El jazmín chino o de leche (Trachelospermum jasminoides) es la trepadora perenne más fiable que se puede plantar en la mayor parte de España. Cubre un muro o una celosía con follaje verde brillante todo el año, florece de mayo a julio con miles de estrellitas blancas muy perfumadas y, una vez arraigado, exige poquísimo: un riego de apoyo en verano y un recorte anual.
Su principal diferencia con las trepadoras clásicas de jardín español está en cómo trepa. No tiene ventosas ni raíces adventicias: se enrolla. Eso significa que necesita algo a lo que agarrarse, y que la elección del soporte decide desde el primer día si vas a tener una pantalla verde o una maraña caída sobre el suelo.
Un Trachelospermum jasminoides en flor a finales de mayo en una urbanización de Madrid. Foto: Mille dOrazio
No es un jazmín
Pese al nombre común, Trachelospermum jasminoides no pertenece al género Jasminum ni a su familia. Es una apocinácea, pariente por tanto de la adelfa y de la vinca, originaria del este y el sureste de Asia. Los jazmines verdaderos son oleáceas, de la familia del olivo.
La distinción no es un detalle de erudición: explica dos cosas prácticas. La primera, que sus tallos y hojas exudan un látex blanco al cortarlos, de donde le viene el nombre de jazmín de leche. La segunda, que es bastante más rústico y perenne que el jazmín común, que en invierno pierde buena parte de la hoja.
La flor tiene cinco pétalos torcidos, como una hélice o un molinillo, de un blanco puro que va tomando tono crema al envejecer. El perfume es intenso y se concentra al atardecer. La hoja es coriácea, oval, de un verde oscuro lustroso, y en invierno adquiere tintes bronce o rojizos con el frío, un efecto que en muchos jardines resulta más atractivo que el verde de verano.
Cómo trepa y qué soporte necesita
Es una trepadora de tallos volubles: los brotes jóvenes giran en busca de un apoyo y se enroscan en él. Sobre una pared lisa no sube. Necesita cables tensados, una malla, una celosía, un enrejado o un tutor.
Lo que mejor funciona en un muro es una retícula de cables de acero inoxidable separados de la pared unos tres o cuatro centímetros, con tensores. Sale barato, dura décadas y deja el muro accesible. La separación de los cables debe rondar los 30 centímetros en horizontal y en vertical.
Los dos primeros años crece despacio y hay que ayudarle: atar los tallos nuevos al soporte, repartirlos en abanico y no dejar que se enreden entre ellos. Cuando ya tiene estructura, sube solo y con vigor, y puede superar los cinco o seis metros. Al llegar arriba deja de crecer en altura y engorda hacia los lados, que es exactamente lo que interesa en una pantalla.
Sol, frío y suelo
Acepta pleno sol y semisombra. En el norte y el interior peninsular, cuanto más sol, más flor. En el sur y en el litoral mediterráneo, unas horas de sombra en las tardes de julio y agosto evitan que la hoja se broncee en exceso y se queme por los bordes. Lo que le sienta francamente mal es el viento seco y caliente.
En rusticidad se comporta bien: un ejemplar establecido tolera heladas del orden de los diez o doce grados bajo cero. Las plantas jóvenes, y sobre todo las que están en maceta, son bastante más sensibles, porque el cepellón se congela entero. En zonas de invierno duro conviene plantarlo contra un muro orientado al sur, que actúa como acumulador de calor.
El suelo es donde se juega el resultado. Quiere drenaje real, y con eso se conforma con casi cualquier textura. Prefiere terrenos profundos, frescos y con algo de materia orgánica. En los suelos muy calizos del este y del sur peninsular puede sufrir clorosis férrica, que se reconoce por hojas amarillas con los nervios verdes; se corrige con quelatos de hierro, y se previene con un buen acolchado orgánico que acidifique poco a poco la superficie.
Riego y abonado
Durante los dos primeros veranos hay que regarlo con regularidad, porque el sistema radicular todavía es pequeño. A partir del tercer año, plantado en suelo, se comporta como una planta de riego moderado: en el interior y el sur agradece riegos profundos y espaciados en los meses de más calor, y en el norte y en la costa atlántica prácticamente se mantiene solo.
En invierno, riego muy espaciado, dejando que se seque la superficie. Sigue teniendo hoja, pero no está creciendo.
