Las grevilleas son arbustos australianos de flor extraña, con aspecto de araña o de pompón deshilachado, que florecen durante meses y aguantan la sequía como pocas plantas de jardín. Encajan muy bien en un jardín mediterráneo, pero tienen dos manías que hay que conocer antes de plantarlas, porque son la causa de casi todos los fracasos: no toleran el fósforo y no toleran la cal.
Lo primero suena raro hasta que se entiende de dónde vienen. Los suelos australianos son extraordinariamente pobres en fósforo, y las plantas de la familia de las proteáceas, a la que pertenecen las grevilleas, evolucionaron para extraerlo formando raíces proteoides, unos penachos de raicillas finísimas de altísima eficacia. Puestas en un suelo con fósforo abundante, esas raíces absorben más de lo que la planta puede gestionar y se intoxican. Por eso una grevillea abonada con un fertilizante normal amarillea y se muere, y por eso no se planta junto a un césped que se abona con regularidad.
La grevillea Loopy Lou produce grandes flores de un color rosa casi rojo. El follaje es oscuro, ligero y muy recortado.
Cómo es la flor de una grevillea
El género Grevillea reúne más de trescientas especies, casi todas australianas, y un número enorme de cultivares. Son leñosas perennifolias que van desde rastreras de veinte centímetros hasta árboles de diez metros.
La flor no tiene pétalos en el sentido habitual. Lo que se ve es un perianto de cuatro segmentos que se enrolla y se separa hacia atrás, y de él sale un estilo largo y curvado que sobresale mucho, rematado por el estigma. Cuando decenas de esas flores se agrupan en un racimo, el conjunto parece una araña o un cepillo, según la especie. Son muy ricas en néctar y atraen abejas y pájaros.
El follaje es la otra mitad del atractivo, y es muy variable: hay grevilleas con hojas en forma de aguja parecidas a las del enebro, otras con hojas estrechas que recuerdan al romero, y otras con hojas muy divididas, casi de filigrana, en verde oscuro, grisáceo o con reflejos cobrizos. En muchos cultivares esa hoja recortada aporta más al jardín durante todo el año que la propia floración.
Algunas grevilleas que se encuentran en España
Grevillea juniperina. Mata erecta y redondeada de metro y medio a tres metros, con hojas cortas en forma de aguja, muy parecidas a las del enebro. Da flores rojas pequeñas (amarillas en la variedad sulphurea) desde el invierno hasta junio. Es de las más resistentes al frío del género y sirve para setos informales.
Grevillea robusta. El roble sedoso australiano, un árbol que puede pasar de los diez metros, con hojas grandes muy divididas, de aspecto casi de helecho, y racimos de flores amarillo anaranjado en forma de cepillo. Se plantó en el Mediterráneo mucho antes que las grevilleas arbustivas y se ve como árbol de alineación y de jardín en el litoral.
Grevillea 'Robyn Gordon'. Probablemente el cultivar más difundido. Flores grandes de un rosa casi rojo, prácticamente todo el año, sobre follaje bipinnado muy fino. Es sensible al frío y no aguanta más de unos tres grados bajo cero.
Grevillea lanigera 'Mount Tamboritha'. Rastrera y compacta, con hojas cortas, estrechas y cubiertas de un vello suave que le da un tono grisáceo. Flores rosas y blancas de mayo a agosto. Es ideal para rocalla, maceta o borde de arriate, y tolera bien el aire marino.
A ellas se suman cultivares de flor roja con detalles amarillos, fucsia, blanca o naranja, con follaje agrisado o cobrizo y floraciones que en muchos casos se reparten a lo largo de casi todo el año, con picos en primavera y otoño.
Dónde plantarlas en España
Aquí está la limitación práctica más seria. Las grevilleas necesitan suelo ácido o neutro, y la cal les provoca clorosis férrica: hojas amarillas con los nervios verdes, crecimiento parado y, si se mantiene, muerte de la planta.
