La pregunta que más se hace sobre las hortensias tiene una respuesta concreta: el color azul o rosa de una Hydrangea macrophylla no lo decide el cultivar, lo decide el suelo. En terreno ácido, con un pH por debajo de 5,5, el aluminio que hay en la tierra se vuelve soluble, la planta lo absorbe y la flor sale azul o violeta. En terreno neutro o calizo ese aluminio queda bloqueado y la misma planta florece en rosa.

Por eso una hortensia comprada azul en un vivero de Cantabria se vuelve rosa al segundo año en un jardín de Valencia, sin que nadie haya hecho nada mal. Y por eso la manera de tener hortensias azules fuera de la España atlántica pasa casi siempre por la maceta, donde se controla el sustrato y el agua de riego.

En los jardines del norte de España las hortensias muestran todo su esplendor, favorecidas por el clima húmedo y el calor suave.

Qué cultivares cambian de color y cuáles no

Antes de intentar nada conviene saber que el fenómeno afecta sólo a Hydrangea macrophylla y a Hydrangea serrata. Las Hydrangea paniculata, arborescens, quercifolia y petiolaris no responden al pH: su blanco, su crema o su rosado dependen del cultivar y de la edad de la flor, y ningún tratamiento los vuelve azules.

Dentro de las macrophylla, tampoco todas responden igual. Los cultivares blancos no viran, o como mucho toman un tinte azulado muy leve. Los rosas fuertes tienden a dar violetas y azules profundos en suelo ácido. Los rosas pálidos dan azules más suaves. La genética marca la intensidad, y el suelo marca hacia qué lado se va.

Cómo conseguir el azul

Hacen falta dos cosas a la vez, y de nada sirve una sin la otra: acidez y aluminio disponible.

Lo primero es el sustrato. Si la planta está en maceta, se planta en sustrato para acidófilas, del que se usa para azaleas, camelias y rododendros. Si está en el suelo y el terreno es calizo, la batalla es cuesta arriba: se puede acidificar la zona del cepellón con turba rubia y materia orgánica ácida, pero el agua de riego y el propio suelo van revirtiendo el efecto año tras año.

Lo segundo es el aluminio. Los productos que se venden como azuladores de hortensias son básicamente sulfato de aluminio, a veces con hierro quelatado. Se aplican disueltos en el agua de riego siguiendo la dosis del envase, en varias aportaciones repartidas entre el final del invierno y mediados del verano. Pasarse de dosis no da más azul: daña la raíz.

Lo tercero, y es lo que más gente falla, es el abono. Los fertilizantes ricos en fósforo trabajan en contra, porque el fosfato precipita el aluminio y lo deja inutilizable para la planta. Si se busca el azul, hay que usar un abono para acidófilas, con poco fósforo.

Y lo cuarto es el agua. En buena parte del este y el sur peninsular el agua del grifo es dura, y regar con ella sube el pH del sustrato de forma constante. Agua de lluvia siempre que se pueda.

Un aviso realista: el cambio no es inmediato. Las corolas ya abiertas no cambian, y el color se manifiesta en la floración siguiente. Contar con una temporada completa es lo normal.

Cómo conseguir el rosa

Es la operación inversa y bastante más sencilla, porque en la mayor parte de España el suelo ya juega a favor. Se sube el pH aportando caliza al terreno o regando con agua dura, y se usa un abono con más proporción de fósforo, que además bloquea el aluminio residual. En maceta basta con un sustrato universal en lugar de uno para acidófilas.

Hortensias fuera del norte de España

Que la hortensia sea la planta emblemática de los jardines cantábricos y gallegos no significa que sólo sirva allí. Significa que allí no hay que hacer nada y en el resto sí. Estas son las condiciones que hay que reproducir.

Sombra en las horas de calor. En el norte pueden ir a pleno sol; en clima mediterráneo y en el interior necesitan semisombra o sombra luminosa, protegidas del sol de mediodía y de la tarde. El sol directo de julio les quema las hojas y les seca las corolas en dos días.

