Las hoyas son lianas epífitas de la familia de las apocináceas, emparentadas con las plantas de la seda, y proceden del sudeste asiático, Nueva Guinea, Australia y las islas del Pacífico, con Filipinas como uno de los grandes centros de diversidad. El género reúne varios cientos de especies, a las que se suman híbridos y cultivares en constante aparición.

Lo que las hace inconfundibles son las flores: umbelas de estrellas de cinco puntas, carnosas, de aspecto de cera o de terciopelo según la especie, con una corona central de color contrastado y un perfume que se intensifica al anochecer. La hoja es perenne y suculenta, lo que explica su tolerancia a los descuidos de riego. Son plantas fáciles de mantener y difíciles de hacer florecer, y casi todo lo que sigue va de resolver la segunda parte.

Entre los cultivares de Hoya pubicalyx destaca el Pink Silver, de estrellas afelpadas carmín con reflejos plateados y corona central rosada.

Los espolones florales: la regla número uno

Las hoyas no florecen en cualquier punto del tallo. Producen unas estructuras cortas y leñosas, llamadas espolones o pedúnculos perennes, de las que brota la umbela. Ese espolón vuelve a florecer temporada tras temporada, a veces durante años, y con cada floración se alarga un poco.

De ahí la regla más importante del cultivo de hoyas: nunca se corta el espolón después de la floración. Cortarlo, aunque parezca un palito seco, elimina la posibilidad de que esa planta vuelva a florecer en ese punto. Tampoco se retiran a mano las flores marchitas tirando de ellas: se dejan caer solas.

Las especies que merece la pena buscar

Hoya carnosa es la clásica y la más resistente. Hojas ovales, gruesas, verde oscuro, y umbelas de flores blanco rosado con corona roja. Sus cultivares variegados 'Krimson Queen' (variegación en el margen, con brotes rosados) y 'Krimson Princess' (variegación central) son de los más vendidos. 'Compacta', la llamada cuerda hindú, tiene las hojas retorcidas y apiñadas sobre el tallo y crece muy despacio.

Hoya pubicalyx es de crecimiento rápido y floración generosa, con hojas alargadas a menudo salpicadas de plata y flores aterciopeladas en tonos que van del rosa al burdeos casi negro según el cultivar. Es probablemente la mejor para empezar si lo que se busca es ver flor pronto.

Hoya lanceolata subsp. bella (la antigua H. bella) es pequeña, de porte colgante y hojas menudas, con umbelas de flores blancas de corona morada. Es preciosa y bastante más exigente en humedad ambiental que las anteriores. Va mejor en cesta colgante que en maceta sobre mueble.

Hoya linearis tiene hojas cilíndricas y peludas que cuelgan como una cortina verde. Necesita fresco y humedad, y no soporta bien el calor seco del verano peninsular. Hoya obovata y Hoya australis, en cambio, son de hoja gruesa y redondeada y de las más tolerantes.

Una advertencia sobre Hoya kerrii, la hoya corazón. Se vende con frecuencia como una hoja suelta clavada en una maceta pequeña, muy popular como regalo. Esa hoja enraiza, pero no tiene yema, así que no va a crecer nunca: se queda como está durante años y acaba muriendo. Si quieres una H. kerrii de verdad, hay que comprar un esqueje con tallo y al menos un nudo.

Luz: el factor que decide la floración

Aquí está el motivo por el que la mayoría de las hoyas domésticas no florecen. Necesitan mucha más luz de la que suele dárseles: luz brillante durante todo el día, y en el caso de H. carnosa y H. pubicalyx, incluso un par de horas de sol directo suave de mañana o de última hora de la tarde.

En un piso español, eso significa junto a una ventana orientada al este, o a una al sur con un visillo que filtre el sol de mediodía en verano. Una hoya en el interior de una habitación crece, saca guías largas y hojas nuevas, y no florece jamás.

El síntoma de exceso de luz es un enrojecimiento o amarilleo del follaje, o manchas quemadas. El de falta de luz, entrenudos larguísimos, hojas pequeñas y ausencia de espolones. Las variedades variegadas necesitan más luz que las verdes para conservar el jaspeado.

Riego, sustrato y maceta

Se riegan como una suculenta con matices: a fondo, hasta que el agua salga por el drenaje, y luego se deja secar buena parte del sustrato antes de volver a regar. En verano puede tocar cada semana o diez días; en invierno, cada dos o tres semanas. Las hojas ligeramente arrugadas y blandas indican sed; las hojas amarillas que se caen enteras, exceso de agua.

