La gerbera es la planta de flor que más color da por maceta y la que más gente tira a las tres semanas creyendo que se ha secado. Casi siempre se ha podrido, y casi siempre por lo mismo: la corona de la planta enterrada bajo el sustrato, o el riego cayendo justo en el centro de la roseta.
Si se resuelve ese detalle y se le da luz de sobra, la gerbera es una vivaz que florece de abril a septiembre y que puede durar varios años. Todo lo demás (temperatura, abono, plagas) es secundario frente a esas dos cosas: corona por encima del sustrato y riego por la base.
Gerberas mini con grandes flores dobles de tonos que van del rosado al blanco. Son tan pequeñas que permiten usar jarras como portamacetas.
Qué es una gerbera
Pertenece a las compuestas o asteráceas, la misma familia que las margaritas, los girasoles y las dalias. El género Gerbera reúne alrededor de treinta especies, y la que dio origen a todo lo que se cultiva es Gerbera jamesonii, de Sudáfrica. Las plantas de vivero son híbridos (Gerbera x hybrida) obtenidos por cruces sucesivos, seleccionados por el tamaño de la flor, la firmeza del pedúnculo y la gama de colores, que va del blanco al rojo pasando por todos los rosas, magentas, naranjas y amarillos.
Lo que se llama flor es en realidad un capítulo, una inflorescencia formada por muchas flores diminutas. Los pétalos son lígulas, flores exteriores alargadas dispuestas en radio, y el botón central está compuesto por decenas de flósculos tubulares que pueden ser de un color distinto y contrastado. Hay variedades de una sola fila de lígulas, dobles con dos filas superpuestas y otras con hileras adicionales de lígulas cortas alrededor del disco.
El follaje forma una roseta basal de hojas anchas, alargadas, de borde ondulado y superficie con pelillos. Del centro de esa roseta salen los pedúnculos, largos y sin hojas, cada uno con un solo capítulo. La mata mide entre veinticinco y cuarenta y cinco centímetros de alto y las flores van de siete a doce centímetros de diámetro.
La corona: el punto que decide todo
El centro de la roseta, donde nacen hojas y pedúnculos, es la corona, y es la zona más delicada de la planta. Si queda enterrada bajo el sustrato, o si se moja de forma habitual, se pudre por hongos del suelo y la planta se pierde en pocos días, empezando por hojas que se ablandan y una base que se vuelve marrón y blanda.
Al plantar o trasplantar hay que dejar la corona uno o dos centímetros por encima del nivel del sustrato, nunca a ras y mucho menos hundida. Y al regar, el agua se aplica en el borde del tiesto o directamente desde abajo, en el plato, retirando el sobrante a los diez minutos. El riego por inmersión breve funciona bien con las gerberas por este motivo.
Lo mismo se aplica a la limpieza de las flores pasadas. Un pedúnculo cortado a media altura deja un tocón hueco que se pudre y transmite la podredumbre a la corona. La forma correcta es tirar del pedúnculo con un giro suave hasta que se desprenda entero de la base.
Luz, temperatura y sustrato
Luz. Es lo segundo que más falla. La gerbera necesita muchísima luz: dentro de casa, la ventana más luminosa que haya, y tolera sol directo suave, sobre todo el de la mañana. Con poca luz produce hojas grandes, pedúnculos largos y débiles que se doblan, y ninguna flor.
Temperatura. Está cómoda entre los 20 y los 24 grados de día, aguanta bien hasta unos 30 y por la noche prefiere no bajar de 15. No soporta las heladas. En clima suave del litoral mediterráneo, Andalucía y Canarias vive en el jardín como vivaz; en el resto de España se cultiva en maceta y se resguarda, o se trata como planta de temporada. Dentro de casa, conviene apartarla de la corriente directa del aire acondicionado y de los radiadores: los cambios bruscos le hacen soltar botones.
Sustrato. Fértil, suelto y sobre todo muy drenante, con una proporción generosa de material grueso, arena o perlita. Prefiere un pH ligeramente ácido y es sensible a la salinidad, así que con agua de riego muy dura conviene alternar con agua de lluvia o de baja mineralización. El tiesto debe tener agujeros amplios y no quedar nunca con agua estancada en el plato.
Abono. Abono para plantas de flor durante toda la temporada de floración, siguiendo la dosis del envase y sin pasarse: el exceso de sales quema las raíces de una planta que ya es sensible a ellas. Suspenderlo en otoño e invierno.
Dentro de casa o en el jardín
Cultivarla dentro tiene una ventaja concreta que va más allá del frío: se libra de casi todas las plagas y enfermedades que la castigan al aire libre, empezando por el oídio, los minadores de hoja y los caracoles. La contrapartida es que dentro rara vez hay luz suficiente, y una gerbera en una mesa alejada de la ventana deja de florecer en un mes.
Al aire libre, en clima suave, funciona muy bien en arriate soleado y en maceta de terraza, y las flores duran más porque la planta dispone de toda la luz que quiere. Ahí es donde aparecen los problemas de plagas, que en interior son mucho menores.
Plagas y enfermedades
Con calor y aire seco, dentro o fuera, la araña roja es casi segura: se reconoce por telarañas finísimas en el envés y las axilas y por un amarilleo punteado general del follaje. Subir la humedad ambiental es la mejor prevención.
Los trips son la otra plaga típica y atacan directamente a la flor: producen manchas plateadas, lígulas deformadas y capítulos que abren mal. Son diminutos y se ven mejor sacudiendo una flor sobre un papel blanco.
Al aire libre se suman los minadores de hoja, que dibujan galerías blanquecinas serpenteantes en la hoja (lo eficaz es retirar y destruir las hojas afectadas), la mosca blanca, las orugas y, sobre todo, caracoles y babosas, que devoran hojas tiernas y botones y actúan de noche.
Entre los hongos, el oídio aparece en primavera con noches frescas y días templados, en forma de manchas de aspecto ceniciento sobre las hojas, y la podredumbre de la corona es la consecuencia del riego mal hecho descrita más arriba. La primera se trata; la segunda casi nunca tiene remedio una vez instalada, de ahí que la prevención sea todo.
Conservarla de un año para otro
La gerbera es vivaz, aunque en el comercio se trata como planta de temporada. Para conservarla hay que darle un descanso: en invierno, riego muy reducido, sin abono, en un sitio luminoso y fresco pero sin heladas. En primavera, cuando empieza a mover, se trasplanta a un tiesto algo mayor con sustrato nuevo, siempre dejando la corona por encima del nivel de la tierra, y se reanuda el riego y el abonado.
Las matas viejas se ahuecan por el centro y florecen menos. La solución es dividirlas en primavera: se saca el cepellón, se separan las rosetas con un corte limpio dejando raíces en cada una, y se replantan por separado. Con eso una planta se convierte en dos o tres y recupera el vigor.
En resumen
La gerbera necesita tres cosas: luz abundante, sustrato muy drenante y la corona por encima del nivel del sustrato. El riego se hace por la base o por el borde, nunca sobre el centro de la roseta, y las flores pasadas se arrancan enteras con un giro en lugar de cortarlas, porque el tocón que queda es la vía de entrada de la podredumbre.
En el litoral mediterráneo, en Andalucía y en Canarias vive en el jardín como vivaz; en el resto de España es planta de maceta que hay que resguardar del frío. Conservada con un invierno seco y fresco y dividida en primavera, la misma planta da flor varios años seguidos.