Gardenia, jazmín moruno y jazmín de Madagascar son las tres plantas de flor blanca y perfume intenso que se venden para cultivar dentro de casa. Las tres funcionan, pero ninguna es una planta de interior fácil: las tres necesitan mucha luz sin sol directo abrasador, humedad ambiental por encima de la que tiene un piso con calefacción, y un invierno más fresco que el salón si se quiere que vuelvan a florecer al año siguiente.

Esa última condición es la que separa la planta que dura años de la que se tira en verano. Las tres forman los botones florales durante un periodo de reposo fresco, y un salón a 22 grados todo el invierno se lo impide. Quien tenga un cuarto sin calefacción, una galería o un balcón cerrado tiene resuelta la mitad del asunto.

Jazmín moruno (Jasminum polyanthum) en los tiestos de los extremos de la foto; pequeñas gardenias (Gardenia jasminoides), tercera y quinta desde la derecha, y jazmín de Madagascar (Stephanotis floribunda).

Jazmín moruno (Jasminum polyanthum)

Es el más agradecido de los tres y el único que puede pasarse a vivir al jardín. Originario del suroeste de China, se parece al jazmín común (Jasminum officinale) pero tiene el follaje más oscuro y denso y produce ramilletes mucho más abundantes: capullos de un rosa intenso que se abren en flores blancas pequeñas y muy perfumadas. Florece durante unas cuatro semanas, en marzo o abril según la zona.

Dentro de casa se vende en tiestos pequeños con los tallos enredados sobre un aro, un globo o una pirámide de alambre. Es un recurso de venta, no un límite de la planta: liberado y guiado sobre una pérgola o una celosía puede llegar a varios metros. Es voluble y de crecimiento muy rápido, así que hay que pinzarlo con frecuencia y reconducir los tallos, o en dos temporadas se convierte en una maraña.

Luz y temperatura. Sitio muy luminoso y ventilado; tolera el sol directo de primera hora de la mañana. Al aire libre vive bien en el litoral mediterráneo, Andalucía y buena parte del centro peninsular, siempre a resguardo del viento frío. Aguanta heladas puntuales de unos pocos grados bajo cero, pero no un invierno de heladas continuadas.

Sustrato y riego. Es el menos exigente de los tres: acepta cualquier sustrato con buen drenaje, incluso ligeramente calizo. El cepellón no debe secarse del todo, y en verano el riego ha de ser regular, sin encharcar.

Para que vuelva a florecer. Necesita pasar el otoño y el principio del invierno en fresco, entre unos 10 y 13 grados, con poco riego. En un piso caldeado no forma botones y se limita a hacer hoja. La poda se hace justo después de la floración, porque la flor sale sobre la madera del año anterior: podarlo en invierno equivale a quitarle la floración entera.

Jazmín de Madagascar (Stephanotis floribunda)

No es un jazmín verdadero sino una liana de la familia de las apocináceas, con hojas coriáceas, ovales, de un verde oscuro brillante, y ramilletes de flores blancas tubulares de tacto ceroso que se abren en cinco lóbulos. Perfuman intensamente y la floración se escalona de primavera a otoño. Es la planta de flor de las coronas nupciales clásicas, de ahí su nombre en muchos catálogos.

Es la más delicada de las tres y la que menos perdona los cambios. Deja caer los botones florales si se la mueve de sitio en plena floración, si le falta luz o si sufre un cambio brusco de temperatura o de riego. La recomendación práctica es elegirle el sitio antes de comprarla y no volver a tocarla, ni siquiera girarla, mientras tenga flor.

Luz y temperatura. Semisombra luminosa, ventilada, sin sol directo fuerte. Le va bien entre 16 y 18 grados; en invierno no debería bajar de 10 y en verano sufre por encima de 30. Al aire libre solo prospera en zonas libres de heladas, básicamente Canarias y los enclaves más suaves del litoral andaluz.

