Entre finales de septiembre y comienzos de noviembre hay una ventana de floración que muchos jardines desaprovechan. Es lo que la jardinería naturalista llama la quinta estación: el momento en que las vivaces tardías, los subarbustos y las gramíneas coinciden bajo una luz baja y dorada, con las inflorescencias secas del verano todavía en pie y los primeros tonos de otoño en el follaje.
En España esa estación tiene además una particularidad climática. En el litoral mediterráneo y en buena parte del interior, las lluvias de septiembre marcan el verdadero reinicio del año vegetativo después de la sequía estival, así que el otoño no es una despedida sino una segunda primavera. Elegir bien las plantas para ese momento rinde más que en ningún otro periodo del calendario.
Muchos helenios producen radiantes flores anaranjadas a lo largo de todo el otoño.
Las gramíneas son la estructura, no el relleno
Es el cambio de mentalidad que define este tipo de plantación. Las gramíneas ornamentales dan en otoño lo que ninguna flor: textura, transparencia, movimiento con el viento y un comportamiento espectacular a contraluz al amanecer y al atardecer. Y a diferencia de las flores, se mantienen en pie todo el invierno.
Miscanthus sinensis, Panicum virgatum, Calamagrostis × acutiflora 'Karl Foerster', Pennisetum alopecuroides, Stipa tenuissima y Molinia caerulea son la base habitual. Todas se plantan en primavera, quieren pleno sol y suelo drenado, y se cortan a ras al final del invierno, no en otoño: es justamente entonces cuando dan su mejor imagen.
Una advertencia importante. El plumero de la pampa (Cortaderia selloana), que durante décadas se plantó como gramínea ornamental de otoño, está incluido en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, regulado por el Real Decreto 630/2013, lo que prohíbe su comercialización, plantación y posesión en España. Cada planta produce millones de semillas que el viento dispersa a kilómetros, y ha colonizado taludes, riberas y terrenos removidos de toda la cornisa cantábrica y de otras zonas. Para un efecto parecido, Miscanthus sinensis cumple sin ese problema.
Ásteres
Son la flor de otoño por excelencia, con nubes de pequeñas margaritas en rosa, magenta, lila, violeta y azul de septiembre a noviembre. Conviene saber que la mayoría de los que se venden como Aster ya no pertenecen a ese género: las especies americanas se clasifican hoy en Symphyotrichum, así que Aster novae-angliae es Symphyotrichum novae-angliae y Aster novi-belgii es S. novi-belgii. Los que siguen siendo Aster de verdad son los europeos, como Aster amellus y el híbrido Aster × frikartii.
Esa distinción tiene consecuencias prácticas en España. Los Symphyotrichum novi-belgii son muy propensos al oídio en clima seco y necesitan suelo fresco. El Aster amellus y el Aster × frikartii 'Mönch', en cambio, toleran mucho mejor el calor, la caliza y la sequía, y son la elección sensata para un jardín mediterráneo. Más detalle en ásteres, estrellas del jardín de otoño.
Helenios, rudbeckias y equináceas
El trío de compuestas de colores cálidos que sostiene la bordura de agosto a octubre. Los helenios (Helenium) dan margaritas en rojo, cobre, naranja y amarillo con un botón central muy abultado, sobre matas de 50 a 130 centímetros. Piden suelo que no se seque y riego constante, así que en zona seca son planta de arriate regado. Tienes su cultivo completo en la fiesta de otoño de los helenios.
Las rudbeckias (Rudbeckia fulgida 'Goldsturm', R. laciniata) aportan amarillos intensos con cono central oscuro y son bastante más tolerantes a la sequía. Las equináceas (Echinacea purpurea) florecen antes pero sus conos secos se mantienen en pie todo el invierno y son uno de los elementos más característicos de la plantación naturalista.
Sedums
Las inflorescencias en cima de los sedums altos (Hylotelephium spectabile, H. telephium) empiezan verdes en verano, viran a rosa en septiembre y terminan en un tono caldero oscuro que se conserva hasta febrero. Forman matas redondeadas de tallos y hojas carnosas de unos 50 o 60 centímetros.
Son de las mejores plantas para jardín de bajo riego: pleno sol, suelo pobre y drenado, y nada de abono, porque en suelo rico se tumban. Atraen abejas y mariposas de forma extraordinaria en septiembre. Ver sédums, mucha belleza y pocos cuidados.
Salvias, la familia clave en clima mediterráneo
Si hay un género hecho para el otoño español, es este. Las salvias arbustivas (Salvia greggii, S. microphylla, S. × jamensis) florecen desde la primavera hasta las heladas con rojos, rosas, corales y bicolores, aguantan sequía y calor y se recuperan de una poda dura al final del invierno.
