El género Passiflora reúne varios cientos de especies, casi todas trepadoras de zarcillo originarias de las regiones tropicales y subtropicales de América. Su flor tiene una arquitectura que no se parece a ninguna otra: cinco pétalos y cinco sépalos parecidos entre sí, sobre ellos una corona de filamentos que puede ser lisa, rizada, bicolor o estriada, y en el centro una columna que eleva estambres y estigmas por encima del resto.

En España se cultivan sobre todo dos cosas distintas bajo el mismo nombre. La Passiflora caerulea, rústica, capaz de aguantar heladas y de cubrir una pérgola en dos temporadas, que es la que se ve en jardines de toda la Península. Y el maracuyá (Passiflora edulis), que se cultiva por su fruto y que solo prospera al aire libre en zonas sin heladas. Confundirlas es el origen de la mayoría de las decepciones.

La muy fragante Passiflora x belotii o 'Emperatriz Eugenia'. Luce pétalos rosados en dos tonos distintos.

El nombre y la flor

El nombre lo pusieron misioneros españoles en América, que leyeron la flor como un catecismo visual: la corona de filamentos como corona de espinas, los tres estigmas como los clavos, los cinco estambres como las llagas. Linneo lo recogió al bautizar el género Passiflora, flor de la Pasión.

Más allá del simbolismo, esa estructura tiene una función. La columna central levanta las anteras justo a la altura del lomo de los grandes polinizadores, sobre todo abejorros y en algunas especies colibríes o murciélagos, mientras la corona de filamentos actúa de plataforma de aterrizaje y de guía visual hacia el néctar. Muchas especies tienen además nectarios en el pecíolo de las hojas, fuera de la flor, que atraen hormigas que defienden la planta de las orugas.

Un detalle que sorprende a quien planta su primera pasiflora: en muchas especies, incluida la P. caerulea, cada flor dura un solo día. Lo que da la sensación de floración continua es que la planta abre flores nuevas cada mañana durante meses.

Las rústicas: para un jardín peninsular

La Passiflora caerulea es la que funciona en casi toda España. Flor blanca con corona de filamentos en bandas azul, blanco y morado, floración de mayo a octubre, follaje palmeado de cinco a siete lóbulos y crecimiento muy rápido. Resiste heladas del orden de los diez grados bajo cero: en el litoral conserva la hoja, y en el interior pierde la parte aérea y rebrota de la cepa en primavera. Su cultivar 'Constance Elliott' es enteramente blanco y algo menos vigoroso.

La Passiflora incarnata, del sudeste de Estados Unidos, es la otra realmente rústica. Es herbácea: desaparece por completo en invierno y rebrota en mayo desde raíces que se extienden por rizomas, a veces bastante lejos. Da flores lila y frutos comestibles cuando están bien maduros.

Los híbridos P. × violacea y 'Amethyst' aportan tonos violeta y morado sobre plantas menos resistentes que la caerulea, adecuadas para el litoral mediterráneo y zonas de invierno suave.

Las tropicales: solo en clima cálido o en maceta

Aquí conviene ser claro, porque circulan datos de rusticidad muy optimistas. Passiflora quadrangularis, la granadilla gigante, es una planta estrictamente tropical y no soporta heladas. Lo mismo vale para P. vitifolia, P. coccinea y P. racemosa, todas de flores rojas espectaculares y todas incapaces de pasar un invierno peninsular al aire libre.

En el interior de España estas especies solo tienen sentido en maceta grande, con soporte, sacadas a la terraza de mayo a octubre y entradas a un sitio luminoso y por encima de 12 o 15 grados el resto del año. En Canarias y en enclaves sin heladas del litoral sur pueden vivir en el jardín.

Plantación y cultivo

Exposición. Pleno sol para floración abundante. En la sombra ligera crecen, pero dan bastante menos flor. En el interior peninsular y en el sur, una posición con sol de mañana y algo de protección en las horas centrales de julio y agosto evita que el follaje se queme.

Suelo. Suelto, con materia orgánica y sobre todo bien drenado. No son exigentes en fertilidad y toleran suelos calizos, frecuentes en el este y el sur. Lo que no toleran es el encharcamiento invernal, que pudre el cuello.

Riego. Abundante y profundo en verano, espaciado en invierno. Un riego escaso y frecuente crea raíces superficiales que sufren mucho en cuanto llega el calor; es preferible regar menos veces y con más agua.

