Las peperomias son plantas de interior pequeñas, de hojas carnosas y con una variedad de formas, colores y texturas que no tiene casi ningún otro género: las hay redondas y lustrosas, arrugadas como cuero, plateadas, rojas por el envés, en forma de gota, colgantes con hojitas de milímetros o casi suculentas. Ninguna pasa de treinta centímetros, así que caben en una estantería.

Son además de las plantas más fáciles que se pueden tener, con una condición: hay que regarlas menos de lo que uno cree. Casi todas son epífitas o semiepífitas, es decir, en su medio natural viven sobre troncos, ramas y madera en descomposición del sotobosque tropical, no en el suelo. Eso explica su raíz pequeña, su necesidad de sustrato aireado y su rechazo absoluto a tener los pies mojados.

Nueve peperomias de follaje extraordinariamente diverso.

Qué son y de dónde vienen

El género Peperomia pertenece a las piperáceas, la misma familia que la pimienta negra, y reúne más de mil especies, la mayoría de las selvas tropicales de América, con algunas asiáticas y africanas. De ese enorme repertorio la jardinería de interior ha seleccionado unas cuantas decenas, y sobre ellas se han obtenido muchos cultivares.

Sus flores son espigas finas y erguidas, verdosas o blanquecinas, que parecen colas de ratón y que no tienen ningún valor ornamental. Nadie cultiva una peperomia por su flor: lo que se busca es la hoja.

Las más frecuentes en las tiendas

  • Peperomia obtusifolia. La más popular y la más resistente, con hojas redondeadas, gruesas y coriáceas, verdes o variegadas en crema y amarillo. Es la que se recomienda para empezar.
  • Peperomia caperata. Hojas acorazonadas de superficie profundamente arrugada a lo largo de las nervaduras, muy oscuras en algunos cultivares y rojizas por el envés o por las dos caras. De hoja más fina que la anterior, agradece algo más de humedad ambiental.
  • Peperomia polybotrya. Grandes hojas verdes brillantes en forma de gota sobre pecíolos largos. Se confunde a menudo con la Pilea peperomioides, que es otra planta: en la pilea el pecíolo se inserta en el centro de la hoja, en la peperomia lo hace en el borde.
  • Peperomia rotundifolia. Tallos finos y colgantes cubiertos de hojitas redondas y diminutas de un verde claro. Ideal para un estante alto o una maceta colgante pequeña.
  • Peperomia graveolens. Hojas muy gruesas, alargadas y abarquilladas, verdes por arriba y rojo rubí por debajo. Se comporta prácticamente como una suculenta y quiere aún menos agua que las demás.
  • Peperomia argyreia, la peperomia sandía, de hojas ovaladas con bandas plateadas radiales que recuerdan la piel de una sandía.
  • Peperomia griseoargentea, de hojas gris plateado con las nervaduras profundamente marcadas, y las de porte colgante y follaje menudo tipo Peperomia angulata, con venas blancas sobre verde oscuro.

Luz

Un sitio luminoso sin sol directo. Junto a una ventana orientada al este, o algo retirada de una ventana al sur o al oeste. El sol directo de mediodía les decolora y les quema la hoja, que es lo único que tienen.

Toleran bastante penumbra sin morirse, pero se nota: los tallos se alargan buscando la luz, las hojas quedan más separadas y las variegadas pierden el dibujo y se vuelven verdes. Ese aclarado no se recupera; hay que cortar la parte estirada y dejar que rebrote con más luz.

Son de las pocas plantas de interior que van muy bien bajo iluminación artificial de una estantería, precisamente porque no necesitan mucha intensidad.

Riego, que es donde se pierden

Sus hojas carnosas almacenan agua, así que aguantan la sequía mucho mejor que el exceso. El error clásico es tratarlas como un helecho.

La pauta correcta es dejar secar la superficie del sustrato, y en las de hoja más gruesa incluso la mitad superior del cepellón, antes de volver a regar. Riego abundante cuando toca, dejando escurrir bien, y nunca agua estancada en el plato ni en el cubremacetas. El riego por inmersión, sumergiendo la base del tiesto en un par de dedos de agua unos minutos, es cómodo y evita mojar el cuello de la planta.

En invierno, con menos luz y menos crecimiento, el intervalo se alarga mucho. Una peperomia en un piso frío en enero puede pasar tres semanas sin agua sin inmutarse.

