Un jardín perfumado no se consigue plantando muchas especies olorosas. Se consigue colocando pocas, bien elegidas, en los sitios exactos por donde pasa o se sienta la gente, y repartidas a lo largo del año para que siempre haya algo en flor. El perfume es un efecto local: una glicinia magnífica a treinta metros de la terraza no huele en la terraza.
Hay tres decisiones que resuelven casi todo. Dónde se planta cada cosa (junto al camino, en la puerta, bajo la ventana del dormitorio, en el rincón de estar). Cuándo florece, porque de nada sirve concentrarlo todo en mayo. Y cuánto perfume aguanta el sitio, porque un jazmín contra un muro cerrado puede llegar a resultar agobiante mientras que en un paso abierto apenas se nota.
Los racimos de flores de la glicinia emiten en primavera un delicioso aroma.
Dónde colocar las plantas perfumadas
El aroma floral se difunde por el aire y se dispersa en cuanto hay corriente, así que se acumula donde el aire se remansa: patios, rincones protegidos, huecos entre muros, porches. Ese es el sitio de una sola planta muy olorosa. En cambio, en zonas abiertas y ventiladas hace falta plantar en masa para que se note.
Los muros orientados al sur son aliados. La piedra o el ladrillo acumulan calor durante el día y lo devuelven al anochecer, y el calor volatiliza los aceites esenciales. Una madreselva o un jazmín sobre un muro cálido huelen bastante más que los mismos ejemplares en una pérgola exenta.
Las plantas de hoja aromática (romero, tomillo, salvia, lavanda, mentas) funcionan de otra manera: no perfuman solas, hay que rozarlas. Su sitio es el borde de un camino, la esquina de un escalón, el arranque de una escalera, un banco. Plantadas en el fondo de un macizo no se enteran de que existen.
Y hay dos sitios donde conviene medirse mucho: junto a una mesa de comer, porque un aroma dulce intenso compite con la comida, y bajo la ventana de un dormitorio, donde una única planta muy olorosa suele bastar y dos son demasiadas.
Un calendario de aromas para el clima español
Repartir la floración es lo que separa un jardín perfumado de un jardín perfumado durante tres semanas de mayo. Este es el reparto que funciona en la mayor parte de la Península.
Invierno. Es la temporada más desatendida y la que más agradece el esfuerzo, porque el aire frío y quieto concentra los olores. Sarcococca confusa y Sarcococca hookeriana, arbustos pequeños de sombra con flores casi invisibles y un perfume dulce sorprendente, son la mejor apuesta para un patio umbrío. Chimonanthus praecox florece sobre madera desnuda en pleno enero. Lonicera fragrantissima y Viburnum x bodnantense cubren enero y febrero. Daphne odora es la más perfumada de todas, aunque es delicada, quiere sombra fresca y suelo ácido y drenante, y sus frutos son tóxicos por ingestión.
Primavera. El momento fuerte. El azahar de los cítricos, en abril y mayo, es el aroma que define las ciudades del sur y del Levante, y el naranjo amargo (Citrus aurantium) lo da con una intensidad que ningún otro árbol de calle iguala. La glicinia (Wisteria sinensis) florece en abril, antes de sacar la hoja, y necesita una estructura de verdad, porque con los años engorda hasta partir una pérgola ligera. El lilo (Syringa vulgaris) es magnífico donde el invierno es frío, y flojo en el litoral cálido, porque necesita horas de frío para florecer bien. Choisya ternata, de flor blanca perfumada y hoja también aromática, es uno de los arbustos más resistentes y agradecidos del grupo. Y entre las bulbosas, los jacintos, los narcisos de olor y las fresias.
Verano. Aquí mandan las trepadoras y las flores nocturnas. El jazmín común (Jasminum officinale) y el jazmín chino o de leche (Trachelospermum jasminoides) cubren de mayo a agosto. Las madreselvas del género Lonicera perfuman sobre todo al amanecer y al anochecer. La lavanda y el tomillo aportan el fondo seco y resinoso del verano mediterráneo. Y la gardenia, en maceta con sustrato de acidófilas, es la más exigente de todas: agua blanda, sombra al mediodía y humedad ambiental.
