Los helechos son la mejor solución para la zona del jardín donde no da el sol y donde casi nada florece. No compiten con nada porque no hay nada que compita con ellos: en sombra plena y suelo fresco no existe otro grupo de plantas con esa variedad de texturas, portes y tonos de verde, desde los helechos arbóreos de frondas de dos metros hasta los culantrillos que apenas levantan un palmo.
El reparto en España lo marca la humedad ambiental. La cornisa cantábrica, Galicia y la laurisilva canaria son territorio natural de helechos y allí se pueden plantar casi todos. En la meseta, el este y el sur, con veranos secos, hay que elegir especies concretas y darles la sombra de un árbol de hoja caduca o de un muro orientado al norte. No es imposible: en el propio Real Jardín Botánico de Madrid hay borduras de helechos que llevan años funcionando bajo la arboleda.
Las grandes frondas del helecho arbóreo Dicksonia antarctica dominan en estas dos imágenes de jardines en Oiartzun, Guipúzcoa, diseñados por Lur Paisajistak. En la foto de la derecha, el jardín de hortensias azules de Lur Garden. Fotos: Lur Paisajistak
Por qué necesitan sombra y humedad
Merece la pena entender su biología, porque explica todo lo demás. Los helechos no tienen flor ni semilla: se reproducen por esporas, que se forman en los soros del envés de las frondas. De la espora nace un prótalo diminuto, una laminilla verde de pocos milímetros, y la fecundación entre sus gametos solo puede producirse con una película de agua líquida. Por eso el grupo entero está atado a los ambientes húmedos y sombríos, y por eso un helecho se instala solo en un muro que rezuma o en una vaguada, y nunca en un talud seco al sur.
La consecuencia práctica es que el riego del suelo no basta. En un verano mediterráneo el aire seco quema los bordes de las frondas aunque la tierra esté húmeda. Lo que salva la plantación es la combinación de sombra, acolchado grueso de hojarasca y, si es posible, la proximidad de un muro o de otras plantas que creen un microclima cerrado.
Los que aguantan el clima seco
Hay un grupo de helechos que tolera la sombra seca y el aire de la meseta mucho mejor que el resto. El helecho acebo (Cyrtomium falcatum) tiene frondas de folíolos anchos, coriáceos y brillantes, casi de plástico al tacto, y es de lo más resistente que se puede plantar en un patio interior o en una bordura a la sombra de un edificio. Cyrtomium fortunei se comporta de forma parecida, con folíolos más estrechos y mates.
La lengua de ciervo (Asplenium scolopendrium) tiene una ventaja poco conocida en el este y el sur peninsular: es calcícola, crece de forma natural sobre roca caliza y no sufre en los suelos básicos que dominan esas zonas. Sus frondas son enteras, sin dividir, en forma de cinta de un verde luminoso, y aportan un contraste muy útil frente a las frondas plumosas de todos los demás.
Los culantrillos del género Adiantum son los más delicados de aspecto y no siempre los más frágiles. El culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris) es nativo de buena parte de España y vive precisamente en paredes calizas rezumantes, pozos y fuentes: si hay una pared húmeda en sombra, ese es su sitio exacto.
Los Dryopteris, entre ellos el helecho macho (Dryopteris filix-mas) y Dryopteris affinis, ambos nativos, aguantan periodos cortos de sequedad, aunque a costa de amarillear por los bordes. En el muro, Asplenium trichomanes y el doradilla (Asplenium ceterach) son helechos autóctonos capaces de secarse por completo en agosto y reverdecer con las primeras lluvias.
Los grandes: helechos arbóreos
Dicksonia antarctica es el helecho arbóreo clásico de los jardines del norte peninsular. Su crecimiento es muy lento, del orden de unos pocos centímetros de tronco al año, de modo que un ejemplar de dos metros representa décadas y ese es el motivo de su precio. Necesita humedad constante, incluido el propio tronco, que se riega igual que el sustrato porque las raíces adventicias que lo forman absorben agua.
Cyathea cooperi crece mucho más rápido y desarrolla frondas enormes en pocas temporadas. Tolera bien el frío en la parte del tronco, pero la yema apical del ápice es sensible y en zonas con heladas hay que protegerla en invierno, atando las frondas hacia arriba o cubriéndola con paja o tela.
