El tomillo es probablemente la planta que menos pide de todas las que puedes meter en un jardín mediterráneo: suelo pobre, pedregoso, calizo si hace falta, pleno sol, viento y prácticamente nada de riego una vez arraigada. A cambio da follaje perenne todo el año, floración larga que llena la mata de abejas y un olor que se levanta con solo rozarla.
El género Thymus es mucho más que el Thymus vulgaris del bote de especias. En la flora de la Península y Baleares hay más de treinta especies, con varios endemismos repartidos por el sureste, Andalucía y el Levante, y a ellas se suman los tapizantes de jardinería y una larga lista de cultivares seleccionados por color de hoja o de flor. Sirven para cosas muy distintas: unos forman matas erguidas de bordura, otros alfombras que se pisan.
Thymus x citriodorus 'Golden Lemon' (izquierda) y Thymus serpyllum desbordando sobre un camino de jabre (derecha).
Lo único que de verdad hay que acertar: el drenaje
Los tomillos mueren de agua, no de sed. Su hábitat natural son los matorrales secos, los pedregales y las laderas soleadas, y su sistema radicular está construido para un suelo que se airea entre lluvia y lluvia. En un terreno que se queda encharcado, el cuello de la planta se pudre y la mata se pierde entera, muchas veces en pleno invierno y sin aviso.
La consecuencia práctica es sencilla. En los suelos arenosos, francos o pedregosos que abundan en buena parte del interior y del este peninsular, se planta y ya está. En suelos arcillosos, que se agrietan en verano y se apelmazan con la lluvia, hay que corregir: aportar grava o arena gruesa, o mejor todavía, plantar en caballón elevado o en rocalla, veinte o treinta centímetros por encima del nivel general. Un acolchado de grava o de zahorra alrededor del cuello, en lugar de corteza o compost, remata el trabajo y mantiene seca la base de la planta.
La caliza no es un problema para la mayoría. Thymus vulgaris, Thymus zygis o Thymus mastichina viven silvestres sobre sustratos calizos en media España, así que los suelos básicos del este y del sur les van perfectamente. La excepción son los tomillos de arenales costeros, como Thymus carnosus, que piden suelos arenosos muy sueltos.
De abono, nada. Un suelo rico produce matas grandes, blandas, con entrenudos largos, menos aromáticas y mucho más sensibles al frío y a los hongos. Es de los pocos casos en jardinería en que aportar materia orgánica empeora el resultado.
Sol, frío y sequía: lo que aguantan
Pleno sol siempre. A media sombra los tomillos se ahílan, florecen poco y pierden concentración de aceites esenciales, que es de donde viene el aroma. Solo Thymus mastichina tolera con dignidad unas horas de sombra ligera.
En frío, la mayoría de las especies de mata resisten heladas fuertes, del orden de los quince grados bajo cero, lo que las hace viables en casi toda la Península, mesetas incluidas. Los tomillos del sureste árido, como Thymus hyemalis, están adaptados a inviernos suaves y son menos resistentes al frío intenso y prolongado.
En sequía son de lo más resistente que hay disponible en un vivero. El riego se limita al primer verano, para que arraiguen: un riego profundo y espaciado, cada diez o quince días, mejor que riegos cortos y frecuentes que solo mojan la superficie. A partir del segundo año, en el interior y el sur, un par de riegos de apoyo en los picos de julio y agosto bastan, y en muchos jardines ni eso.
Los tomillos de mata: para borduras y rocallas
Son subarbustos muy ramificados de entre 10 y 50 centímetros de altura, con tendencia a recostarse con los años. Se usan en macizos de estilo mediterráneo, rocallas, primera línea de bordura, taludes y jardines de grava, junto a plantas de las mismas exigencias.
- Thymus vulgaris (25-30 cm). El tomillo común, el de la cocina. Hoja pequeña muy aromática y flores entre blancas y rosa pálido en primavera. Vive bien en caliza y aguanta el aire del mar. El cultivar 'Silver Posie' tiene las hojas con el margen blanco crema y es el más luminoso del grupo.
- Thymus × citriodorus (10-25 cm). El tomillo limón, de mata más laxa y follaje verde claro con nota cítrica clara al frotarlo. 'Aureus' y 'Golden Lemon' tienen la hoja amarilla; 'Silver Queen', variegada en blanco. Es el más agradecido en maceta.
- Thymus mastichina (30-50 cm). Mejorana silvestre, almoradux o tomillo blanco, presente en gran parte de la Península. Muy aromático y de los más resistentes a la sequía. Se cubre entre mayo y julio de inflorescencias blancas redondeadas, como pequeños pompones, que le dan un aspecto inconfundible.
- Thymus zygis (10-30 cm). El tomillo salsero o aceitunero, muy extendido por toda la Península y en todo tipo de suelos. Flores blanco crema de mayo a julio y mata compacta.
- Thymus longiflorus (15-30 cm). Endemismo de las sierras del sureste, con brácteas de un púrpura vivo que rematan las espigas entre mayo y julio. Es el más vistoso en flor de todo el grupo ibérico.
- Thymus baeticus (15-50 cm). Endemismo del sur peninsular, de mata erguida que rara vez se postra, con flores blanquecinas de primavera. Tolera bien el aire salino.
