Perfumar la casa con plantas vivas funciona, pero no con cualquier planta ni en cualquier sitio. Las especies de flor muy aromática son casi todas plantas de exterior que necesitan mucha luz, y dentro de un piso solo prosperan las que aguantan una ventana orientada al sur o al este sin sol directo abrasador. Puestas donde no toca, dejan de florecer en tres semanas y con ello se acaba el aroma.

Conviene saber también cómo funciona ese olor. Los aceites esenciales de flores y hojas son compuestos volátiles que la planta emite para atraer polinizadores o repeler herbívoros, y su emisión depende de la temperatura y de la hora. Muchas flores blancas y los jazmines perfuman sobre todo al atardecer y de noche, cuando bajan unos grados; la lavanda y el romero huelen al rozarlos porque el aroma está en la hoja, no en la flor. Elegir bien pasa por saber cuál de los dos mecanismos se busca.

El heliotropo huele suavemente a vainilla. Es un arbusto de flores violetas y follaje verde oscuro muy atractivo, que se cultiva como anual.

Las que sí funcionan dentro de casa

La gardenia (Gardenia jasminoides) es la planta de interior más perfumada que existe y también la más exigente. Sus flores blancas dobles, entre julio y septiembre, tienen un aroma que llena una habitación entera. A cambio pide cuatro cosas a la vez: mucha luz pero nunca sol directo, temperatura estable entre unos 16 y 24 grados, humedad ambiental alta y un sustrato que se mantenga húmedo sin encharcarse.

El punto que hace fracasar la mayoría de las gardenias en España es el agua. Es una planta estrictamente acidófila y buena parte del agua de red del este y el sur peninsular es dura y calcárea, así que la hoja amarillea entre los nervios (clorosis férrica) y la planta se para. Se riega con agua de lluvia o agua embotellada de baja mineralización, en sustrato para acidófilas, y se corrige con quelatos de hierro cuando aparece el amarilleo. Pulverizar el follaje ayuda con la humedad, pero sin mojar las flores, que se manchan de marrón al menor contacto.

El heliotropo (Heliotropium arborescens) da corimbos violeta oscuro con un olor dulce muy parecido a la vainilla, sobre un follaje rugoso verde muy oscuro que ya es decorativo por sí solo. Se cultiva como anual porque no soporta el frío. Quiere luz abundante y riego constante: es de las plantas que se marchitan en un día si se olvida el riego, y una vez marchita rara vez recupera del todo. Toda la planta es tóxica por ingestión, por los alcaloides que contiene, algo a considerar si hay niños o animales.

El rosal miniatura es la versión a escala del rosal de jardín, criada para vivir en tiesto, y algunas variedades conservan el aroma completo. Necesita el sitio más luminoso de la casa y riego cuando la tierra esté seca al tacto, no antes. Dos avisos prácticos: lo que se vende en tiesto pequeño suele ser un puñado de esquejes plantados juntos, que se estorban entre ellos y conviene separar al trasplantar; y dentro de casa, con aire seco y calefacción, la araña roja lo ataca casi siempre. Revisar el envés de las hojas y subir la humedad ambiental es más eficaz que cualquier tratamiento a posteriori. Lo razonable es tenerlo dentro mientras florece y devolverlo a la ventana o al balcón el resto del año.

Las que no funcionan dentro, aunque se vendan para ello

El cantueso (Lavandula stoechas) y la lavanda dentada (Lavandula dentata) se ven a menudo como plantas de salón y no lo son. Son arbustos mediterráneos de pleno sol y suelo seco; dentro de casa se ahílan, pierden el color grisáceo de la hoja, dejan de florecer y acaban podridos por exceso de riego en unos meses. Su sitio es el balcón, la terraza o el alféizar exterior, y ahí sí perfuman al rozarlos y al calentarse al sol.

Merece la pena distinguirlas, porque en España la diferencia es práctica. El cantueso, reconocible por el penacho de brácteas violeta que remata la espiga, florece pronto (de marzo a junio) y prefiere suelos ácidos o silíceos: en los suelos calizos que dominan el este y el sur va mal. La lavanda dentada, de hoja con el borde recortado, tolera la caliza sin problema y florece muchísimo más tiempo, casi de la primavera a noviembre en clima suave, aunque es más sensible al frío. Para un balcón de Valencia, Murcia o Andalucía, la dentada es la elección; para un jardín del oeste peninsular con suelo ácido, el cantueso.

Para el balcón y la terraza

Las flores de perfume más intenso necesitan aire libre, entre otras cosas porque en un espacio cerrado ese olor pasa de agradable a agobiante en pocas horas. Cultivarlas en tiesto tiene la ventaja de poder moverlas según la época y la orientación.

Las clavelinas (Dianthus) huelen a clavo, un aroma especiado y limpio muy distinto del dulzor de los jazmines. Florecen todo el verano a pleno sol, en sustrato drenante y con riego moderado; toleran bien la cal. Cortar las flores pasadas alarga mucho la floración.

El jazmín rosado o moruno (Jasminum polyanthum) es trepador y florece a finales de invierno y en primavera, con ramilletes blancos que salen de capullos de un rosa intenso. Es el jazmín más resistente al frío de los cultivados en casa, aunque las heladas continuadas lo dañan; en zonas frías se cultiva en maceta y se resguarda. Se poda justo después de florecer, porque forma la flor sobre la madera del año anterior.

El jazmín real o español (Jasminum grandiflorum) florece en verano y otoño de forma continua, con flores más grandes que las del jazmín común y un perfume muy potente. Es sensible a las heladas, así que fuera del litoral cálido conviene tenerlo en maceta. Pleno sol, riego regular en verano (imprescindible si vive en tiesto) y guiado y poda tras la floración.

Para un muro o una barandilla en el interior peninsular, donde los jazmines verdaderos sufren, el jazmín estrellado (Trachelospermum jasminoides) resuelve el problema: perennifolio, resistente al frío, cubre una celosía entera y en mayo y junio perfuma con la misma intensidad.

Cómo repartirlas por la casa

La regla que mejor funciona es una planta perfumada por estancia y ninguna en el dormitorio. Un solo ejemplar en flor basta para un salón; dos gardenias juntas en una habitación pequeña resultan empalagosas. En cocina y baño el aire suele ser más húmedo, lo que favorece a la gardenia, pero también suele haber menos luz, que es justo lo que necesita: si el baño solo tiene una ventana pequeña, no es sitio para ella.

Y una cuestión de calendario: casi todas estas plantas se venden en flor y compradas así aguantan lo que dure esa floración. Para que vuelvan a florecer al año siguiente necesitan pasar un invierno fresco y luminoso, cosa que un salón con calefacción a 22 grados no ofrece. Sacar las macetas al balcón desde abril hasta octubre y devolver dentro solo las que resistan el invierno es lo que separa una planta que dura años de una que se tira en agosto.

En resumen

Dentro de casa funcionan de verdad la gardenia, el heliotropo y el rosal miniatura, y las tres piden mucha luz sin sol directo. La gardenia añade una condición que en España pesa mucho: riego con agua blanda y sustrato para acidófilas, o amarillea sin remedio en las zonas de agua dura.

Las lavandas, las clavelinas y los jazmines son plantas de exterior y ahí es donde perfuman. Para el balcón mediterráneo, lavanda dentada y jazmín real; para el interior peninsular con heladas, cantueso en suelo ácido y jazmín estrellado, que aguanta el frío y da el mismo aroma en mayo.


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