De abonado, poco y bien: una aportación de materia orgánica al final del invierno, extendida sobre el suelo alrededor del pie, es suficiente para todo el año en plantación en tierra. El exceso de nitrógeno le da mucha hoja y poca flor.
Cuándo y cómo podarlo
El jazmín chino florece sobre los brotes del año anterior. Ese dato manda sobre el calendario: la poda se hace justo después de la floración, entre julio y principios de agosto. Así le queda todo el final del verano y el otoño para producir la madera que dará flor la primavera siguiente. Podarlo a fondo en febrero es la forma más eficaz de quedarse sin flores esa temporada.
La poda en sí es sencilla: recortar lo que se sale de la superficie que quieres cubrir, quitar los tallos secos o débiles, y aclarar el interior si la mata se ha vuelto muy densa. Aguanta bien el recorte y rebrota sin problema, lo que permite mantenerlo perfectamente contenido durante años.
Un consejo de manejo: los tallos viejos se lignifican y dejan de ser flexibles. Si necesitas reconducir una rama, hazlo cuando todavía es verde.
El látex irrita: usa guantes
Al podar, la planta suelta un látex blanco pegajoso. Como en el resto de las apocináceas, ese jugo es irritante para la piel y especialmente para los ojos, y es tóxico por ingestión. No es una planta peligrosa de tener en un jardín, pero sí conviene podarla con guantes y evitar tocarse la cara mientras se trabaja con ella.
Si el látex entra en contacto con los ojos o si hay ingestión, quien debe valorarlo es el médico, o el veterinario en el caso de un animal.
En maceta, en cubresuelos y en seto
En maceta funciona, aunque se desarrolla menos y hay que asumir un mantenimiento mayor. Necesita un contenedor grande, de cuarenta litros como mínimo si quieres cubrir una celosía de terraza, sustrato drenante, riego vigilado en verano (el cepellón se seca deprisa y la planta lo acusa rápido) y abonado periódico, porque en tiesto no tiene reservas. En invierno, en zonas frías, conviene proteger el contenedor con un plástico de burbujas o arrimarlo a la pared.
Menos conocido es su uso como cubresuelos. Si no se le da soporte, se extiende horizontalmente y forma una alfombra densa de veinte o treinta centímetros de alto que tapa bien el suelo, resiste la sombra de los árboles y no necesita siega. Es una alternativa muy razonable al césped en taludes y en bandas estrechas difíciles de mantener.
También se usa para vestir vallas metálicas de simple torsión, donde crea en tres o cuatro años una pantalla opaca y perenne, y en formas recortadas sobre estructura, porque tolera bien el tijeretazo.
Variedades y un pariente más resistente al frío
La especie tipo es la más vigorosa y la que más flor da. Entre los cultivares, 'Variegatum' tiene las hojas con el borde blanco crema, que se tiñen de rojizo en invierno; es más lento y florece menos. 'Tricolor' es todavía más compacto, con la hoja jaspeada de rosa y crema.
Merece la pena conocer también Trachelospermum asiaticum, de hoja más pequeña y flor de tono crema en lugar de blanco puro. Es algo más resistente al frío y de porte más denso, y por eso se usa mucho como cubresuelos en zonas de interior con inviernos exigentes.
Problemas que puede dar
Muy pocos. Las plagas que ocasionalmente lo afectan son las cochinillas, sobre todo la algodonosa, que se instalan en las axilas de las hojas y en los tallos jóvenes en situaciones de poca ventilación. Se detectan pronto por la melaza pegajosa y la negrilla que aparece encima.
Lo demás suele ser un problema de emplazamiento y no una enfermedad: hojas amarillas con nervios verdes indican caliza y falta de hierro disponible; hojas mustias con el suelo húmedo indican asfixia radicular por mal drenaje; ausencia de flor indica sombra excesiva, exceso de nitrógeno o poda hecha a destiempo.
En resumen
El jazmín chino resuelve muy bien el problema de cubrir un muro, una valla o una pérgola con follaje perenne y flor perfumada, con poco mantenimiento y buena tolerancia al calor y a heladas moderadas. Necesita soporte al que enroscarse, drenaje, ayuda para conducirlo los dos primeros años y riego solo mientras se establece.
Dos claves para acertar. La poda va justo después de la floración, en julio, porque florece sobre madera del año anterior. Y en suelos calizos hay que vigilar la clorosis y corregirla con quelatos de hierro. Al manipularlo, guantes: el látex blanco que suelta al cortar es irritante y tóxico por ingestión.