Los ficus de hoja grande son la manera más directa de llenar de verde un rincón de casa con una sola planta. Un Ficus lyrata adulto, con sus hojas en forma de lira de hasta cuarenta centímetros, ocupa visualmente lo que ocuparían diez macetas pequeñas. Y a diferencia de otras plantas de moda, son especies duraderas: bien colocadas duran décadas.

El punto que hay que entender antes de comprar uno es que detestan los cambios. Un ficus invierte mucha energía en adaptar sus hojas a una intensidad de luz concreta, y cuando se le cambia de sitio las tira y empieza de cero. La mayoría de los fracasos con estas plantas no son de riego ni de abono: son de haberlas movido tres veces buscándoles el mejor rincón.

Tres ficus de hojas grandes: lyrata, cyathistipula y elastica, el popular gomero (desde la izquierda).

Las tres especies y en qué se diferencian

El Ficus elastica, el gomero, procede del noreste de la India y del sudeste asiático. Es el más resistente y sufrido de los tres y el que mejor aguanta condiciones mediocres. Sus hojas son ovales, gruesas, coriáceas y muy brillantes, con el nervio central marcado, y los brotes nuevos salen envueltos en una vaina rojiza que se cae al desplegarse la hoja. Tiende a crecer en columna, con lo que ocupa poco suelo pese al tamaño de las hojas. Los cultivares variegados en crema, rosa y rojo son más delicados y necesitan bastante más luz que el verde.

El Ficus lyrata, la higuera hoja de violín, viene de África occidental. Es el más espectacular y el más caprichoso: hojas enormes, onduladas, con nervadura muy marcada, sobre un tronco que en interior tiende a crecer recto y desnudo. Acusa mucho más que el gomero los cambios de sitio, las corrientes y los errores de riego. Hay cultivares compactos, de hoja más pequeña y gruesa, pensados para espacios reducidos.

El Ficus cyathistipula, la higuera africana, es el menos conocido y merece más atención. Tiene hojas parecidas a las del gomero en la forma, pero más pequeñas y mucho más abundantes, sobre ramas finas y flexibles. El conjunto es más ligero y frondoso, y se comporta bien en semisombra luminosa.

Luz

Los tres quieren mucha claridad, y ninguno quiere sol directo del mediodía, que les quema manchas pardas irreversibles en la hoja.

El gomero es el más exigente en luz, sobre todo en sus formas variegadas, y agradece algo de sol directo de primera hora de la mañana. El lyrata y el cyathistipula prefieren una semisombra luminosa: junto a una ventana grande pero fuera del haz de sol, o a un par de metros de una ventana muy luminosa.

Si la planta se inclina hacia la ventana, gira el tiesto un cuarto de vuelta cada dos o tres semanas. Eso sí se puede hacer sin traumas; lo que no conviene es cambiarla de habitación.

Un truco de colocación: estos ficus lucen mucho más contra un fondo claro e iluminado, que resalta el brillo, el perfil y la nervadura de las hojas. Y de paso, ese es justamente el sitio donde reciben la luz que necesitan.

Riego, que es donde se falla

El exceso de agua mata muchos más ficus que la sequía. La raíz se asfixia, se pudre, y el síntoma que llega arriba (hojas amarillas o con manchas pardas que caen) se parece bastante al de la falta de agua, con lo que mucha gente riega más y remata la planta.

La regla es sencilla: regar cuando los dos o tres primeros centímetros del sustrato estén secos al tacto, hacerlo en abundancia hasta que salga agua por el drenaje, y vaciar el plato al cabo de un rato. Nunca dejar la maceta en agua estancada. En invierno, con la planta parada y menos luz, el intervalo se alarga bastante.

El agua conviene que esté a temperatura ambiente. Un riego con agua fría del grifo en enero es un choque térmico para la raíz.

Temperatura, corrientes y humedad

Son plantas tropicales: quieren temperatura estable y templada, y sufren por debajo de unos doce o quince grados. Lo que peor llevan no es el frío en sí, sino la corriente: una puerta al patio que se abre cada día en invierno, un aparato de aire acondicionado soplando cerca o un radiador debajo de la maceta bastan para que empiecen a caer hojas.

La humedad ambiental de una casa española con calefacción es baja para ellos, aunque lo toleran mejor que otras tropicales. Agrupar plantas y darles una ducha de vez en cuando ayuda más que pulverizar.

Sustrato, maceta y trasplante

Sustrato universal o para plantas de interior, aligerado con un puñado de perlita o corteza fina para que drene mejor. Maceta con agujeros, siempre, y no mucho mayor que el cepellón: en un tiesto desproporcionado el sustrato tarda días en secar y la raíz se pudre.