Sustrato y riego. Sustrato rico, fresco y drenante. Riego frecuente durante la floración, sin dejar que se seque y sin que quede agua en el plato. La sequedad del aire es su mayor enemigo en un piso con calefacción: pulverizar el follaje o poner la maceta sobre una bandeja con arcilla expandida y agua (sin que el fondo toque el agua) compensa bastante.

Mantenimiento. Los tallos que se hayan alargado demasiado se podan o pinzan a finales de invierno. Para que reflorezca hay que darle un descanso invernal fresco, en torno a 13 o 15 grados, con riego muy reducido, y volver a subir riego y temperatura en primavera. Su savia es lechosa y puede irritar la piel; conviene lavarse las manos después de podarla y mantenerla fuera del alcance de niños y animales.

Gardenia (Gardenia jasminoides)

La más perfumada y la más exigente. Sus flores, blancas o color crema, dobles o semidobles, recuerdan a una rosa y amarillean al envejecer, algo normal y no un síntoma de enfermedad. Florecen de mediados de primavera a septiembre sobre un follaje perenne, brillante y muy oscuro, en matas compactas que dentro de casa se mantienen pequeñas.

Un apunte sobre el nombre: se la llama jazmín del Cabo, pero no procede de Sudáfrica ni tiene relación con los jazmines. Es una rubiácea del este de Asia, de China y Japón.

Luz y temperatura. Sitio muy luminoso, cálido, ventilado y húmedo, siempre fuera del sol directo. El rango cómodo va de 16 a 26 grados. Al aire libre necesita semisombra y clima suave; tolera heladas ligeras y puntuales, pero no inviernos con heladas repetidas. Como el estefanotis, deja caer los botones ante cambios bruscos de temperatura o corrientes de aire frío.

Sustrato y riego. Aquí está la clave del cultivo en España y el motivo por el que mueren tantas gardenias. Es una planta estrictamente acidófila, y el agua de red de gran parte del este y el sur peninsular es dura y calcárea. Regada con ella, la hoja amarillea entre los nervios y se queda verde solo en las venas: es clorosis férrica. La solución es sustrato para plantas de tierra ácida, riego con agua de lluvia o de baja mineralización, y quelatos de hierro en cuanto aparezca el amarilleo.

El sustrato debe mantenerse húmedo sin encharcarse. En maceta, el riego por inmersión (sumergir el tiesto hasta que deje de burbujear y escurrir bien) moja el cepellón de forma uniforme y evita que se formen bolsas secas, cosa habitual en los sustratos ricos en turba cuando se secan del todo. Pulverizar el follaje ayuda, pero sin mojar las flores, que se manchan de marrón al menor contacto con el agua.

Plagas y problemas comunes a las tres

En interior, con aire seco y calefacción, las tres son candidatas seguras a la araña roja, que se detecta por un punteado amarillento en el haz y telarañas finísimas en el envés y las axilas. Subir la humedad ambiental es la mejor prevención. La cochinilla algodonosa, en forma de motas blancas algodonosas en las axilas de las hojas, aparece sobre todo en gardenia y estefanotis y se retira a mano con un bastoncillo empapado en alcohol antes de que la colonia crezca.

La caída de botones sin abrir es el problema más frecuente y casi nunca se debe a una plaga: es falta de luz, aire seco, cambio de sitio o riego irregular. La hoja amarilla generalizada suele ser exceso de agua; la hoja amarilla con nervios verdes es clorosis por agua caliza.

En resumen

De las tres, el jazmín moruno es el más fácil y el único que puede acabar viviendo en el jardín en buena parte de España. El estefanotis y la gardenia son plantas de interior de verdad, pero exigen luz abundante sin sol directo, humedad ambiental y estabilidad: cambiarlas de sitio en flor es la forma más rápida de quedarse sin ella.

La condición que decide si florecen un año más es el reposo invernal fresco, con menos riego y temperaturas por debajo de las del salón. Y en el caso de la gardenia, el agua: en las zonas de agua dura del este y el sur hay que regarla con agua blanda y sustrato ácido, o la clorosis férrica acaba con ella en una sola temporada.


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