Humedad y temperatura

Aquí conviene distinguir. Las de hoja fina, como la caperata o la argyreia, agradecen humedad ambiental y sufren con el aire seco de la calefacción. Las de hoja gruesa, como la obtusifolia o la graveolens, no la necesitan en absoluto, y pulverizarlas de forma habitual sólo consigue manchas en las hojas.

Si hay que aumentar la humedad, es más eficaz agrupar plantas o poner el tiesto sobre una bandeja con grava húmeda, sin que la maceta toque el agua, que pulverizar.

De temperatura, las corrientes normales de una vivienda les valen. Lo que no toleran es el frío: por debajo de unos doce o quince grados empiezan a sufrir, y una corriente fría de invierno junto a una ventana mal ajustada les hace perder hojas.

Sustrato, maceta y trasplante

Sustrato ligero y muy aireado, porque su raíz es la de una planta que vive sobre corteza. Una mezcla de sustrato universal con un tercio de perlita y algo de corteza fina funciona bien; un sustrato para orquídeas terrestres o para aráceas también.

La maceta, pequeña y más bien baja. Sus raíces son superficiales y les va bien ir algo justas. Un tiesto grande retiene humedad durante días y es la vía rápida a la podredumbre del cuello. Agujero de drenaje, siempre.

Se trasplantan poco, cada dos o tres años, en primavera, subiendo apenas una talla. Abono para plantas verdes a media dosis cada tres o cuatro semanas de primavera a principios de otoño, y nada en invierno.

Cómo multiplicarlas

Es una de sus mayores gracias y explica por qué la gente acaba con una colección. Hay dos métodos según la planta.

Esqueje de tallo, para las de porte erguido o colgante como la obtusifolia o la rotundifolia: se corta un trozo de tallo con dos o tres pares de hojas por debajo de un nudo, se retiran las hojas inferiores y se planta en sustrato húmedo o se pone en agua. Enraíza en pocas semanas.

Esqueje de hoja, para las de roseta como la caperata o la argyreia: se corta una hoja sana con un par de centímetros de pecíolo y se clava en el sustrato, o se corta la hoja por la mitad transversalmente y se entierra ligeramente el borde cortado. De la base salen al cabo de unas semanas plantitas nuevas. Requiere paciencia y humedad constante, cubriendo el tiesto con una bolsa o una botella ventilada cada pocos días.

Problemas frecuentes

Hojas que caen de golpe: casi siempre exceso de agua o frío. Si el tallo está blando y oscuro en la base, hay podredumbre; entonces lo que se salva son los esquejes de la parte sana, no la planta.

Bultitos corchosos en el envés, típicos de la obtusifolia: es edema, provocado por riegos irregulares y ambiente muy húmedo. No es una plaga ni una enfermedad, y se corrige regularizando el riego, aunque las hojas afectadas ya no se recuperan.

Hojas arrugadas y flácidas: puede ser falta de agua, pero antes de regar conviene comprobar la raíz, porque una raíz podrida da exactamente el mismo síntoma.

De plagas se libran bastante. Lo más habitual es la cochinilla algodonosa escondida entre los pecíolos y en la base de la planta, que se retira con un bastoncillo.

Cómo agruparlas

Comparten requisitos, así que conviven bien en un mismo recipiente siempre que este tenga drenaje, condición que muchos cuencos decorativos no cumplen. La alternativa segura es mantener cada planta en su tiesto y agrupar los tiestos dentro de un cesto o una bandeja, que además permite sacar una si va mal sin desmontar el conjunto.

En zonas litorales sin heladas se pueden tener fuera durante el buen tiempo, en un rincón a la sombra y resguardado de la lluvia intensa.

Un detalle que muchos agradecerán: las peperomias no figuran entre las plantas de interior que se consideran tóxicas, lo que las convierte en una opción tranquila para casas con niños pequeños o con gatos aficionados a mordisquear.

En resumen

La peperomia es una planta de interior pequeña, muy decorativa por su hoja y de las más fáciles que existen, siempre que se recuerde de dónde viene: es una epífita de sotobosque, con raíz escasa, que necesita luz sin sol directo, sustrato aireado, maceta pequeña con drenaje y riego espaciado.

Casi todo lo que le pasa a una peperomia viene de haber regado de más. Si a eso se le suma que se multiplican con un simple esqueje de hoja o de tallo, se entiende por qué la gente que empieza con una acaba teniendo ocho.


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