reciente: arranca a mediados del siglo XIX en Francia y se intensifica en el siglo XX en Francia, el Reino Unido y sobre todo Estados Unidos, donde la selección de lirios barbados se convirtió en una actividad de aficionados a gran escala.

El resultado es que hoy hay decenas de miles de cultivares registrados, con una gama de color, de tamaño y de época de floración que no existía hace un siglo. También conviene saber que los cultivares antiguos, los llamados lirios históricos, tienen su propio interés: son de flor más lisa y menos aparatosa, y suelen ser más rústicos y menos exigentes que las selecciones modernas.

La clasificación por altura, y para qué sirve

Los catálogos ordenan los lirios barbados por la altura del tallo floral, y esa clasificación no es un capricho: cada grupo tiene una época de floración distinta y un uso distinto en el jardín.

  • Enanos y miniatura, por debajo de 20 o 25 centímetros. Son los primeros en florecer, a veces ya en marzo. Su sitio es la rocalla, el tiesto, el borde delantero de un arriate y las juntas anchas de un pavimento. Se pierden por completo si se plantan detrás de cualquier cosa.
  • Enanos estándar, de 25 a 40 centímetros. Muy útiles en primera línea de bordura y en macizos pequeños, y bastante más floríferos por superficie que los altos.
  • Intermedios, de 40 a 70 centímetros. Probablemente el grupo más práctico para un jardín español medio: florecen antes que los altos, tienen tallos más resistentes al viento y funcionan en borduras, taludes, rocallas grandes y sitios expuestos.
  • Altos, de 70 centímetros a más de un metro. Son los de flor más grande y elaborada, los que aparecen en las fotos de catálogo. Necesitan segunda o tercera fila en el macizo y sitios relativamente resguardados, porque una vara de un metro con varias flores encrespadas se tumba con un golpe de viento o una tormenta de primavera.

En los catálogos internacionales verás estos grupos abreviados con siglas inglesas: TB para los altos, IB para los intermedios, SDB para los enanos estándar y MDB para los miniatura. Saberlo evita compras equivocadas cuando se pide por internet.

Dos meses de flor: cómo escalonar la floración

Un cultivar concreto de lirio barbado florece unas tres semanas. La forma de convertir eso en dos meses largos de flor es combinar grupos de distinta época, y el orden es bastante fiable.

Abren primero los enanos y miniatura, después los enanos estándar, luego los intermedios y finalmente los altos, que a su vez se dividen en precoces, medios y tardíos. En la mayor parte de la Península eso significa arrancar en marzo y terminar a finales de mayo, con retraso de dos o tres semanas en zonas frías y de montaña.

Si se quiere prolongar todavía más la temporada del género, la vía es salir de los barbados y añadir lirios de otros grupos que florecen después y que piden condiciones distintas, más húmedas: Iris sibirica, Iris pseudacorus o Iris laevigata, estos dos últimos plantas de orilla de estanque y suelo encharcado, justo lo contrario de lo que quiere un barbado.

Los remontantes

Existen cultivares de lirio barbado remontantes o refloreciente, que después de la floración de primavera vuelven a emitir varas a finales de verano o en otoño. Es una cualidad muy interesante en un jardín, porque la segunda floración llega en un momento del año en el que hay poco en flor.

Dos advertencias, sin embargo. La primera es que la remontancia depende mucho del clima y del año: en zonas de verano muy seco y sin riego, muchas variedades etiquetadas como remontantes simplemente no repiten. La segunda es que un lirio que reflorece necesita algo de agua y de alimento en verano, es decir, un manejo distinto al de un barbado corriente, al que en esa época se le deja secar.

Por qué encajan tan bien en el jardín español

Hay pocas vivaces de flor grande que estén tan cómodas en nuestras condiciones. Toleran la sequía porque el rizoma es una reserva y porque en verano se quedan en reposo, justo cuando otras plantas exigen riego. Aguantan el frío intenso del interior peninsular. Y prefieren los suelos neutros o calizos, que en gran parte de España es lo que hay, mientras que buena parte de las vivaces de moda vienen de tradiciones jardineras de suelo ácido y clima húmedo.

A eso se suma que son muy fáciles de multiplicar por división y que una mata comprada se convierte en una plantación en tres o cuatro años sin gastar un euro más. Es la razón por la que los lirios han pasado de generación en generación en los patios y las cercas de tantos pueblos.

Cómo usarlos en una plantación de vivaces

Hay dos estrategias, y las dos funcionan.

La primera es puntuar: repartir grupos pequeños de tres o cinco rizomas aquí y allá entre otras plantas, de modo que en abril aparezcan los lirios y luego queden disimulados. Es lo más elegante en un macizo mixto y lo que menos huecos deja después de la floración.

La segunda es plantar masas de un mismo cultivar, que produce un efecto potente en abril pero deja una superficie deslucida durante meses. Solo tiene sentido en jardines grandes, en zonas de segundo plano o en plantaciones donde otra cosa cubra después.

Sea cual sea la estrategia, hay que resolver dos cosas. Una, que las plantas vecinas no den sombra al rizoma: nada de arbustos que se cierren encima, nada de tapizantes que lo cubran. Y dos, que el conjunto no se riegue a diario en verano, porque el riego de verano en un macizo de lirios es la vía directa a la podredumbre del rizoma.

Los mejores compañeros, por tanto, son plantas de sol, drenaje y bajo riego: salvias arbustivas, nepetas, Achillea, euforbias, gauras, santolinas, lavandas, gramíneas secas y rosales arbustivos, que además florecen justo después y toman el relevo.

En resumen

Los lirios barbados son vivaces rizomatosas de sol, sequía y suelo calizo, con una historia larga de cultivo y una diversidad de cultivares enorme. Se ordenan por la altura del tallo floral, y ese dato manda: los enanos van al borde y a la rocalla, los intermedios son los más versátiles en un jardín medio, y los altos, de flor mayor, necesitan segunda fila y abrigo del viento.

Combinando grupos de distinta época se pasa de tres semanas de flor a dos meses, de marzo a finales de mayo en la mayor parte de la Península, y los cultivares remontantes añaden una segunda tanda en otoño donde el clima acompaña. Úsalos puntuando entre otras vivaces de bajo riego, con el rizoma siempre despejado y sin sombra encima. Para el calendario de plantación, el abonado, el riego y la división de las matas, consulta la segunda parte sobre sus cuidados.


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