Jacintos y amarilis florecen dentro de casa en pleno invierno porque llegan al mercado como bulbos forzados: se les ha administrado antes un tratamiento de temperatura que adelanta la floración respecto a su ciclo natural. Comprados en octubre o noviembre y plantados enseguida, dan flor entre diciembre y febrero, justo cuando el jardín está parado.
Los dos bulbos funcionan de forma distinta y conviene no mezclarlos. El jacinto (Hyacinthus orientalis) necesita frío previo para florecer, y ese frío ya se lo han dado en origen o hay que dárselo en casa. El amarilis (Hippeastrum) es subtropical y no necesita frío ninguno: lo que necesita es calor para arrancar. Confundir ambos protocolos es el error más común.
Jacintos de varios colores en macetas rústicas. Resultan perfectos también en tiestos clásicos y modernos.
Qué es un bulbo forzado
Un bulbo de floración primaveral lleva la flor ya formada en su interior desde el verano anterior, pero no la desarrolla hasta haber pasado un periodo de frío suficiente. Es un mecanismo de seguridad: evita que brote en un otoño templado y se hiele después.
El forzado consiste en administrar ese frío de forma controlada, en cámara, a temperaturas de en torno a 5 a 9 grados durante varias semanas, y luego devolver el bulbo al calor. La planta interpreta que ha pasado el invierno y florece. Los bulbos preparados de esta forma se venden etiquetados como forzados o preparados, y a menudo llegan con el racimo ya asomando.
Un detalle importante: el forzado agota el bulbo. Un jacinto forzado rara vez da una segunda floración de calidad, y si se recupera tarda un par de años y suele producir espigas más pequeñas y sueltas.
Jacintos
El Hyacinthus orientalis es originario del Mediterráneo oriental y de Oriente Próximo. De cada bulbo sale una espiga densa de flores estrelladas muy perfumadas, en azul, morado, blanco, rosa, salmón, granate o amarillo pálido. El perfume es intenso hasta el punto de resultar excesivo en una habitación pequeña y cerrada.
Elección del bulbo. Firme y pesado al tacto, sin manchas blandas, sin moho azulado en la base y sin heridas. Los bulbos grandes dan espigas más densas, pero también más propensas a vencerse por el peso.
Plantación. Maceta apenas mayor que el bulbo, o varios bulbos juntos en un recipiente ancho sin que se toquen entre sí. Siempre con agujero de drenaje. Sustrato suelto y drenante, y el bulbo enterrado dejando el tercio superior por fuera, con la punta hacia arriba.
Si el bulbo no viene forzado, hay que darle el frío en casa: plantado, regado y metido en un lugar oscuro y fresco (una bodega, un garaje sin calefacción, la parte baja de la nevera si va en bolsa perforada y lejos de la fruta) durante unas 10 a 13 semanas, a una temperatura de entre 4 y 9 grados. Cuando el brote alcance unos 5 centímetros, se saca a la luz de forma progresiva.
Cultivo en agua. El jacinto es de los pocos bulbos que se cultivan bien en un vaso de forzado, esos recipientes de cintura estrecha. El bulbo se apoya en el cuello y el agua debe quedar justo por debajo de la base, sin tocarla, para que solo lo alcancen las raíces. El agua se renueva cada semana o dos. El periodo de frío también hay que dárselo, en oscuridad.
Mantenimiento. Sitio luminoso pero fresco, entre 15 y 18 grados. Cuanto más calor, antes se marchitan las flores y más se estiran los tallos. Lejos de radiadores. Riego moderado, sin mojar el bulbo ni el corazón de la espiga, y sin abonar durante la floración. Girar la maceta cada pocos días para que la espiga crezca recta.
Amarilis
Los amarilis de venta son híbridos del género Hippeastrum, sudamericano, no del género Amaryllis, que es sudafricano. El nombre popular está consolidado, pero conviene saberlo al buscar información.
Producen una o varias varas robustas rematadas por dos a cuatro flores en trompeta que pueden superar los 15 centímetros de diámetro, en rojo, blanco, salmón, rosa, bicolor o rayado. Las varas suelen salir antes que las hojas.
