En julio y agosto el jardín español no se queda sin flor, pero cambia de reparto. Las especies de primavera se retiran y toman el relevo un grupo mucho más reducido de plantas capaces de aguantar cuarenta grados a mediodía, aire seco y un suelo que se calienta hasta quemar raíces superficiales. Esas son las que interesan aquí: arbustos, trepadoras, vivaces y anuales que florecen a pleno sol de junio a septiembre sin pedir riego diario.

La regla que ordena todo lo demás es sencilla. En verano no manda el calor, manda la combinación de calor y evaporación. Una planta a pleno sol en una maceta de terracota de veinte centímetros sobre un suelo de terraza se seca en una tarde aunque la especie sea resistente a la sequía. La misma planta en tierra, con la raíz a treinta centímetros de profundidad y un acolchado encima, aguanta una semana. Antes de elegir especie conviene decidir dónde va a vivir, porque eso pesa más que la etiqueta.

Las calibrachoas son plantas de abundante floración e intensos colores.

Arbustos que florecen en pleno verano

El árbol de Júpiter (Lagerstroemia indica) es probablemente el mejor arbusto de flor para el verano peninsular. Caducifolio, de crecimiento lento, se conduce como arbusto grande o como arbolillo de porte pequeño. Florece de julio a septiembre en blanco, rosa, fucsia o morado, con panículas de pétalos arrugados que duran semanas. En otoño la hoja se tiñe de rojo y naranja, y en invierno queda el tronco liso, de corteza que se exfolia en placas y deja vetas canela. Tolera bien la cal del suelo y, una vez establecido, resiste el frío y la sequía. Dos advertencias prácticas: florece sobre la madera del año, así que se poda al final del invierno, y en zonas húmedas o con poca ventilación coge oídio con facilidad.

La rosa de Siria (Hibiscus syriacus) es un arbusto caducifolio de la familia de las malvas que florece desde julio hasta bien entrado septiembre, con flores sencillas o dobles en azules, malvas, rosas y blanco. Resiste el frío del interior peninsular mucho mejor que su pariente tropical y pide poca agua. Una poda de invierno acortando los brotes del año anterior lo compacta y aumenta el número de flores.

La rosa de China (Hibiscus rosa-sinensis) es la versión perennifolia y tropical del género, de flores grandes en rojos, naranjas y amarillos. No soporta las heladas, ni siquiera las leves, así que en la Península solo prospera al aire libre en el litoral sur y en zonas costeras muy resguardadas. En el resto del país es planta de maceta que hay que resguardar en invierno.

La adelfa (Nerium oleander) es el arbusto de flor más duro que se puede plantar en clima mediterráneo. Perennifolio, florece de junio a octubre en blanco, rosa, salmón o rojo, aguanta el calor extremo, la sequía prolongada, la salinidad y la contaminación, motivo por el que llena las medianas de las autovías del sur y el este. Necesita mucho sol y espacio. Un aviso importante: toda la planta es tóxica por ingestión, hojas, flores y tallos, por los glucósidos cardíacos que contiene, y la savia puede irritar la piel. Conviene tenerlo en cuenta donde haya niños o animales, usar guantes al podar y no quemar los restos de poda en un sitio cerrado. Ante cualquier ingestión, la consulta es al médico o al veterinario.

Para primer plano y macizos, la espirea japonesa (Spiraea japonica) en variedades como Little Princess o Goldflame forma matas bajas y redondeadas con corimbos rosados sobre follaje verde claro o dorado. Es sencilla y resistente, aunque en el sur peninsular agradece algo de sombra en las horas centrales.

Trepadoras de floración estival

Un muro orientado al sur es el sitio más caluroso del jardín y también el más agradecido si se planta bien. La buganvilla (Bougainvillea glabra y otras) es la reina del litoral mediterráneo y de Canarias: florece de mayo a octubre y cuanto más seca y soleada esté, más brácteas produce. Su límite es el frío, y por debajo de cero sufre.

Los jazmines aportan el perfume. Jasminum officinale es caducifolio o semiperenne, de flor blanca muy aromática en verano. El llamado jazmín estrellado o falso jazmín (Trachelospermum jasminoides) es perennifolio, mucho más resistente al frío y prospera sin problemas en el interior peninsular; su floración, blanca y muy perfumada, se concentra en mayo y junio más que en pleno agosto, algo que conviene saber antes de plantarlo esperando aroma en el mes de vacaciones.

Los solanos trepadores (Solanum laxum, de flor blanca, antes llamado Solanum jasminoides, y Solanum crispum, de flor azul lila) florecen largo y toleran fríos que la buganvilla no aguanta. Se recortan al final del invierno. La bignonia trompeta (Campsis radicans) da racimos naranjas muy vistosos en pleno verano y resiste bien el frío; es tan vigorosa que rebrota de raíz a distancia del pie, así que no es planta para un patio pequeño ni para arrimarla a una fachada delicada.

Las ipomeas anuales (Ipomoea tricolor y afines) cubren en una temporada una celosía desde semilla sembrada en abril. Las especies perennes del género se naturalizan con facilidad en el litoral cálido y pueden ahogar la vegetación de ribera, de modo que fuera de un espacio controlado no son buena idea.