El trasplante se hace en primavera, cada uno o dos años mientras la planta es joven, subiendo un par de tallas de maceta. En ejemplares grandes, cuando ya no interesa que crezcan más ni es manejable cambiarlos de tiesto, basta con retirar los cinco centímetros superiores de sustrato cada primavera y sustituirlos por tierra nueva con un poco de compost.

Abono para plantas verdes cada dos o tres semanas de primavera a principios de otoño, y nada en invierno.

Limpieza de las hojas

El polvo sobre una hoja grande no es sólo cuestión de estética: reduce la luz que llega a la planta, que en interior ya es escasa. Un paño suave humedecido en agua, sujetando la hoja por debajo con la otra mano, cada dos o tres semanas. Nada de abrillantadores comerciales, que taponan los estomas y a la larga dañan la hoja.

En los meses templados, sacar la planta a la terraza y darle una ducha con la manguera, o dejarla bajo una lluvia suave, es lo mejor que se le puede hacer: limpia el polvo, arrastra plagas incipientes y lava las sales acumuladas en el sustrato.

Poda y ramificación

Estos ficus crecen hacia arriba y sin ramificar mientras la yema de la punta esté intacta. Si lo que se quiere es una planta más ancha y ramificada, hay que cortar esa yema: se poda la punta en primavera, por encima de una hoja, y de las yemas laterales que hay debajo saldrán dos o tres ramas nuevas.

Al cortar, cualquier ficus suelta un látex blanco y pegajoso. Sangra bastante, y se detiene aplicando un algodón húmedo o rociando el corte con agua. Conviene proteger el suelo, porque el látex mancha.

Multiplicación por acodo aéreo

Los esquejes de estas especies enraízan con dificultad, y el método fiable es el acodo aéreo, que además sirve para recuperar un ejemplar que se ha quedado alto y pelado por abajo.

Se elige un punto del tronco a la altura donde se quiere la nueva planta, se hace una incisión anular retirando un anillo de corteza de un centímetro, se envuelve la herida con musgo esfagno bien humedecido y se cubre todo con plástico transparente atado por arriba y por abajo. En unas semanas se ven raíces a través del plástico. Entonces se corta el tronco justo por debajo del acodo y se planta la parte superior, ya enraizada. La parte que queda en la maceta suele rebrotar.

Por qué se caen las hojas

La caída de hojas es el idioma con el que un ficus protesta, y siempre apunta a un cambio. Por orden de frecuencia: cambio de sitio o de orientación, corriente de aire frío, exceso de riego, cambio brusco de temperatura, y falta de luz mantenida. Si la planta acaba de llegar de la tienda y pierde algunas hojas, es adaptación normal y se estabiliza en unas semanas si no se la vuelve a mover.

Las manchas pardas en el borde suelen ser sol directo o aire seco; las manchas pardas en el centro de la hoja, con halo amarillo, apuntan a problemas de raíz por exceso de agua.

Plagas

La cochinilla, sobre todo la de escudo y la algodonosa, es la plaga habitual, agazapada en el envés junto al nervio y en las axilas. Se retira a mano con un paño humedecido o un bastoncillo, que es el método menos agresivo y suele bastar en interior. La araña roja aparece con aire muy seco. En ambos casos, la ducha periódica es la mejor prevención.

El látex: precaución con niños y mascotas

La savia lechosa de los ficus es irritante para la piel y tóxica por ingestión, tanto para personas como para perros y gatos. Conviene podar con guantes y colocar la planta donde una mascota que mordisquee no llegue a las hojas. Si hay ingestión o una reacción cutánea, quien decide es un médico o un veterinario.

Sobre esa idea tan repetida de que estas plantas purifican el aire de casa, conviene bajar las expectativas: procede de ensayos hechos en cámaras cerradas de laboratorio, y trasladar aquellos resultados a una habitación ventilada exigiría una cantidad de plantas desproporcionada. Un ficus es una gran planta por lo que es; no sustituye a abrir la ventana.

En resumen

El gomero es el más resistente de los tres y el que más luz pide, sobre todo en sus formas variegadas; el lyrata es el más vistoso y el más sensible a cualquier cambio; el cyathistipula es una alternativa frondosa y poco conocida que se conforma con semisombra luminosa.

Los tres piden lo mismo: mucha claridad sin sol directo de mediodía, riego sólo cuando la superficie del sustrato esté seca, maceta ajustada con buen drenaje, temperatura estable lejos de corrientes y radiadores, hojas limpias de polvo y, sobre todo, quedarse quietos en el mismo sitio. Y hay que recordar que su látex es irritante y tóxico por ingestión.


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