La heuchera es una vivaz de mata baja que se cultiva por la hoja, no por la flor. Forma rosetas redondeadas de veinte a cuarenta y cinco centímetros de alto, con hojas palmeadas de borde liso, ondulado o encrespado, y una gama de colores que no tiene equivalente entre las plantas de exterior: vino, granate, ámbar, bronce, plateado, púrpura, verde ácido, casi negro, muchas veces con las nervaduras marcadas en otro tono.
Es además una planta rústica de verdad. Aguanta sin daño los inviernos de la Meseta, mantiene el follaje buena parte del año y no se hace invasiva. Lo que sí tiene son dos exigencias claras que deciden el resultado: sombra parcial en verano y un suelo que no se encharque. Con eso resuelto es de las vivaces menos trabajosas que se pueden plantar.
Los colores del follaje de las heucheras son sorprendentes, como los rojos ciruela del cultivar Beauty of Color. Foto: Tom Potterfield
De dónde vienen y por qué importa
El género Heuchera es norteamericano y pertenece a las saxifragáceas. Los cultivares de jardín son híbridos complejos obtenidos a partir de varias especies silvestres, y su procedencia explica bastante bien cómo se comportan aquí. Las que descienden de especies de montaña del oeste americano toleran muy bien el frío pero acusan el calor húmedo. Las que llevan sangre de Heuchera villosa, especie del este de Estados Unidos, aguantan mucho mejor los veranos calurosos, y son las que conviene buscar en clima mediterráneo.
Todas ellas son plantas de sotobosque, de linde de bosque y de roquedo umbrío. Ese es el ambiente que hay que imitar: luz filtrada, suelo con materia orgánica, humedad constante sin agua parada y algo de protección frente al sol de la tarde.
El color de la hoja no es fijo
Conviene saberlo antes de comprar, porque es fuente de decepciones. El tono del follaje de una heuchera cambia con la estación, con la cantidad de luz que recibe y con la edad de la hoja. Un cultivar ámbar puede virar a naranja en otoño y a verde bronce en pleno verano. Los rojos y púrpuras se intensifican con más luz y se apagan a la sombra profunda; los amarillos y ámbar, en cambio, se queman con sol directo fuerte.
La consecuencia práctica es que la ubicación hay que ajustarla al color que se busca. Si quieres que un cultivar oscuro luzca su tono vino, dale sol de mañana. Si quieres proteger un cultivar de hoja clara, ponlo donde no le llegue el sol después del mediodía.
Entre abril y junio salen varas florales finas y altas, muy por encima de la mata, con racimos de campanillas diminutas blancas, crema o rosadas. En algunos cultivares el efecto de nube es notable, y las abejas las visitan mucho. En otros la flor es discreta y hay quien corta las varas para concentrar la planta en el follaje.
Dónde funcionan en España
En el norte peninsular, en zonas de montaña y en cualquier jardín con veranos frescos, la heuchera se planta a media sombra o incluso a pleno sol y da poco trabajo. Es una de las mejores vivaces para dar color continuo en un jardín de sombra atlántico.
En clima mediterráneo litoral y en el interior seco hay que cambiar el planteamiento. Sombra durante las horas centrales del día, riego regular en julio y agosto y acolchado grueso sobre el suelo. La combinación de sol directo, aire seco y suelo caliente les quema los bordes de la hoja y las hunde. En el sureste más árido no son la planta indicada.
El cultivo en maceta funciona bien y da margen para moverlas de sitio según la estación. Un tiesto ancho más que profundo, porque la raíz no es especialmente honda, y un lugar donde no se recaliente el propio recipiente.
Suelo y plantación
Piden un suelo rico en materia orgánica, mullido y con drenaje real. Ni encharcamiento invernal, que las pudre por el cuello, ni suelo compacto. En terrenos arcillosos conviene plantarlas algo elevadas, sobre un caballón, o mejorar el hoyo con compost y material grueso.
