Cada primavera aparecen variedades nuevas de plantas de temporada, y casi todas pertenecen a tres géneros que ya se conocen de sobra: Osteospermum, Lobularia y Petunia. Lo que cambia no es la especie sino el color, el porte o la duración de la floración, y saber qué se ha mejorado en cada caso evita comprar una novedad que en realidad no aporta nada al balcón.
La mejora que más se nota en las series recientes no es el color, sino el porte compacto y la floración continua. Las variedades antiguas de estos tres géneros se ahilaban a mitad de verano y había que recortarlas; las actuales ramifican solas y mantienen la mata cerrada de marzo a octubre. Eso importa más en una jardinera de balcón, donde una planta desgarbada se ve desde el primer día, que en un arriate de jardín.
El Osteospermum Berry White se caracteriza por sus flores dobles con pétalos (lígulas) blancos y un botón central formado por florecillas púrpuras.
Margaritas del Cabo, ahora también dobles
Los Osteospermum son compuestas sudafricanas de flor en capítulo, muy parecidas a una margarita grande, en blanco, rosa, malva, púrpura y amarillo, a menudo con el reverso de las lígulas de otro color. Las series de flor doble son la novedad más visible de los últimos años: en lugar de un botón central plano, el centro se llena de florecillas tubulares erguidas que forman un pompón.
Su calendario en España tiene una particularidad que conviene entender antes de plantarlos. Florecen con fuerza desde marzo hasta los primeros calores fuertes, se paran en pleno julio y agosto (en el sur, del todo) y vuelven a florecer en octubre y noviembre. Quien espere flor continua todo el verano se lleva una decepción; quien los use para cubrir la primavera y el otoño acierta.
Van a pleno sol, en maceta, arriate o rocalla, y se adaptan a casi cualquier suelo mientras drene. Toleran bien la sequía y nada el encharcamiento, que los pudre por el cuello. En la franja mediterránea y el litoral atlántico sur se comportan como vivaces y duran años; en el interior con heladas fuertes se pierden y se replantan cada primavera. Si la mata se abre y se desgarba, un recorte a finales de invierno la cierra otra vez. Abono para plantas de flor durante la floración.
Un detalle propio del género: las flores se cierran de noche y en días muy nublados. Es su comportamiento normal, no un problema de cultivo, aunque algunas variedades modernas se han seleccionado precisamente para permanecer abiertas más tiempo.
Lobularia, la que ya crecía aquí
El aliso de mar (Lobularia maritima) tiene una ventaja que ninguna de las otras dos comparte: es una planta autóctona del litoral ibérico y de toda la cuenca mediterránea. Crece de forma espontánea en arenales, taludes y bordes de camino cerca del mar, lo que explica su tolerancia a la sequía, a los suelos pobres y al ambiente salino. Para un balcón costero o un jardín de primera línea es difícil encontrar algo mejor.
La forma silvestre y las variedades clásicas son blancas; hoy hay también rosas, malvas y violetas. El porte es bajo y rastrero, de unos diez o quince centímetros, y forma una alfombra de flores diminutas con un aroma dulce a miel que se nota a un par de metros en un día templado. Sirve como cubresuelos, como borde de arriate, como relleno entre otras plantas y como planta de cascada en cestas colgantes.
Es de cultivo casi nulo: pleno sol (tolera la media sombra a costa de florecer menos), riego escaso, ningún abonado especial. En clima mediterráneo florece prácticamente todo el año, con un parón en lo peor del verano, y se resiembra sola año tras año. Si a mitad de verano la mata se afea, un recorte a la mitad de su altura la rejuvenece y provoca una segunda floración.
Tiene además un uso práctico en el huerto que pocas plantas ornamentales igualan. Sus flores atraen sírfidos, avispillas parásitas y otros insectos auxiliares que se alimentan de pulgón, y por eso se planta en los bordes de los bancales como apoyo al control biológico. Una franja de lobularia entre las hortalizas hace más contra el pulgón que la mayoría de los tratamientos de aplicación puntual.
Petunias: lo que ha cambiado en las series nuevas
La petunia es solanácea sudamericana y la planta de temporada más vendida del mundo. Las novedades anuales suelen ser colores (carmines intensos, negros, bicolores rayados o con borde) y, sobre todo, formas de mata: las series compactas hacen una bola cerrada que no se abre por el centro a mitad de verano, y las colgantes producen tallos largos que caen un metro o más.
Todas las petunias quieren sol directo, y ese es el punto donde más se falla. Necesitan un mínimo de seis horas para florecer bien; en semisombra florecen poco y se estiran. Lo que sí ayuda en el sur y el interior en pleno agosto es que reciban el sol de la mañana y estén resguardadas del de las tres de la tarde, sobre todo si viven en una maceta pequeña que se calienta como un horno.
Piden bastante abono, riego regular sin dejar que el cepellón llegue a secarse del todo y sin platos con agua estancada. Un dato español importante: son plantas de tendencia acidófila y, con el agua dura y calcárea de buena parte del este y el sur peninsular, amarillean entre los nervios de las hojas. La corrección es sustrato ácido, abono con micronutrientes y quelatos de hierro cada dos o tres semanas.
Toleran bien el recorte y lo agradecen: si a mediados de verano la mata se ha estirado y solo tiene flor en las puntas, cortarla a la mitad y abonar devuelve una planta compacta y florida en tres semanas.
Qué mirar antes de comprar una novedad
Las variedades nuevas se identifican por un nombre comercial y pertenecen a series (grupos de plantas con el mismo comportamiento y distinto color). Lo útil no es el nombre sino tres datos que casi siempre figuran en la etiqueta: exposición, porte final y rusticidad. Una petunia compacta de treinta centímetros y una colgante de un metro se venden con el mismo aspecto en el tiesto de vivero y dan resultados muy distintos en junio.
La rusticidad decide si la planta es de un año o de varios. En el litoral mediterráneo y en Canarias, osteospermos y lobularias pasan el invierno sin problema y vuelven cada año; en Castilla, Aragón o el interior de Andalucía, con heladas de varios grados bajo cero, hay que darlas por perdidas y replantar.
Una última cuestión que suele sorprender: la mayoría de estas variedades están protegidas por títulos de obtención vegetal, regulados en España por la Ley 3/2000, de 7 de enero, de régimen jurídico de la protección de las obtenciones vegetales, y a escala europea por el Reglamento (CE) 2100/94. Eso significa que multiplicarlas por esqueje para venderlas requiere licencia del obtentor. Reproducir unas cuantas para el propio balcón es otra cosa, pero explica por qué estas plantas no se encuentran nunca como semilla suelta y por qué su precio es más alto que el de una petunia común.
En resumen
De los tres géneros, la lobularia es la apuesta más segura en España: autóctona del litoral, tolerante a la sal y a la sequía, perfumada, sin mantenimiento y útil en el huerto por los insectos auxiliares que atrae. El osteospermo cubre muy bien primavera y otoño pero se para en pleno verano, y la petunia da color continuo a cambio de sol directo, abonado frecuente y corrección de hierro donde el agua es dura.
Ante una novedad de temporada, lo que decide el resultado no es el color de la etiqueta sino la exposición, el porte final y si la planta aguanta o no el invierno del lugar donde va a vivir. Con esos tres datos, elegir es sencillo.