- Thymus hyemalis (15-50 cm). Endemismo del sureste árido (Almería, Murcia, sur de Alicante), adaptado a condiciones de semidesierto. Su gran baza es el calendario: florece en pleno invierno, cuando el resto del jardín seco está parado.
- Thymus carnosus (15-30 cm). De arenales costeros atlánticos, con raíces profundas y hoja carnosita. Flores blancas o rosa muy claro desde mayo. Es la mejor opción para jardines de primera línea de playa sobre arena.
Los tapizantes: alfombras que se pueden pisar
Los tomillos rastreros tienen porte más herbáceo, enraízan por los tallos allí donde tocan el suelo y forman alfombras densas de pocos centímetros de altura. Se usan en las juntas de pavimentos de piedra, en peldaños, en jardines de grava, en cubiertas vegetales extensivas y como alternativa parcial al césped en zonas de paso ligero.
Aguantan pisadas ocasionales, no tránsito continuo. Un camino de paso diario seguirá necesitando losas; el tomillo va entre ellas, no en su lugar.
El más utilizado es el Thymus serpyllum (10-15 cm), de flores rosadas en verano, con cultivares como 'Album' (blanco) o 'Elfin', de crecimiento muy lento y matas de apenas dos o tres centímetros que recuerdan a un cojín de musgo. Conviene saber que buena parte de lo que se vende en vivero con esta etiqueta corresponde en realidad a Thymus praecox (5-10 cm) o a híbridos entre ambos; a efectos de jardín se comportan igual. De Thymus praecox vienen los tapizantes de flor más intensa, como 'Coccineus', de un rosa oscuro casi rojizo, y las selecciones lanosas de hoja gris y aspecto afieltrado.
Menos común y muy interesante por el olor es el Thymus herba-barona (5-10 cm), nativo de Córcega y Cerdeña, cuyas hojas desprenden un aroma que recuerda a la alcaravea. Florece en rosa violáceo a finales de primavera.
Para tapizar hacen falta densidades decentes: entre cuatro y seis plantas por metro cuadrado para cerrar en una o dos temporadas. El hueco entre plantas jóvenes es por donde entra la hierba, y desherbar a mano una alfombra de tomillo es tedioso.
Cuándo plantar y cómo mantenerlos
El otoño es la mejor época de plantación en casi toda España: de octubre a noviembre, para que las lluvias de invierno hagan el trabajo de arraigo y la planta llegue al primer verano con raíz suficiente. En zonas de invierno muy duro, mesetas altas y montaña, es preferible esperar a marzo o abril. Plantar en mayo o junio funciona, pero obliga a regar todo el verano.
La poda es el mantenimiento que marca la diferencia entre una mata compacta y un esqueleto leñoso con cuatro brotes en la punta. Se recorta después de la floración, quitando entre un tercio y la mitad del crecimiento del año, y siempre sobre madera con hoja verde. Los tomillos no rebrotan bien desde madera vieja desnuda: si cortas por debajo del follaje, esa rama no vuelve.
Aun podando bien, las matas envejecen. A partir del cuarto o quinto año se abren por el centro y pierden densidad. Lo eficiente es tener plantas de relevo y sustituir por tandas, no intentar rejuvenecer una mata acabada.
Multiplicarlos es fácil. Los esquejes semileñosos de cinco o seis centímetros tomados a finales de primavera enraízan en arena en pocas semanas. Los tapizantes van todavía más rápido por acodo natural: basta separar con una azadilla un trozo de mata que ya tenga raíces propias.
Con qué combinarlos y qué problemas dan
La regla de oro es asociarlos con plantas de las mismas exigencias, porque el error habitual es meterlos en un macizo que se riega para otra cosa. Funcionan de maravilla con lavandas y cantuesos, romeros, santolinas, jaras, salvias arbustivas, teucrios, euforbias mediterráneas y gramíneas secas como Stipa o Festuca.
Problemas, pocos. Prácticamente no tienen plagas y las enfermedades que sufren son casi siempre hongos de raíz asociados a exceso de humedad, es decir, un problema de emplazamiento y no un problema sanitario. En maceta hay que vigilar dos cosas: que el tiesto tenga drenaje real y que no se quede meses seco del todo, porque en contenedor el volumen de tierra es pequeño y el tomillo, aunque resista sequía, también tiene un límite.
En resumen
Los tomillos son la base de la jardinería mediterránea de bajo riego: pleno sol, suelo pobre y drenante, caliza sin problema en la mayoría de las especies, riego solo el primer verano y cero abono. El fracaso casi siempre tiene la misma causa, exceso de agua en el suelo, y casi siempre se resuelve plantando elevado y acolchando con grava en vez de con materia orgánica.
Elige según la función: matas erguidas como Thymus vulgaris, Thymus mastichina o los endemismos del sur para borduras y rocallas, y rastreros del grupo serpyllum y praecox para juntas de pavimento, cubiertas y alfombras de paso ligero. Planta en otoño, recorta cada año después de la floración sin entrar en madera vieja y ten repuesto preparado para cuando las matas se abran, hacia el quinto año.