Agua, mucha y constante. No toleran la sequía. El nombre del género viene precisamente de su necesidad de agua. Una hortensia que se marchita a mediodía y se recupera por la noche está avisando de que va justa; una que se marchita y no se recupera ha pasado del límite. En verano mediterráneo, en maceta, esto significa regar a diario.

Protección del viento seco. Es un factor que se ignora y que hace tanto daño como el sol. Un patio resguardado o el abrigo de un muro cambian por completo el resultado.

Acolchado. Una capa de corteza de pino o de compost sobre el sustrato mantiene la raíz fresca y reduce mucho la frecuencia de riego. En cultivo mediterráneo no es opcional.

El cultivo en maceta

Es la fórmula que funciona en el resto del país, y tiene tres ventajas: se controla el sustrato, se controla el agua y se puede mover la planta según la estación.

La maceta debe ser amplia y con buen drenaje, y el sustrato, específico para acidófilas si se busca el azul. El trasplante se hace en invierno, con la planta sin hojas y en reposo, pasando a un recipiente algo mayor cada dos o tres años y renovando el sustrato de la superficie los años intermedios.

En abonado, un fertilizante de liberación lenta para plantas acidófilas al arrancar la primavera y aportes líquidos durante la floración. Si aparecen hojas nuevas amarillas con los nervios verdes, es clorosis férrica por exceso de cal, y se corrige con quelato de hierro y revisando el agua de riego.

Las hortensias de regalo, en flor y en tiesto

Las que se venden floridas en marzo o abril son ejemplares forzados en invernadero, adelantados varios meses respecto a su ciclo natural. Duran mucho dentro de casa si se les da un sitio fresco, muy luminoso y sin sol directo, lejos de radiadores, y se riegan con generosidad sin dejar agua en el plato. El aire cálido y seco de un salón es lo que acorta su vida.

Terminada la floración, lo sensato es sacarlas fuera, a una terraza o al jardín, y tratarlas ya como planta de exterior. El primer año suelen florecer poco o nada mientras se reajustan al ciclo natural. A partir del segundo entran en ritmo.

Flor cortada y flor seca

Para ramo fresco conviene cortar por la mañana temprano, con las corolas ya bien formadas, y sumergir el tallo inmediatamente en agua. Las hortensias absorben mucha agua por el tallo y también por las brácteas, así que si un ramo se viene abajo se puede recuperar sumergiendo las cabezas enteras en agua un rato.

Para secarlas hay que esperar. Si se cortan en pleno esplendor de julio se arrugan; si se dejan en la planta hasta el final del verano o principios de otoño, cuando las corolas empiezan a virar a verdes, pardos y granates y adquieren un tacto de papel, se secan solas y conservan la forma y el color durante meses. Se cortan y se ponen boca abajo en un sitio seco y aireado.

Una advertencia sobre su toxicidad

Las hortensias contienen glucósidos cianogénicos y son tóxicas por ingestión, tanto las hojas como los brotes y las flores. No se comen, ni se usan en infusión, ni se decoran platos con ellas, por muy bonitas que sean. También hay que tenerlo en cuenta con animales domésticos que mordisqueen las plantas del jardín. Ante una ingestión, quien decide es un médico o un veterinario.

En resumen

El azul de una hortensia depende de que el suelo sea ácido y de que haya aluminio disponible, y sólo se da en Hydrangea macrophylla y Hydrangea serrata. Se consigue con sustrato para acidófilas, sulfato de aluminio a la dosis indicada, abono bajo en fósforo y agua de lluvia. El rosa se obtiene haciendo lo contrario, y en la mayor parte de España viene solo.

Fuera de la cornisa cantábrica, la hortensia es perfectamente cultivable si se le da sombra en las horas centrales, resguardo del viento seco, riego abundante y acolchado, y la maceta con sustrato controlado es la vía más cómoda. Y conviene recordar que la planta es tóxica por ingestión, un dato que casi nunca aparece junto a la etiqueta.


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