Dos arbustos se comportan como trepadoras si se guían contra un muro. El plumbago (Plumbago auriculata) da racimos de flor azul celeste de junio a noviembre, sin apenas riego, y rebrota tras un invierno frío aunque se hiele la parte aérea. El galán de noche (Cestrum nocturnum) tiene flores insignificantes y un perfume nocturno intensísimo que se percibe a varios metros; es solanácea y sus frutos son tóxicos por ingestión.

Anuales y vivaces: color rápido

Para llenar de color macetas, jardineras y arriates en pocas semanas, nada gana a las anuales y vivaces de verano. En la mayor parte de España se plantan cuando ha pasado el riesgo de helada: marzo en el litoral sur, abril en la costa mediterránea, finales de abril o mayo en la meseta y el norte. Piden sol directo, sustrato con drenaje y abonado quincenal, porque florecer sin parar durante cuatro meses consume mucho.

Las clásicas son los geranios y gitanillas (Pelargonium), las petunias (Petunia x hybrida), las calibrachoas de flor pequeña y mata colgante, y los tagetes (Tagetes erecta y Tagetes patula), en amarillos y naranjas. Junto a ellas hay un repertorio menos frecuente que aguanta el calor igual de bien.

En la gama azul y morada: el agerato (Ageratum houstonianum), mata baja de flores en borla; el falso plumbago (Ceratostigma plumbaginoides), vivaz tapizante de flor azul intenso cuyo follaje vira a púrpura en otoño; la lobelia (Lobelia erinus), que necesita más humedad que las demás y sufre en pleno sol del sur; la salvia azul (Salvia farinacea), de espigas violeta muy duraderas; la verbena rastrera y la cleome (Cleome hassleriana), anual de casi un metro y flor de aspecto exótico.

En amarillos y naranjas: la gallardía (Gaillardia x grandiflora), vivaz rústica de flores bicolores; la coreopsis (Coreopsis verticillata y Coreopsis tinctoria); la gazania (Gazania rigens), que abre sus flores solo con sol directo y es de lo más resistente que hay para un talud seco; el girasol ornamental (Helianthus annuus) y las rudbeckias, de botón central oscuro. La flor de papel (Xerochrysum bracteatum, antes Helichrysum bracteatum) da brácteas de tacto rígido que parecen ya secas y sirven para ramos secos.

En multicolor: los cosmos (Cosmos bipinnatus), de follaje plumoso y más de un metro, ideales para el fondo del arriate y facilísimos desde semilla; las zinnias (Zinnia elegans), que odian el exceso de humedad en la hoja y cogen oídio si se riegan por aspersión; las dalias, de raíz tuberosa que se planta en primavera; y la portulaca (Portulaca grandiflora), la más resistente a la sequía de todas, que prefiere suelo pobre y riego escaso y cuelga bien en jardineras de barandilla.

Riego, sustrato y acolchado

Casi todas estas especies toleran bien los suelos calizos que dominan el este y el sur peninsular, lo que ahorra el problema de la clorosis férrica que castiga a las acidófilas. Lo que no perdonan es el encharcamiento: en suelo arcilloso conviene plantar sobre caballón o corregir con arena gruesa y materia orgánica.

En riego, mejor poco frecuente y abundante que a diario y escaso, para que la raíz baje. En maceta la cosa cambia y en pleno agosto hay que regar cada día, siempre a primera hora de la mañana o al caer la tarde. Un acolchado de corteza, grava o cantos de cinco centímetros sobre la tierra reduce mucho la evaporación y mantiene la raíz más fresca, y en un verano mediterráneo esa capa vale más que cualquier producto.

Cómo combinarlas

Como todas piden lo mismo (sol, drenaje, poco riego), combinarlas es cuestión de criterio visual y no de compatibilidad de cultivo. En jardines de trazado formal funciona bien una sola especie en un solo color repetida en masa. En arriates mixtos, moverse dentro de una misma gama cromática casi nunca falla, y un contraste fuerte entre dos tonos complementarios, azul y naranja por ejemplo, tiene más fuerza que cinco colores mezclados. La mezcla multicolor completa encaja en jardines de aire rústico y desordena cualquier otro.

En resumen

Para tener flor de junio a septiembre en España, la estructura la ponen los arbustos (Lagerstroemia, Hibiscus syriacus, adelfa) y las trepadoras de muro soleado, y el color inmediato lo aportan las anuales y vivaces plantadas cuando ha pasado la helada. Las diferencias de resistencia al frío marcan qué se puede plantar dónde: buganvilla, rosa de China y galán de noche solo en litoral suave, mientras que árbol de Júpiter, rosa de Siria, campsis y plumbago funcionan en gran parte del interior.

Lo que decide el resultado no es la lista de especies sino el suelo y el acolchado. Drenaje resuelto, riego espaciado y profundo, y cinco centímetros de acolchado sobre la tierra convierten un macizo que hay que regar a diario en uno que aguanta la semana. Y conviene recordar que la adelfa es tóxica por ingestión en todas sus partes, un dato a valorar antes de plantarla donde haya niños o animales.


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