Plantación. Maceta ajustada, de unos 4 o 5 centímetros más ancha que el bulbo, con drenaje. Sustrato rico en materia orgánica y suelto. El bulbo se planta dejando fuera el tercio o incluso la mitad superior. Enterrarlo del todo es la causa más frecuente de pudrición.
Arranque. Riego escaso al principio, apenas para humedecer el sustrato, y sitio cálido y luminoso, en torno a 20 grados. Cuando la vara empieza a crecer se aumenta el riego progresivamente. De la plantación a la flor pasan entre seis y ocho semanas, así que para tener flor en Nochebuena hay que plantar a finales de octubre o comienzos de noviembre.
Durante la floración. Temperatura más fresca, en torno a 15 o 18 grados, alarga bastante la duración de las flores. Girar la maceta a diario evita que la vara se incline. Si la vara es muy alta, un tutor discreto la sostiene.
Qué hacer después de la floración
Aquí es donde se decide si el bulbo sirve para otro año. Con el amarilis merece la pena intentarlo, porque se recupera bien.
Se corta la vara floral a unos centímetros del bulbo cuando las flores se han marchitado, sin tocar las hojas. A partir de ahí la planta se trata como una planta verde: mucha luz, riego regular y abono equilibrado cada dos semanas de marzo a agosto. Es en esos meses cuando el bulbo acumula reservas para la flor del año siguiente. En primavera y verano puede salir a una terraza en semisombra.
Desde finales de agosto o septiembre se reduce el riego hasta suspenderlo, se dejan secar las hojas y se lleva la maceta a un sitio fresco y oscuro durante ocho a diez semanas de reposo. A mediados o finales de octubre se retiran las hojas secas, se renueva la capa superior del sustrato, se vuelve a la luz y al calor y se reanuda el riego. Trasplante completo cada dos o tres años.
Con el jacinto forzado la cosa es más ingrata. Se puede cortar la espiga marchita, seguir regando y abonando mientras las hojas estén verdes, dejar que se sequen y plantar el bulbo en el jardín en otoño. Allí, con el tiempo, puede volver a florecer, aunque con espigas mucho más sueltas y naturales. En maceta y forzándolo otra vez, el resultado casi nunca compensa.
Los paperwhites no son jacintos
Es una confusión frecuente. Los paperwhites son narcisos, Narcissus papyraceus y cultivares afines, con ramilletes de florecillas blancas muy perfumadas. Su gran ventaja es que no necesitan periodo de frío: se plantan en sustrato o sobre grava con agua y florecen en cuatro a seis semanas, lo que los convierte en la opción más rápida y fácil para tener flor en Navidad.
Además, Narcissus papyraceus crece de forma espontánea en buena parte del sur y el este peninsular, y florece al aire libre en pleno invierno sin ayuda ninguna.
Toxicidad: importante si hay niños o mascotas
Los bulbos de jacinto contienen oxalato cálcico y su manipulación repetida provoca una dermatitis conocida por los cultivadores de bulbos. Conviene usar guantes al plantar varios. Son además tóxicos por ingestión.
Los bulbos de Hippeastrum y de narciso son tóxicos por ingestión por su contenido en alcaloides, y lo son especialmente para perros y gatos, que a veces mordisquean el bulbo o las hojas. Ningún bulbo ornamental de este grupo tiene uso alimentario. Ante una ingestión, la valoración corresponde al médico o al veterinario.
En resumen
Para tener flor dentro de casa en diciembre, planta amarilis a finales de octubre y jacintos forzados en cuanto los encuentres. El amarilis quiere calor y riego escaso al arrancar; el jacinto, un sitio luminoso y fresco y nada de radiadores cerca. Los dos duran más cuanto menos calor haga en la habitación.
Si quieres reutilizar el bulbo, el amarilis lo merece: aliméntalo mientras tenga hojas verdes, dale un reposo seco a final de verano y despiértalo en octubre. El jacinto forzado, mejor al jardín. Y si vas con el tiempo justo, los narcisos paperwhite florecen en un mes sin necesidad de frío previo.