Ambos son plantas para el norte húmedo, para Canarias y para jardines protegidos del litoral. En la meseta o en el interior de Andalucía, con veranos de aire muy seco, no salen adelante salvo en condiciones muy particulares.
Los de temporada corta y los que se extienden
Matteuccia struthiopteris es caducifolio y su momento es marzo, cuando los báculos nuevos emergen enrollados en espirales perfectas antes de desplegarse en copas verticales de un verde muy claro. Forma colonias densas mediante rizomas rastreros, lo que ahorra escardar pero también significa que se expande año tras año: conviene darle un sitio donde eso no moleste, o contenerlo.
Polystichum setiferum es perennifolio, crece de forma espontánea en lugares frescos y umbrosos de gran parte de la Península y de Mallorca, y es probablemente el helecho de bordura más útil que hay en España: mantiene las frondas plumosas todo el año y aguanta condiciones que otros no toleran. Polystichum polyblepharum tiene el follaje más oscuro y brillante, y en primavera los brotes nuevos emergen cubiertos de un vello dorado que destaca mucho.
Struthiopteris spicant, el helecho antes llamado Blechnum spicant, es pequeño (unos diez o quince centímetros) y estrictamente acidófilo: solo funciona en los suelos ácidos del norte y el oeste peninsular. Woodwardia radicans, de frondas de más de un metro que enraízan por la punta, es propio de las vaguadas cantábricas y de la laurisilva canaria; es una especie protegida y no se recoge del medio natural, se adquiere en vivero.
Un aviso sobre el equiseto (Equisetum hyemale), que suele acompañar a los helechos en las plantaciones de sombra: sus tallos verticales sin hojas son espectaculares, pero se extiende por rizomas profundos y agresivos y sacarlo después es muy difícil. En jardín lo razonable es plantarlo en un contenedor enterrado sin fondo o en un estanque, nunca suelto en un arriate.
Conviene distinguir todo lo anterior del helecho común o helecho águila (Pteridium aquilinum), el que cubre laderas enteras en el norte de España. No es planta de jardín: coloniza de forma agresiva y es tóxico para el ganado por los compuestos que contiene, motivo por el que se combate en los pastos.
Plantación y cuidados
La época de plantación es principios de otoño, para que la planta aproveche las lluvias y el suelo aún templado y se establezca antes del verano siguiente. En clima suave también sirve el final del invierno.
El sustrato ideal es rico en materia orgánica, esponjoso y con cierta acidez, aunque un buen número de especies acepta la caliza (Asplenium scolopendrium, Adiantum capillus-veneris, Asplenium ceterach, Cyrtomium). El drenaje importa más de lo que sugiere su fama de plantas de agua: la mayoría quiere el suelo fresco pero no encharcado, y el rizoma se pudre con facilidad si el agua se queda.
En abonado, la regla es hacer poco. Los helechos se nutren con muy poco y el exceso los perjudica; el estiércol y los abonos de origen animal, sobre todo si están frescos, les queman las raíces. Un aporte de mantillo, compost vegetal o humus al final del invierno es suficiente para todo el año.
El acolchado con hojarasca es el mejor mantenimiento posible: mantiene la humedad, aporta materia orgánica al descomponerse y reproduce lo que ocurre en el suelo de un bosque. Las frondas secas de los caducifolios se cortan al final del invierno, siempre antes de que empiecen a asomar los báculos nuevos, que son frágiles y no se recuperan si se rompen.
En resumen
En el norte húmedo y en Canarias caben casi todos los helechos, incluidos los arbóreos. En la meseta, el este y el sur hay que ir a lo seguro: Cyrtomium, Asplenium scolopendrium, Dryopteris y Polystichum setiferum, siempre a la sombra de un árbol caducifolio o de un muro al norte, con acolchado grueso.
Los cuidados se resumen en cuatro cosas: plantar en otoño, mantener el suelo fresco sin encharcarlo, acolchar con hojarasca y abonar muy poco y solo con materia orgánica vegetal. Y elegir bien la especie según el suelo, porque la diferencia entre un helecho acidófilo y uno calcícola decide el resultado antes que cualquier cuidado posterior.