Los helechos son plantas vasculares que no producen flores, frutos ni semillas: se reproducen por esporas. Ese detalle, que parece de manual, explica casi todo lo demás. Como la fase de reproducción necesita agua líquida para que las células masculinas alcancen a las femeninas, los helechos han quedado ligados a los sitios húmedos y umbríos, y de ahí vienen sus exigencias de cultivo, tanto en el jardín como dentro de casa.
Hay unas diez mil especies repartidas por casi todo el planeta, desde el sotobosque tropical hasta grietas de roca en zonas semiáridas, con tallas que van de unos pocos centímetros a helechos arborescentes de varios metros. En España tenemos más de un centenar de especies silvestres, concentradas sobre todo en la mitad norte y en las umbrías de montaña, y una parte de las que se cultivan en maceta son tropicales que aquí no salen de casa.
El Asplenium nidus es un helecho de grandes frondas; de origen epífito, solo soporta una luz muy tamizada.
Cómo es un helecho por dentro
La hoja de un helecho se llama fronda. Puede ser entera, como la lengua de ciervo, o estar dividida una, dos o tres veces, que es lo habitual. Las frondas jóvenes salen enrolladas sobre sí mismas, en el báculo característico que se despliega poco a poco, y esa es la señal más fiable de que la planta está creciendo bien.
El tallo es el rizoma, casi siempre subterráneo o rastrero por la superficie, y en los helechos arborescentes erecto y aéreo. Funciona como despensa: acumula reservas, y por eso muchos helechos de clima frío pueden secar por completo las frondas en invierno y rebrotar en primavera desde un rizoma que sigue vivo bajo tierra.
En el envés de las frondas fértiles aparecen los soros, esos puntos o rayas pardas que la gente confunde a menudo con cochinilla. Son agrupaciones de esporangios cargados de esporas. Cuando una espora cae en un sitio húmedo no produce directamente un helecho nuevo, sino una lámina verde diminuta y aplanada llamada prótalo, que es donde ocurre la fecundación. Sólo después de eso crece la planta que reconocemos. Esa alternancia de dos generaciones es lo que hace que sembrar helechos sea lento y lo que los ata a la humedad.
Helechos silvestres en España
Merece la pena conocer los de aquí, porque son los que mejor van a funcionar en un jardín peninsular. En la cornisa cantábrica y en Galicia son abundantes el helecho macho (Dryopteris filix-mas), el helecho hembra (Athyrium filix-femina), el polipodio (Polypodium) sobre muros y troncos, y en vaguadas encharcadas el imponente Osmunda regalis. La lengua de ciervo (Asplenium scolopendrium) coloniza oquedades calizas sombrías y húmedas.
Más al sur, y bajando en humedad, aún se encuentra el culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris) en paredones rezumantes, manantiales y bocas de pozo de toda la Península, incluido el sur. Es el mismo culantrillo que se vende como planta de interior, y verlo en su medio natural explica por qué en un salón con calefacción se seca en dos semanas.
Dos avisos. El primero: el helecho común o helecho águila (Pteridium aquilinum), el que tapiza laderas enteras en el norte, es tóxico. Contiene compuestos que provocan intoxicaciones graves en el ganado que lo consume, y no debe emplearse como alimento ni forraje. El segundo: varias especies de helechos relictos del norte peninsular y de la Macaronesia están protegidas por la legislación de conservación española y autonómica, así que ni se arrancan ni se recolectan en el campo. Los helechos de jardín se compran cultivados.
Helechos para jardín y terraza al aire libre
Fuera de casa, la clave no es el frío sino la sombra y la humedad del suelo. Un helecho rústico aguanta el invierno sin problema en casi toda la Península; lo que no aguanta es un verano de sol directo y sequía. El sitio ideal es el pie de un muro orientado a norte, una vaguada, la base de árboles caducos que dan sombra en verano, o el lado umbrío de una terraza.
Para el norte y el noroeste, y para cualquier zona de montaña con veranos frescos, funcionan bien las especies nativas ya citadas y el Polystichum setiferum, un helecho perenne, elegante y bastante tolerante. En clima mediterráneo, la opción realista es el cultivo en maceta grande en un patio umbrío, con riego regular en verano y acolchado de corteza para conservar la humedad.
El Dicksonia antarctica, el helecho arborescente australiano de tronco fibroso, se ha popularizado mucho. Crece muy despacio y en cultivo europeo se mantiene en tallas modestas durante años. Aguanta heladas puntuales si el cogollo se protege, pero no soporta los vientos secos ni el calor con aire reseco, así que en el interior peninsular es una apuesta cara y arriesgada. En la franja atlántica va bastante mejor.
El Nephrolepis exaltata, el helecho rizado que todo el mundo tiene, se comporta como planta de exterior en zonas de invierno suave y sin heladas, en cesta colgante bajo porche o entre arbustos que le tamicen la luz. Es de los más tolerantes con la sequedad del aire y de los que más rápido crecen.
Helechos para dentro de casa
Los de interior son en su mayoría tropicales, y lo que piden es un ambiente que no se parece nada al de un piso con calefacción: luz abundante pero tamizada, humedad relativa alta y temperatura templada y estable, sin caídas fuertes en invierno.