El sustrato tiene que ser de tipo epífito, muy abierto: corteza de pino de calibre medio, perlita y una parte pequeña de sustrato universal o fibra de coco. Una tierra de maceta corriente retiene demasiada agua y es la causa más frecuente de pérdida de raíces.

La maceta, pequeña. Las hoyas florecen mejor con las raíces algo apretadas, y trasplantarlas a un tiesto grande suele retrasar la floración un par de años. El trasplante se hace cada tres o cuatro años, y solo cuando el cepellón ya no admite más.

Temperatura y humedad

Entre 18 y 28 grados están cómodas. Por debajo de 12 o 13 grados sufren, y una helada las mata. En zonas de invierno suave del litoral mediterráneo, del sur y de Canarias pueden vivir todo el año en el exterior a la sombra o a media sombra.

La humedad ambiental les viene bien, especialmente a H. bella, H. linearis y las especies de hoja fina. Una bandeja con arcilla expandida húmeda o un humidificador resuelven el invierno con calefacción. Las de hoja gruesa como H. carnosa, H. obovata o H. australis aguantan aire seco sin problema.

Un detalle práctico: las flores de muchas hoyas producen néctar en abundancia y gotean. Conviene no ponerlas encima de un mueble de madera o de un suelo delicado mientras están en flor.

Abonado y soporte

Abono para plantas verdes o para orquídeas, a media dosis, cada dos o tres semanas de abril a septiembre, siempre sobre sustrato húmedo. En invierno se suspende. Algunos cultivadores cambian a un abono con más fósforo y potasio al final de la primavera para favorecer la floración, aunque el factor determinante sigue siendo la luz.

Como lianas que son, agradecen un soporte: un aro de alambre, una celosía pequeña o un tutor. Enrolladas sobre un aro ocupan poco y las guías dejan de enredarse en todo lo que tienen alrededor. También funcionan muy bien colgadas, dejando caer los tallos.

Cómo conseguir que florezca

Cinco condiciones, por orden de importancia. Luz muy brillante, incluida algo de directa suave. Madurez: un esqueje tarda entre dos y tres años en florecer por primera vez, y no hay atajo. Maceta pequeña con raíces apretadas. Un periodo algo más fresco y seco en invierno, con temperaturas en torno a 14 o 16 grados y riego muy espaciado, que actúa como estímulo. Y no mover la planta una vez aparecen los botones: como el cactus de Navidad, una hoya con botones que cambia de orientación los deja caer.

Y la sexta, negativa: no cortar los espolones.

Multiplicación

Muy sencilla. Se corta un esqueje de dos o tres nudos, se quitan las hojas del nudo inferior y se pone a enraizar en agua o directamente en sustrato aireado y ligeramente húmedo, tapado los primeros días para mantener la humedad. En primavera y verano, con temperatura por encima de 22 grados, enraíza en tres o cuatro semanas.

El esqueje debe llevar al menos un nudo con yema. Una hoja suelta puede echar raíces, pero no formará nunca una planta, que es exactamente el problema de las H. kerrii corazón.

Plagas y precauciones

Cochinilla algodonosa en las axilas y bajo las hojas, araña roja con calor y aire seco y pulgón en los botones florales, que son un imán. Se controlan revisando el envés al limpiar el follaje y retirando los focos con un algodón.

Las hoyas segregan un látex blanco al cortarlas que puede irritar la piel y las mucosas, así que conviene lavarse las manos después de esquejar y evitar el contacto con los ojos. No figuran, en cambio, entre las plantas de interior consideradas tóxicas para perros y gatos, a diferencia de la mayoría de las aráceas.

En resumen

Una hoya se mantiene viva casi sola: sustrato de corteza y perlita en maceta pequeña, riego a fondo dejando secar entre riegos, temperatura por encima de 13 grados y abono suave en la temporada de crecimiento.

Para que florezca hacen falta tres cosas más: mucha luz, incluida algo de sol directo suave, paciencia (dos o tres años desde esqueje) y no cortar nunca los espolones florales, que son los que vuelven a dar flor cada año. Empieza por Hoya carnosa o H. pubicalyx, que son las más agradecidas, y desconfía de la hoja suelta de H. kerrii: no crecerá nunca.


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