Otoño. El gran arbusto de esta estación es Osmanthus fragrans, de flores diminutas y aroma que recuerda al albaricoque, capaz de perfumar un patio entero desde septiembre. Elaeagnus x ebbingei hace algo parecido en octubre y noviembre, y encima resiste sequía, viento y aire marino, lo que lo convierte en un seto perfumado de mantenimiento casi nulo.
Las flores que huelen de noche
Muchas plantas perfumadas concentran la emisión al anochecer, porque sus polinizadores son nocturnos. En un jardín que se usa sobre todo después de cenar, que es lo normal en verano en España, ese grupo importa más que ningún otro.
El dondiego de noche (Mirabilis jalapa) abre a última hora de la tarde y es de cultivo facilísimo, aunque se resiembra con ganas y hay que controlarlo. El galán de noche (Cestrum nocturnum) tiene el perfume nocturno más penetrante que se puede plantar en clima suave; una sola planta perfuma una terraza entera y en un patio cerrado puede resultar excesiva. Los nardos (Polianthes tuberosa) dan un aroma denso, muy dulce, y se cultivan como bulbosa de verano.
Un aviso importante en este grupo. Las brugmansias y las daturas, de flores en trompeta y perfume nocturno espectacular, son plantas muy tóxicas en todas sus partes, incluidas flores y semillas. No son una elección razonable donde haya niños pequeños o animales que mordisqueen, y si se plantan, conviene saber exactamente lo que se tiene. Ante cualquier ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.
Cuidado con la mimosa y otras invasoras
La mimosa (Acacia dealbata) florece en febrero y marzo con un perfume dulce inconfundible, y se planta mucho por eso. Conviene saber que figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, aprobado por el Real Decreto 630/2013. Eso significa que su introducción en el medio natural está prohibida, y también su posesión, transporte, tráfico y comercio. Es un arbolito que rebrota con fuerza de raíz, produce semillas muy persistentes en el suelo y se dispara después de los incendios, y en el noroeste peninsular ha desplazado a la vegetación autóctona en superficies enormes.
La lección general vale más allá de la mimosa: una planta perfumada que se escapa del jardín deja de ser un acierto. Hay trepadoras muy olorosas de gran vigor, como algunas madreselvas asiáticas, que en climas húmedos se naturalizan, ahogan setos y hay que controlar. Antes de plantar una trepadora vigorosa en una parcela lindante con monte o con un río, merece la pena comprobar cómo se comporta en tu zona.
Perfume en macetas y terrazas
En balcón y terraza el planteamiento cambia, porque el volumen de aire es pequeño y todo se nota mucho más. Una sola planta olorosa bien colocada suele ser suficiente.
Las que mejor funcionan en tiesto son el jazmín chino, que se deja conducir sobre una celosía y es de crecimiento contenido; los cítricos enanos, que perfuman en abril desde una maceta grande; los cantuesos y lavandas, que además aguantan sol y sequía; el heliotropo, de aroma avainillado; y la gardenia, si estás dispuesto a regarla con agua blanda.
Dos advertencias prácticas de terraza. Las plantas muy perfumadas cerca de un tendedero o de una cocina abierta pueden llegar a molestar, y en un patio interior sin ventilación la acumulación de aroma es real. Y el riego en maceta es mucho más exigente que en suelo: las trepadoras perfumadas en contenedor necesitan tiestos grandes, de cuarenta litros para arriba, si se espera que duren años.
En resumen
Para que un jardín huela hay que pensar en tres ejes: el sitio (rincones protegidos, muros cálidos, bordes de camino para las de hoja aromática), el calendario (invierno con sarcococas y chimonanthus, primavera con azahar, glicinia y bulbosas, verano con jazmines y flores nocturnas, otoño con Osmanthus) y la dosis, porque el exceso de perfume en un espacio cerrado cansa tanto como agrada el acierto.
Y dos comprobaciones antes de plantar. La toxicidad, porque algunas de las más olorosas, como las brugmansias y daturas, lo son mucho y en todas sus partes. Y el carácter invasor: la mimosa está incluida en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013, y su introducción en el medio natural y su comercio están prohibidos, por muy bien que huela en febrero.