- Asplenium nidus, el nido de ave. Frondas enteras, anchas y brillantes, dispuestas en roseta alrededor de un cogollo central. Es de los más tolerantes con el aire seco. Se riega por el borde de la maceta o desde abajo, nunca vertiendo agua en el centro de la roseta, porque ahí se pudre.
- Adiantum, los culantrillos. Los más bonitos y los más difíciles: necesitan humedad ambiental permanente y un sustrato que nunca se seque del todo. Si se secan, las frondas no se recuperan, pero suelen rebrotar del rizoma si se cortan a ras y se mantiene la maceta húmeda.
- Pteris cretica y sus cultivares variegados. De las más agradecidas para empezar: talla contenida, crecimiento moderado y mejor aguante de la sequedad ambiental que la media, siempre que el sustrato siga húmedo.
- Platycerium bifurcatum, el cuerno de alce. Epífito, con dos tipos de fronda: unas basales que abrazan el soporte y otras colgantes y bifurcadas. Va sobre corteza o en cesta, con las raíces envueltas en musgo, y se riega por inmersión. La pelusilla gris de las frondas es un mecanismo de protección, así que ni se limpian ni se frotan.
Si el aire de tu casa es muy seco, el recurso más eficaz no es pulverizar, que apenas dura minutos, sino encerrar la planta en un ambiente controlado. Lo tratamos en detalle en helechos en recipientes de cristal.
Los cuidados que comparten casi todos
Luz: claridad abundante sin sol directo. Orientaciones norte y este dentro de casa, sombra o media sombra fuera. El sol de mediodía quema las frondas y no se recuperan.
Agua: sustrato húmedo de forma constante, nunca encharcado. Los helechos tienen raíces finas y superficiales que se asfixian con facilidad. El riego por inmersión, sumergiendo el tiesto hasta que dejan de salir burbujas y escurriendo bien, es el método más fiable en macetas pequeñas. Conviene usar agua de lluvia o descalcificada, porque el agua dura del este y el sur peninsular acaba dejando sales en el sustrato.
Sustrato: ligero, aireado y rico en materia orgánica. Fibra de coco o turba, perlita y corteza fina en proporciones parecidas a las de una mezcla para plantas de interior de raíz delicada. Nada de tierras compactas.
Temperatura: los de interior prefieren estancias frescas y estables, y sufren cerca de un radiador o en la corriente del aire acondicionado. Los tropicales acusan las bajadas por debajo de unos doce o quince grados.
Abono: sólo durante el crecimiento, aproximadamente de abril a septiembre, con un fertilizante para plantas verdes a la mitad de la dosis indicada. Los helechos se queman con facilidad si se abonan de más.
Limpieza: cortar a ras las frondas secas o amarillas. Además de mejorar el aspecto, es lo que evita que se instalen hongos y plagas en los restos.
Cómo se multiplican
La división de mata es la vía práctica. En primavera, se saca la planta del tiesto y se separa el cepellón en porciones con raíces y varias frondas, que se plantan por separado y se mantienen a la sombra unas semanas. Funciona bien en Nephrolepis, Adiantum, Pteris y en la mayoría de los rústicos de jardín.
Los estolones son un atajo en Nephrolepis: la planta emite hilos rastreros que echan plantitas, y basta cortarlos con un trozo de rizoma y enterrarlos. Algunas especies producen además yemas o bulbillos sobre las propias frondas, que se separan cuando ya tienen raicillas.
La siembra de esporas es la vía lenta y la más entretenida. Se recoge una fronda con soros maduros, se deja sobre papel unos días para que suelten el polvo pardo, y se espolvorea sobre sustrato esterilizado en una bandeja tapada con plástico o cristal, en un sitio templado y sin sol directo. Primero aparece una capa verde que parece musgo, el prótalo, y de ahí salen meses después los primeros helechos. El sustrato debe permanecer siempre húmedo, porque sin agua no hay fecundación.
Plagas y enfermedades
Las cochinillas, algodonosas y de escudo, son la plaga más habitual, y se esconden en las axilas de las frondas y sobre los rizomas. La araña roja aparece cuando el aire está muy seco y deja las frondas moteadas y apagadas. Antes de tratar conviene mirar bien el envés: los soros son puntos ordenados y simétricos, y se confunden con plaga muy a menudo.
Los helechos son sensibles a muchos tratamientos fitosanitarios y se queman con facilidad, así que en plagas incipientes la retirada manual con un bastoncillo es preferible a rociar. En enfermedades, casi todas vienen del exceso de agua: podredumbre del cogollo por regar en el centro de la roseta, y podredumbres de raíz en sustratos compactos y encharcados.
En resumen
Un helecho es una planta sin flor que se reproduce por esporas y que necesita agua para completar su ciclo, y de ahí salen sus dos exigencias constantes: sombra o luz tamizada, y humedad tanto en el sustrato como en el aire. Quien entiende eso acierta con el emplazamiento, que es el 90 por ciento del éxito.
En el jardín conviene apostar por especies nativas o rústicas en rincones umbríos y frescos, y en clima mediterráneo asumir el cultivo en maceta con riego de verano. Dentro de casa, los tropicales piden luz sin sol, agua blanda, sustrato aireado y siempre húmedo, temperatura estable lejos de radiadores y abonado flojo. Y las especies silvestres se compran cultivadas: no se recolectan en el monte.