Abonado. Poco. Un exceso de nitrógeno da una planta enorme con follaje espléndido y casi sin flores. En maceta sí necesitan aportes regulares durante la temporada de crecimiento, con un abono rico en potasio si se busca fruto.

Soporte. Trepan por zarcillos, así que necesitan algo fino a lo que agarrarse: alambres tensados sobre un muro, una malla, una celosía o la propia estructura de una pérgola. No se sujetan a una pared lisa.

Poda

Florecen sobre los brotes del año, así que la poda se hace al final del invierno o a comienzos de primavera, antes de que arranque el crecimiento. Se retiran las ramas secas, se aclara el enredo interior y se acortan los tallos del año anterior dejando dos o tres yemas.

Durante el verano se puede despuntar para contener el crecimiento, que en P. caerulea puede ser de varios metros por temporada. En plantas jóvenes, dejar dos o tres tallos principales y guiarlos sobre el soporte da estructuras mucho más manejables que dejarlas hacer.

El maracuyá

La fruta de la pasión procede de Passiflora edulis, con dos formas en cultivo: la morada, de fruto burdeos y más tolerante al fresco, y la amarilla (f. flavicarpa), de fruto mayor y más tropical. La flor es blanca con corona de filamentos morados y blancos.

Los frutos son bayas de 4 a 8 centímetros con piel lisa que se arruga al madurar. Ese arrugamiento es la señal de que están listos, no un defecto. La pulpa es aromática y ácida, con semillas negras comestibles, y se usa en batidos, mousses, helados y salsas.

En España se cultiva al aire libre en Canarias y en enclaves cálidos del litoral sur y de Levante. Necesita mucho sol, riego abundante durante el cuajado y el engorde del fruto, y protección del viento. Es autofértil en la forma morada, pero la polinización mejora mucho con abejorros, y en invernadero a veces hay que polinizar a mano con un pincel. Del cuaje a la maduración pasan de dos a tres meses.

Otros frutos y una advertencia sobre lo comestible

Además del maracuyá, dan fruto comestible P. incarnata, P. quadrangularis (frutos enormes, de hasta 30 centímetros) y la curuba (P. tripartita var. mollissima), de fruto alargado y amarillo. Los de P. caerulea son de un naranja llamativo, técnicamente comestibles pero insípidos y llenos de semillas.

La advertencia es importante: solo se comen frutos completamente maduros y solo de especies que se sepa con certeza que son comestibles. Los frutos verdes y las partes vegetativas de varias pasifloras contienen glucósidos cianogénicos y no deben consumirse. Tampoco conviene atribuir a estas plantas usos medicinales sin la indicación de un profesional sanitario.

Comportamiento invasor: dos casos a tener en cuenta

La Passiflora caerulea se ha naturalizado en muchas zonas de España. Se resiembra sola, los pájaros dispersan las semillas y los rizomas producen brotes lejos de la planta madre, así que puede colonizar ribazos y solares próximos. En un jardín pequeño conviene retirar los frutos antes de que maduren si no se quieren plántulas por todas partes.

Más serio es el caso de la curuba (P. tripartita var. mollissima), que en las islas Canarias se comporta como una trepadora invasora agresiva: cubre y ahoga la vegetación de la laurisilva y de los bosques de pino, y su semilla es dispersada por aves y ratas. No es una planta que deba introducirse en el archipiélago ni en ningún enclave de vegetación natural.

Plagas y problemas

En el jardín, las orugas de mariposa se comen las hojas de forma llamativa pero rara vez comprometen a la planta, que rebrota sin problema. En maceta y en invernadero aparecen araña roja con calor y aire seco, mosca blanca y cochinilla.

Mucha hoja y ninguna flor suele deberse a exceso de nitrógeno, a sombra o a que la planta es demasiado joven. Hojas amarillas con nervios verdes, sobre todo en suelos muy calizos, apuntan a clorosis férrica. Caída de flores sin cuajar en maracuyá suele ser falta de polinización o calor extremo durante la floración.

En resumen

Para una pérgola en cualquier punto de la Península, la Passiflora caerulea es la opción segura: rústica hasta unos diez grados bajo cero, rapidísima y florida de mayo a octubre. Quiere pleno sol, suelo drenado, riego profundo en verano, poco abono y poda al final del invierno.

Si lo que buscas es fruta de la pasión, la especie es P. edulis y solo da cosecha al aire libre en zonas sin heladas, con posibilidad de cultivo en maceta grande a resguardo en el resto de España. Come solo frutos bien maduros de especies comestibles conocidas, y no introduzcas la curuba en Canarias: allí se comporta como invasora agresiva.


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