Prefieren pH neutro o ligeramente ácido. En los suelos calizos del este y el sur peninsular pueden mostrar clorosis, con las hojas nuevas amarillentas y los nervios verdes. Ahí compensa cultivarlas en maceta con un sustrato adecuado antes que pelearse con el suelo.
La época de plantación es el otoño en clima suave, para que enraícen antes del calor, o el final del invierno y la primavera en zonas de heladas fuertes. Distancia entre plantas, unos cuarenta centímetros si quieres matas individuales bien definidas, algo menos si buscas una masa continua.
Riego y abonado
Riego regular, sin dejar que el sustrato se seque del todo y sin mantenerlo empapado. En maceta y en verano mediterráneo esto significa vigilar a diario. Un acolchado de corteza de pino o de compost sobre la superficie es de lo más rentable que se puede hacer por ellas: conserva humedad, mantiene la raíz fresca y frena las hierbas.
En abonado, poco. Una aportación de compost en superficie a la salida del invierno cubre la temporada. Los abonos muy nitrogenados producen hojas grandes, blandas y de color deslucido, justo lo contrario de lo que da valor a estas plantas.
El cepellón que se levanta
Este es el punto que más se descuida y el que arruina las heucheras a medio plazo. Con los años, la planta forma un rizoma leñoso corto que va empujando la roseta hacia arriba, y el ciclo de heladas y deshielos acelera el proceso. Al final la mata queda con el cuello desnudo, colgando sobre el suelo, con raíces al aire y aspecto raquítico.
La solución es sencilla y hay que aplicarla cada tres o cuatro años: desenterrar la mata, cortar la parte vieja y leñosa del rizoma, separar las rosetas con raíz propia y volver a plantarlas más profundas, dejando la corona a ras de suelo. La mejor época es el otoño o el final del invierno. De paso se multiplica la planta sin coste.
Poda, limpieza y plagas
El mantenimiento se reduce a retirar las hojas viejas, marchitas o estropeadas por el invierno a la salida del frío, y a cortar las varas florales cuando se secan. Nada de poda severa: la heuchera no se rebaja.
De plagas se libra bastante, con una excepción importante en cultivo en maceta: las larvas del gorgojo de la vid (Otiorhynchus sulcatus). Son larvas blancas y curvadas que devoran las raíces desde dentro del cepellón, y el síntoma es una planta que decae de golpe y que se levanta del tiesto con un tirón suave porque ya no tiene raíz. Los adultos, escarabajos negros nocturnos, dejan mordeduras en semicírculo en el borde de las hojas: esa marca es el aviso temprano. Al detectarla conviene revisar el cepellón.
En enfermedades, el oídio en primaveras húmedas y la roya en ambientes cargados, ambas favorecidas por plantaciones demasiado densas y poco ventiladas.
Cómo combinarlas
Su mejor papel es el de relleno de color estable al pie de plantas más altas. Como no se hacen invasivas y su follaje se mantiene, funcionan como base continua bajo arbustos de sombra, entre gramíneas ornamentales y con vivaces de flor de temporada. En una bordura umbría, una masa de tres o cinco heucheras del mismo cultivar da mucho más resultado que una colección de colores distintos.
En composiciones de maceta aguantan bien la convivencia y son un contraste inmejorable para el verde plano de otras plantas de sombra. Combinan de forma natural con helechos y con Tiarella, que comparten exigencias casi idénticas.
En resumen
La heuchera es una vivaz de follaje de color que resuelve los rincones de sombra durante casi todo el año, muy rústica frente al frío y bastante exigente frente al calor seco. En la mitad norte se planta casi en cualquier sitio umbrío; en clima mediterráneo hay que darle sombra en las horas centrales, riego de verano y acolchado, y en suelos calizos compensa cultivarla en maceta.
Su cuidado se resume en suelo rico y drenado, humedad constante, abonado escaso y limpieza de hojas viejas. Y en una tarea que no conviene saltarse: dividir y replantar la mata cada tres o cuatro años, cuando el rizoma leñoso empieza a levantar la roseta del suelo. Es la diferencia entre una planta que se agota en cinco años y otra que se renueva sola indefinidamente.