La Salvia leucantha es la reina del otoño propiamente dicho: espigas aterciopeladas moradas y blancas de octubre a diciembre, sobre matas grandes, en pleno sol y con muy poco riego. Y las Salvia nemorosa y S. × sylvestris refloreciendo en septiembre si se cortaron tras la floración de junio. Ampliado en salvias en flor casi todo el año.
Anémonas japonesas
Los híbridos de Anemone × hybrida son de lo poco que florece bien en semisombra en esta época: tallos altos y flexibles rematados por flores simples o semidobles, blancas o rosas, de agosto a octubre. Quieren suelo fresco, profundo y con materia orgánica, y sufren en pleno sol del interior peninsular.
Conviene saber que se extienden por brotes de raíz y con los años colonizan bastante superficie. En una bordura pequeña hay que contenerlas; en un macizo grande bajo arbolado, esa expansión es precisamente lo que se busca.
Dalias
Florecen de julio hasta las primeras heladas y las variedades tardías son las que salvan octubre. En plantación naturalista se prefieren las de flor simple o de aspecto silvestre, con follaje oscuro, antes que las de pompón muy formales.
Requieren sol, suelo rico y riego regular, y hay que retirar las flores marchitas sin descanso. En zonas de invierno frío del interior y del norte, los tubérculos se arrancan tras las primeras heladas, se secan y se guardan en un sitio fresco y seco. En el litoral mediterráneo y en el sur pueden quedarse en tierra con un buen acolchado.
Bulbos de otoño, la baza mediterránea
Esta es la parte que suele faltar en los listados de origen centroeuropeo y que en España funciona mejor que ninguna otra. Son geófitos adaptados exactamente a nuestro ciclo: reposo en el verano seco y floración con las primeras lluvias.
La Sternbergia lutea es autóctona de la Península y florece en septiembre y octubre con copas amarillas brillantes, antes que las hojas, en suelo calizo, seco y a pleno sol. El azafrán (Crocus sativus) florece en octubre y noviembre y es un cultivo tradicional de La Mancha. Las Nerine dan umbelas rosas de pétalos rizados en octubre. La Amaryllis belladonna emite sus varas rosas perfumadas en agosto y septiembre sobre suelo desnudo. Y los Colchicum florecen en septiembre sin hojas, con flores lilas que salen directamente del suelo.
Todos ellos se plantan en verano, entre julio y septiembre. Y una precaución: los bulbos de Colchicum son muy tóxicos por ingestión, y no deben confundirse con el azafrán, al que se parecen bastante en flor.
Un rosal que llega a noviembre
La rosa 'Mutabilis', un rosal de China de flor simple, florece sin interrupción desde la primavera hasta las primeras heladas. Sus flores cambian de color al envejecer: abren en amarillo miel, pasan a un tono asalmonado y terminan en rosa carmesí, de modo que la mata luce los tres a la vez. Forma un arbusto grande y suelto, resiste bien las enfermedades del rosal y da escaramujos. Funciona como arbusto de fondo, en bordura mixta y contra un muro cálido.
Cómo montarlo
La plantación de otoño se piensa por masas, no por ejemplares sueltos. Grupos de tres, cinco o siete pies de la misma especie, repetidos a lo largo de la bordura, con las gramíneas intercaladas como hilo conductor. La repetición es lo que da unidad a este tipo de jardín.
Aquí la época de plantación es el otoño, entre octubre y noviembre, que es cuando las vivaces arraigan mejor en clima mediterráneo aprovechando las lluvias y el suelo todavía templado. En el norte húmedo también funciona la plantación de comienzos de primavera.
Y la regla que más cambia el resultado: no limpiar el jardín en otoño. Las inflorescencias secas de sedums, equináceas, rudbeckias y gramíneas son el espectáculo del invierno, alimentan a los pájaros y protegen las cepas del frío. La poda a ras se hace en febrero, antes de la brotación.
En resumen
La quinta estación se construye con vivaces tardías, subarbustos y gramíneas plantados en masas y repetidos. Ásteres, helenios, rudbeckias, sedums, anémonas japonesas y dalias tardías, con Miscanthus, Panicum o Calamagrostis dando la estructura.
En clima mediterráneo, apuesta por las especies que aguantan calor y caliza (Aster amellus, Aster × frikartii, salvias arbustivas, Salvia leucantha, sedums) y añade los bulbos de otoño autóctonos o adaptados, que son la mejor baza local. Planta en octubre, no limpies hasta febrero y no plantes plumero de la pampa: figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras del Real Decreto 630/2013.