Eso las hace fáciles en los suelos silíceos y ácidos del oeste peninsular, de Galicia y de buena parte del interior de Extremadura y Castilla, y complicadas en los suelos calizos que dominan el este y el sur, precisamente donde el clima les vendría mejor. En esas zonas la solución práctica es cultivarlas en maceta, con sustrato para plantas acidófilas o mediterráneas y riego con agua de lluvia o de baja mineralización, donde se comportan muy bien.
La otra limitación es el frío. En general solo toleran heladas ligeras, aunque hay diferencias notables entre especies: Grevillea juniperina y Grevillea lanigera aguantan bastante más que 'Robyn Gordon' y otros híbridos de flor grande. En el centro peninsular hay que acolchar la base y cubrir la planta con un velo de invernada en las noches de helada, y tener en cuenta un detalle importante: con el suelo húmedo, la resistencia al frío baja mucho. Una grevillea en suelo seco aguanta heladas que la mataría si estuviera encharcada.
Cuidados
Luz y ambiente. La mayoría quiere pleno sol; unas pocas prefieren sombra ligera. Necesitan atmósfera seca y ventilación, y muchas toleran bien el aire marino, lo que las hace interesantes en jardines de costa.
Suelo. Fértil pero pobre en fósforo, y sobre todo con drenaje impecable. Toleran el suelo seco y el ligeramente fresco, pero el encharcamiento las mata rápido, y no solo por asfixia: las proteáceas son muy sensibles a los hongos de suelo del género Phytophthora, que prosperan justamente donde el agua se queda. Si el terreno es pesado, lo eficaz es plantar sobre caballón o en talud.
Riego. Poco. Una vez establecidas son muy tolerantes a la sequía, y en el jardín mediterráneo se riegan solo en los meses más calurosos y cuando el sustrato esté seco. Los dos primeros años, en cambio, necesitan riegos regulares para asentar la raíz. No conviene plantarlas dentro del área de riego de un césped.
Abonado. Lo mejor es no abonarlas. Si se hace, únicamente con un abono específico para proteáceas o plantas nativas australianas, de contenido en fósforo muy bajo. Nada de estiércol, harina de huesos ni fertilizantes universales.
Poda. Un recorte ligero después de la floración mantiene la forma y favorece la refloración, pero no es obligatorio. Hay una norma que sí lo es: no cortar nunca sobre madera vieja y desnuda. Como muchas proteáceas, las grevilleas rebrotan mal o no rebrotan desde el tronco sin hojas, así que la poda debe quedarse siempre en la zona con follaje. Recortar un poco cada año es mucho mejor que dejarlas crecer y rejuvenecerlas de golpe.
Plagas. Son de las plantas con menos problemas del jardín. La única habitual es la cochinilla, que se instala en las axilas y en la parte inferior de las ramas y se retira a mano cuando la colonia es pequeña.
Una precaución al manipularlas
Conviene saber que varias grevilleas, y en particular Grevillea robusta y el cultivar 'Robyn Gordon', pueden provocar dermatitis de contacto en personas sensibles: el follaje y sobre todo la savia y el serrín contienen compuestos irritantes y alergénicos. La reacción no es inmediata en la primera exposición, sino que se desarrolla con el contacto repetido, algo típico de las dermatitis alérgicas.
Es un motivo suficiente para podarlas con guantes y manga larga, lavarse después y evitar plantar un ejemplar grande justo al borde de un paso estrecho por el que haya que rozarlas a diario. Ante una reacción cutánea, la consulta es al médico.
En resumen
La grevillea es una planta excelente para jardinería de bajo consumo de agua: perennifolia, de floración larguísima, tolerante a la sequía y al aire marino, y prácticamente sin plagas. Su cultivo se resume en dos negaciones: nada de fósforo y nada de cal. Suelo ácido o neutro, drenaje perfecto y ningún abono universal.
En los suelos calizos del este y el sur, la vía práctica es la maceta con sustrato ácido. En cuanto a la poda, un recorte ligero anual dentro de la zona con hojas, nunca sobre madera desnuda, y guantes al hacerlo, porque algunas especies producen dermatitis de contacto.