La parra de jade, Strongylodon macrobotrys, produce las flores azul turquesa más llamativas del reino vegetal. Cuelgan en inflorescencias de más de un metro, a veces de dos o tres, formadas por decenas de flores en forma de garra de un color aguamarina que no se parece a ningún otro. Es una trepadora leñosa endémica de la selva húmeda de Filipinas y pertenece a las fabáceas, la familia de las judías, los guisantes y las glicinias.
Conviene decir de entrada lo que ninguna foto explica: no es una planta de jardín en España. Necesita calor constante todo el año, humedad muy alta y una estructura capaz de sostener una liana que en su hábitat cubre 15 o 20 metros de dosel. Fuera de un invernadero tropical o de un enclave protegido de Canarias, no hay forma de cultivarla. Vale la pena conocerla igualmente, y saber qué alternativas dan un efecto parecido en un jardín peninsular.
De color turquesa y forma de doble pico, las flores de Strongylodon macrobotrys se agrupan en largos racimos. Surgen a comienzos de la primavera.
Cómo es la planta
Es una liana leñosa de crecimiento vigoroso, con tallos que se enroscan a los soportes y hojas compuestas de tres foliolos, brillantes, de color verde claro cuando brotan y con tonos bronceados en el follaje joven. El dosel que forma es denso y las inflorescencias cuelgan por debajo de él, lo que explica por qué en cultivo se planta sobre pérgolas altas: si no cuelga en el vacío, la floración no se ve.
Cada flor mide en torno a 7 centímetros y tiene la estructura típica de las fabáceas, con una quilla curvada hacia arriba que le da esa forma de garra o de doble pico. Botones, cálices y pedúnculos añaden tonos índigo y violáceos. Después de la floración, si hay polinización, se forman vainas grandes, carnosas y muy pesadas, con semillas del tamaño de una castaña.
El color turquesa
El azul verdoso de estas flores es una rareza botánica. No procede de un solo pigmento, sino de la combinación de una antocianina y un flavonoide que actúan juntos en el tejido de los pétalos, en unas condiciones de acidez determinadas. Ese fenómeno, la copigmentación, es el mismo mecanismo que produce otros azules poco frecuentes en flores.
El color parece tener función. La parra de jade es polinizada por murciélagos que se cuelgan de la inflorescencia para beber néctar, y al hacerlo empujan la quilla hacia abajo, con lo que los estambres depositan polen sobre su cabeza. Se ha propuesto que el tono claro destaca en la penumbra del crepúsculo, cuando los murciélagos empiezan a moverse, aunque esa parte no está demostrada.
Una planta amenazada
La parra de jade es endémica de los bosques húmedos de Filipinas y su población silvestre ha retrocedido con la deforestación. Está catalogada como especie amenazada, y la pérdida de las poblaciones de murciélagos polinizadores añade un problema adicional: sin ellos, la fructificación en la naturaleza es escasa. Las plantas que circulan en colecciones proceden de reproducción en cultivo, no de recolección.
Qué necesitaría para vivir
Las condiciones son las de una selva tropical húmeda de baja altitud, y no admiten muchos atajos.
Temperatura. Por encima de 18 grados todo el año, con óptimo entre 22 y 30. No tolera heladas y sufre por debajo de 15. Eso descarta el exterior en toda la Península, incluido el litoral sur.
Humedad ambiental. Muy alta, por encima del 70 por ciento. Es el punto donde fracasan la mayoría de los intentos en invernadero templado.
Luz. Sol o semisombra, pero con las raíces a la sombra y frescas, como corresponde a una liana que germina en el suelo del bosque y florece en el dosel.
Suelo. Profundo, muy rico en materia orgánica, húmedo y con drenaje libre. En maceta no prospera más allá de unos años: necesita volumen de raíz para llegar a florecer.
Soporte. Una pérgola sólida o un emparrado alto. El peso de la planta adulta y de las vainas es considerable, y una estructura ligera no aguanta.
Con todo ello, sigue siendo caprichosa: es habitual que un ejemplar tarde varios años en florecer y que no lo haga hasta alcanzar un tamaño respetable. En los invernaderos tropicales de jardines botánicos europeos donde se cultiva, la floración se produce al final del invierno y comienzos de la primavera.
Multiplicación
Por semilla, que debe sembrarse fresca porque pierde viabilidad muy deprisa, en sustrato húmedo y con calor de fondo en torno a 25 o 28 grados. La germinación es relativamente rápida cuando la semilla está en buenas condiciones, pero la planta tarda años en llegar a floración.
Por esqueje semileñoso con hormona de enraizamiento, calor de fondo y humedad saturada, o por acodo aéreo sobre un tallo de la temporada anterior. En ambos casos hacen falta condiciones de invernadero de propagación, no de alféizar.
Alternativas realistas para un jardín español
Si lo que buscas es el efecto de cortina floral colgando de una pérgola, hay trepadoras que sí funcionan aquí.
La glicinia (Wisteria sinensis y W. floribunda) es la pariente directa y la que más se acerca al efecto: racimos colgantes de 25 a 50 centímetros, o mucho más largos en algunos cultivares de W. floribunda, en abril y mayo. Es rústica en toda la Península, resiste heladas fuertes y prefiere suelos que no sean excesivamente calizos, porque en terrenos muy alcalinos tiende a la clorosis. Necesita también soporte robusto y poda de invierno y de verano para florecer bien.
La uña de gato azul (Petrea volubilis) da panículas violeta azuladas y funciona en clima subtropical sin heladas: litoral cálido de Málaga y Cádiz, algunas zonas de Levante muy protegidas y Canarias.
Para lo estrictamente mediterráneo, la bignonia rosa (Podranea ricasoliana), la hiedra de invierno (Senecio o Delairea) y sobre todo el jazmín de invierno (Jasminum nudiflorum) resuelven pérgolas y muros con muchísimo menos mantenimiento. Ninguno da turquesa, pero es que el turquesa de la parra de jade no lo da nada más.
Dónde verla en persona
La forma sensata de disfrutar de esta planta es visitarla. Se cultiva en invernaderos tropicales de jardines botánicos europeos, donde florece entre finales de invierno y comienzos de primavera, y en jardines de clima adecuado en Canarias. Merece más la pena ese viaje que intentar mantener viva una liana tropical en un salón, donde no va a pasar del primer invierno.
En resumen
El Strongylodon macrobotrys es una liana filipina de las fabáceas cuyas flores turquesa, en racimos colgantes de más de un metro, están adaptadas a la polinización por murciélagos. Su color procede de la combinación de dos pigmentos y es prácticamente único entre las plantas cultivadas.
Exige calor por encima de 18 grados todo el año, humedad ambiental muy alta, suelo profundo y una estructura capaz de sostener una planta enorme, así que en España solo cabe plantearla en invernadero tropical o en enclaves sin heladas de Canarias. Para una pérgola peninsular, la glicinia da un efecto emparentado y una rusticidad que la parra de jade nunca tendrá.