Philodendron es un género americano de la familia de las aráceas con varios cientos de especies, casi todas trepadoras o hemiepífitas de selva húmeda. El nombre viene del griego philo (amor) y dendron (árbol), y describe bien su forma de vida: germinan o se instalan sobre un tronco, se agarran con raíces aéreas y suben buscando la luz del dosel. Esa biología explica casi todo lo que necesitan en una casa.
Como planta de interior son de las más agradecidas que existen. Toleran luz moderada, perdonan un riego olvidado y crecen rápido en cuanto encuentran humedad y un soporte al que agarrarse. Su punto débil es el frío y el encharcamiento, y su única precaución seria es la savia, irritante por el oxalato cálcico que contiene.
La costilla de Adán, Monstera deliciosa, forma hojas que se van troquelando y recortando a medida que la planta madura.
La costilla de Adán no es un filodendro
Conviene aclararlo de entrada porque el error circula en etiquetas y catálogos. La costilla de Adán es Monstera deliciosa, un género distinto dentro de las aráceas. El nombre Philodendron pertusum que aún aparece en muchos textos es una denominación antigua y descartada. Son plantas parecidas en aspecto y en cultivo, pero no son lo mismo.
Pasa algo similar con el llamado filodendro de hoja recortada, el de gran mata en roseta y hojas profundamente lobuladas que se ve en jardines de Andalucía y Canarias. Se conocía como Philodendron bipinnatifidum o P. selloum y hoy se clasifica en el género Thaumatophyllum. Su cultivo no cambia por ello, pero si buscas información encontrarás las dos nomenclaturas.
Especies de hoja grande y porte trepador
El grupo más vistoso lo forman las especies de hoja aterciopelada y nervadura marcada. Philodendron gloriosum es rastrero, no trepador: su rizoma avanza horizontalmente sobre el sustrato y va emitiendo hojas acorazonadas verde oscuro con nervios blancos muy anchos. Necesita una jardinera ancha y poco profunda, no una maceta alta.
Philodendron melanochrysum es trepador y produce hojas alargadas, casi negras, con brillo iridiscente y nervadura clara. Philodendron verrucosum tiene hojas acorazonadas de haz aterciopelado y envés rojizo, y pecíolos cubiertos de pelos. Los tres son exigentes en humedad ambiental y crecen mucho mejor con un tutor de musgo húmedo que les permita fijar raíces aéreas.
Philodendron erubescens y sus híbridos aportan tonos rojizos y burdeos en pecíolos y hojas nuevas. Son de los más robustos del género y toleran condiciones domésticas normales sin humidificador.
Las especies de hoja pequeña y colgante
El Philodendron hederaceum (que quizá conozcas como P. scandens, P. oxycardium o P. cordatum, todos sinónimos del mismo taxón) es la especie de iniciación por excelencia: hojas acorazonadas de 8 a 12 centímetros, guías largas y una resistencia notable a la luz escasa. Cuelga bien de una estantería y trepa igual de bien por un tutor, y en ese caso las hojas salen bastante más grandes.
Su cultivar 'Micans' tiene el haz aterciopelado con reflejos bronce y es igual de fácil. También aguanta el cultivo en agua durante meses, aunque a la larga la planta pierde vigor si no pasa a sustrato.
Luz, temperatura y humedad
Luz abundante pero filtrada. En un piso español eso significa cerca de una ventana al este o al norte, o a un par de metros de una ventana al sur. El sol directo de mediodía en verano decolora y quema las hojas en pocos días. En el extremo contrario, la penumbra hace que la planta produzca hojas pequeñas, entrenudos larguísimos y, en las variedades variegadas, que se pierda el jaspeado.
La temperatura ideal está entre 18 y 25 grados. Por debajo de 12 o 13 grados dejan de crecer y aparecen manchas oscuras en las hojas. No son plantas para un porche sin cerrar en el interior peninsular: el invierno de Madrid, Burgos o Zaragoza las mata. Al aire libre solo prosperan todo el año en el litoral cálido del sur, en zonas resguardadas de Levante y en Canarias, siempre a la sombra.
