Las hortensias tienen fama de exigentes y no lo son tanto: lo que ocurre es que sus dos necesidades básicas, sombra en las horas de calor y agua constante, son justamente las que más cuesta darles en el clima de casi toda España. Resuelto el emplazamiento, el mantenimiento anual se reduce a regar, acolchar, abonar poco y podar bien.
Y de esas cuatro cosas, la que más problemas causa es la poda, porque no se poda igual una Hydrangea macrophylla que una paniculata. Hacerlo al revés es la causa más frecuente de que una hortensia sana no dé una sola flor en todo el verano. Las especies del género están descritas en la primera parte.
Para cultivar en los tiestos de la terraza son perfectas las variedades de hortensias compactas. En la foto, distintas variedades y colores de Hydrangea macrophylla e H. paniculata.
Dónde plantarlas
En la cornisa cantábrica y en Galicia las hortensias viven bien incluso a pleno sol, porque el aire húmedo y las temperaturas suaves compensan. En el resto de España la semisombra o la sombra luminosa son obligadas: sol de mañana y protección a partir del mediodía.
El sitio ideal, en cualquier zona, es el pie de árboles caducifolios. Ahí reciben luz en primavera, cuando el árbol aún no tiene hoja, sombra en verano cuando la copa está llena, y un suelo fértil, fresco y mullido por la hojarasca acumulada. En una terraza, el equivalente es un rincón resguardado orientado al este o al norte.
Hay un factor que se pasa por alto y hace tanto daño como el sol: el viento seco. Deshidrata las hojas grandes de la macrophylla a una velocidad que el riego no compensa. Un muro, un seto o el abrigo de otras plantas resuelven el problema.
Y otro que decide la floración en el interior peninsular: las heladas tardías. Las yemas de flor de la macrophylla se forman el verano anterior y una helada de marzo o abril las mata sin que se note hasta que llega julio y no hay flor. En zonas de heladas tardías conviene plantarlas donde el sol de la mañana no dé de golpe sobre la planta helada, y no retirar las corolas secas hasta que haya pasado el riesgo.
Suelo, plantación y trasplante
Quieren un suelo fértil, mullido, permeable y fresco, con buen contenido en materia orgánica, y de reacción ácida o como mucho neutra. Un suelo calizo les provoca clorosis férrica, que se ve como hojas nuevas amarillas con los nervios verdes y tallos débiles. Se corrige con quelato de hierro y aportes de turba rubia y materia orgánica, pero en un terreno muy calizo la solución realista es la maceta.
Se plantan en otoño en clima suave y a la salida del invierno en zonas frías, nunca en pleno invierno ni en pleno verano. El hoyo, del doble del cepellón, se rellena con la tierra mejorada con compost, se asienta bien y se riega en abundancia.
En maceta, sustrato para acidófilas, recipiente amplio y trasplante en invierno con la planta sin hojas, pasando a un tiesto algo mayor cada dos o tres años.
Riego
Es su exigencia principal. No toleran la sequía y rechazan el suelo seco. En verano, y sobre todo en maceta, el riego es diario y abundante en clima mediterráneo.
Conviene regar al pie y no por aspersión: mojar las hojas y las corolas densas favorece los hongos y estropea la flor. El riego por goteo es la solución más cómoda para un macizo. Y siempre que sea posible, agua de lluvia o poco caliza, porque el agua dura va alcalinizando el sustrato temporada tras temporada.
Una hortensia que se marchita a mediodía y se recupera al caer el sol está en el límite pero no en peligro. Si sigue caída por la mañana, ha pasado sed de verdad y lo va a pagar en flor.
Acolchado y abonado
El acolchado es la medida más rentable que existe con estas plantas. Una capa de compost, corteza de pino o mantillo alrededor del pie mantiene el suelo fresco, reduce la frecuencia de riego, aporta nutrientes según se descompone y frena las hierbas. En clima mediterráneo no es un lujo, es lo que hace viable el cultivo.
Sobre abonado, poco y del adecuado. Un ejemplar plantado bajo árboles caducifolios en suelo rico y acolchado con compost no necesita nada más. En maceta, un abono de liberación lenta para acidófilas a la salida del invierno y aportes líquidos durante la floración. Si se busca mantener el azul, conviene un fertilizante bajo en fósforo, según se explica en el color de las hortensias.