La humedad ambiental es el factor que más se descuida. En un salón con calefacción en enero la humedad relativa puede bajar del 30 por ciento, y ahí las hojas nuevas salen deformes y con bordes secos. Agrupar plantas, una bandeja con arcilla expandida húmeda bajo la maceta o un humidificador resuelven el problema mucho mejor que pulverizar, cuyo efecto dura minutos.
Riego y sustrato
Se riega cuando la mitad superior del sustrato está seca. Nunca por calendario fijo y nunca dejando agua en el plato. Las raíces de las aráceas son gruesas y necesitan aire: un sustrato compacto y siempre mojado provoca pudrición, que se manifiesta con hojas amarillas desde la base y tallos blandos en la línea del sustrato.
La mezcla que mejor les va no es tierra de maceta sola, sino una aireada: sustrato universal con una buena proporción de corteza de pino de calibre pequeño, perlita y algo de fibra de coco. Ese tipo de mezcla imita el mantillo suelto sobre el que crecen y hace casi imposible el encharcamiento.
El agua muy calcárea, habitual en gran parte del este y el sur peninsular, deja depósitos en la superficie y a la larga sube el pH del sustrato. Agua de lluvia o descalcificada cuando sea posible, y renovación del sustrato cada dos años.
Tutor, poda y multiplicación
Un filodendro trepador atado a un tutor de musgo o de fibra de coco que se mantenga húmedo produce hojas progresivamente más grandes, porque la planta interpreta que está subiendo por un tronco. Sin soporte, las hojas se quedan en el tamaño juvenil. Las raíces aéreas no se cortan: se dirigen hacia el tutor o hacia el sustrato.
La poda se limita a retirar hojas viejas o dañadas y a despuntar las guías demasiado largas, siempre por encima de un nudo. Esos fragmentos son el material de multiplicación: un esqueje con dos nudos y una raíz aérea enraíza en agua o directamente en sustrato húmedo en tres o cuatro semanas de primavera o verano. En las especies rastreras como P. gloriosum se divide el rizoma, dejando al menos una hoja y un punto de crecimiento en cada porción.
Plagas y hojas con mala cara
Cochinilla algodonosa en axilas y envés, araña roja cuando el ambiente está seco y caliente, y trips en las hojas nuevas de las variedades de colección. Revisar el envés al limpiar las hojas con un paño húmedo, cada dos o tres semanas, evita casi todos los problemas serios.
Sobre los síntomas: hojas amarillas de forma generalizada y sustrato húmedo apuntan a exceso de riego; puntas y bordes marrones secos, a falta de humedad ambiental; manchas marrones con halo amarillo, a hongos por encharcamiento; y hojas nuevas pequeñas con tallo estirado, a falta de luz.
La savia es irritante
Todos los filodendros contienen cristales de oxalato cálcico en la savia. El contacto irrita la piel y sobre todo las mucosas, y la ingestión de cualquier parte de la planta produce dolor e inflamación en boca y garganta, tanto en personas como en perros y gatos. Conviene podar con guantes, lavarse las manos después y no dejar esquejes al alcance de niños o mascotas. Si hay ingestión o contacto ocular, quien debe valorarlo es un médico o un veterinario.
Merece la pena aclarar otra cosa. La idea de que estas plantas purifican el aire de la casa procede de un estudio de los años ochenta hecho en cámaras selladas de laboratorio. En una vivienda real, con su ventilación normal, harían falta cantidades ingentes de plantas para lograr un efecto medible sobre los compuestos volátiles. Los filodendros son magníficos por su follaje, no por su capacidad depuradora.
En resumen
Los filodendros son plantas de sotobosque tropical y se cultivan bien en interior si se respetan cuatro cosas: luz clara sin sol directo, temperatura por encima de 13 grados, sustrato aireado que se seque a medias entre riegos y algo de humedad ambiental en invierno. Un tutor de musgo transforma el tamaño de la hoja en las especies trepadoras.
Elige la especie según lo que puedas ofrecer: P. hederaceum y los híbridos de P. erubescens para condiciones normales, y las especies aterciopeladas como P. verrucosum, P. melanochrysum o P. gloriosum solo si puedes darles humedad alta. Y ten presente que la savia es irritante y la planta tóxica por ingestión.