La poda: madera vieja o madera nueva
Todo se reduce a saber dónde nace la flor de cada especie. Las que florecen sobre la madera del año anterior no admiten poda severa en invierno, porque en esas ramas están las yemas de flor. Las que florecen sobre los brotes del año se podan fuerte, y cuanto más se rebajan más vigorosos salen los tallos nuevos.
| Especie | Florece en | Poda |
|---|---|---|
| H. macrophylla | Madera vieja | Final del invierno: cortar un tercio de las ramas que florecieron, por encima de un par de yemas buenas, y eliminar a ras la madera muerta |
| H. serrata | Madera vieja | Igual que la anterior, aún más ligera |
| H. quercifolia | Madera vieja | Prácticamente ninguna: sólo retirar corolas secas y ramas dañadas |
| H. paniculata | Madera nueva | Poda fuerte al final del invierno para forzar tallos nuevos |
| H. arborescens | Madera nueva | Poda severa al final del invierno |
| H. aspera | Madera vieja | Sólo retirar las cabezas florales por encima del primer par de yemas |
| H. petiolaris | Madera vieja | Ninguna, salvo contener su extensión tras la floración |
El momento importa tanto como el tipo. En zonas de inviernos duros conviene esperar al final del invierno y no podar en otoño, porque las corolas secas y las ramas del año protegen del frío las yemas que están debajo. En clima suave se puede adelantar.
Con los años, cualquier hortensia se ahueca y produce ramas viejas, gruesas y poco productivas. La solución es una poda de renovación: retirar a ras del suelo dos o tres de las ramas más viejas cada año, de forma que la mata se vaya sustituyendo por completo en un ciclo de cuatro o cinco años sin quedarse nunca sin flor.
Por qué una hortensia no florece
Casi siempre es una de estas cinco causas, en este orden de frecuencia.
- Poda equivocada. Rebajar en invierno una macrophylla o una quercifolia elimina toda la flor del año.
- Helada tardía. Mata las yemas ya formadas. La planta brota con normalidad pero no da corolas.
- Demasiada sombra. Sombra luminosa sí, penumbra profunda no. Sin algo de luz directa la planta vegeta pero no forma flor.
- Sequía del verano anterior. Las yemas se forman en verano; una planta que pasó sed en agosto no tiene con qué florecer al año siguiente.
- Exceso de nitrógeno. Produce hoja grande y verde oscuro a costa de la flor.
Plagas y enfermedades
Son plantas bastante sanas. El problema más habitual son los caracoles y babosas, que perforan las hojas tiernas de primavera, sobre todo en suelo húmedo y acolchado. Se controlan a mano al anochecer y retirando escondrijos junto a la mata.
Después vienen los hongos, todos favorecidos por mojar el follaje y por plantaciones demasiado densas: oídio, que deja polvo blanco en el envés, mancha foliar, con manchas pardas redondeadas, y botritis, que pudre las corolas en episodios largos de lluvia. Airear la mata, regar al pie y retirar hoja y flor afectadas resuelve la mayoría de los casos.
En terrazas cálidas y secas puede aparecer araña roja, y en los brotes tiernos de primavera, pulgón. La clorosis no es una enfermedad sino un problema de suelo, y se corrige como se ha dicho.
Multiplicación por esqueje
Es fácil y da plantas idénticas a la madre. A mediados o finales de verano se toma un esqueje de diez a quince centímetros de un brote del año que no lleve flor, se corta justo por debajo de un nudo y se le quitan las hojas inferiores, dejando el par superior. Si las hojas son muy grandes se cortan por la mitad para reducir la pérdida de agua.
Se planta en una mezcla ligera de turba y perlita, se riega, y se mantiene a la sombra y con humedad alta, cubierto con una bolsa o una botella cortada que hay que ventilar cada pocos días. Enraíza en unas semanas. La planta joven se protege el primer invierno y se planta en su sitio definitivo la primavera siguiente.
En resumen
Una hortensia bien colocada, a media sombra, resguardada del viento seco y con el suelo acolchado, sólo pide agua abundante y regular y un abonado discreto para acidófilas. En suelo calizo hay que corregir con quelato de hierro o pasarse a la maceta con sustrato específico.
La poda es lo único que exige criterio: macrophylla, serrata, quercifolia, aspera y petiolaris florecen sobre madera vieja y se podan poco y al final del invierno; paniculata y arborescens florecen sobre madera nueva y admiten poda severa. Si una hortensia sana no florece, la respuesta suele estar ahí o en una helada tardía. Las especies menos habituales del género están en la tercera parte.