El ficus ginseng es un Ficus microcarpa cultivado de manera que engorda la base de sus raíces hasta formar un caudex leñoso y sinuoso, sobre el que se injerta una copa de hoja pequeña. El nombre comercial viene del parecido de esa base con la raíz del ginseng (Panax ginseng), con la que no tiene ninguna relación botánica.

No es un bonsái, aunque lo parezca, y esa confusión es la que provoca la mayoría de los errores: no se le podan las raíces, no necesita técnicas de bonsái ni maceta plana, y se cuida como lo que es, un ficus de interior. Lo que sí comparte con ellos es la exigencia de mucha luz y la manía de tirar las hojas en cuanto se le cambia de sitio.

Un ficus Ginseng es digno de ocupar un lugar que permita circular alrededor para admirarlo desde todos los ángulos.

Qué planta es y cómo se produce

Ficus microcarpa, que en el comercio aparece también como Ficus retusa, es un árbol del sur y el sureste de Asia, de la familia de las moráceas, la misma de la higuera y del gomero. En su ambiente natural supera los veinte metros y desarrolla raíces aéreas espectaculares, del estilo de las de los banianos que se ven cubriendo templos en el sureste asiático. En España se planta como árbol de calle en zonas cálidas del litoral, donde se le conoce como laurel de Indias, y ahí demuestra la otra cara de su vigor: raíces potentes que levantan aceras y buscan las canalizaciones.

Los ejemplares de interior se producen en viveros de Asia. Se cultivan durante años plantas cuya base radicular engorda hasta adoptar esas formas de dedos gruesos, y cuando el caudex tiene el aspecto buscado se le injertan en la parte alta una o varias yemas de un cultivar de hoja pequeña. Después la copa se poda repetidamente para darle el aire compacto y redondeado que llega a la tienda. Por eso no hay dos iguales, y también por eso la unión entre la base y la copa se nota si se mira de cerca.

Luz: el punto crítico

Necesita un emplazamiento muy luminoso, con luz clara todo el día y sin sol directo abrasador a través del cristal. Cuanta más luz recibe, más compacta mantiene la copa y menos hojas pierde. En invierno, con los días cortos, conviene acercarlo a la ventana.

Su reacción típica a cualquier cambio (menos luz, otra habitación, una corriente nueva) es soltar hojas en cantidad. Suele ser reversible: si se le deja quieto en un sitio adecuado, rebrota en unas semanas. Lo peor que se puede hacer es cambiarlo otra vez de sitio o regarlo más para compensar.

En verano puede salir a una terraza, siempre a la sombra y con aclimatación progresiva, porque el follaje de interior se quema con el sol directo. Debe volver adentro antes de que las temperaturas nocturnas bajen de unos 15 grados.

Riego, humedad y temperatura

Se riega cuando los dos o tres primeros centímetros de sustrato se han secado. El cepellón debe mantenerse húmedo pero nunca empapado, y el plato o el cubremacetas se vacían siempre después de regar. En verano el consumo aumenta bastante; en invierno se reduce mucho.

Es planta tropical y agradece humedad ambiental, sobre todo en una casa con calefacción, donde el aire muy seco favorece a la araña roja. Pulverizar el follaje ayuda algo, aunque con agua dura deja marcas de cal; agrupar plantas o colocar la maceta sobre un lecho de grava húmeda, sin que el fondo toque el agua, resulta más eficaz.

La temperatura ideal está en el rango normal de una vivienda. Tolera un reposo invernal más fresco, en torno a los 15 grados, pero no conviene bajar de ahí, y por debajo de unos 10 sufre daños. Solo en zonas cálidas y libres de heladas puede vivir todo el año en el exterior.

Sustrato, maceta y trasplante

Quiere un sustrato de calidad y bien drenado, del tipo universal mezclado con un tercio de material drenante. No necesita sustrato de bonsái ni maceta plana; una maceta convencional con buen agujero de drenaje es lo apropiado.

Se trasplanta cada dos o tres años, en primavera, cuando las raíces llenan el volumen disponible. Se cambia a un recipiente algo mayor sin enterrar el caudex más de lo que estaba, porque parte de su gracia es que quede visible. En el trasplante se puede aclarar el cepellón con cuidado, pero no se recorta el sistema radicular como se haría en un bonsái.

El abonado, con un fertilizante para plantas verdes muy diluido, se hace de primavera a comienzos de otoño, cada dos o tres semanas. En invierno se espacia mucho o se suspende.

Poda

La copa se mantiene con podas de formación al final del invierno o al comienzo de la primavera, antes de la brotación, aunque durante la temporada se pueden pinzar los brotes que se desmandan. Cortando por encima de una hoja se consigue ramificación, y con el tiempo la hoja tiende a reducirse de tamaño en las ramas bien podadas.

Al cortar, la planta suelta un látex blanco y pegajoso. Conviene tener a mano un paño, no manchar el suelo y, sobre todo, tomar la precaución que se explica a continuación.

Aviso: el látex irrita y es tóxico por ingestión

El látex de los ficus irrita la piel y las mucosas, y en personas sensibilizadas puede provocar reacciones alérgicas. Conviene podar con guantes, no tocarse los ojos mientras se trabaja y lavarse las manos al terminar.

La ingestión de hojas o tallos causa molestias digestivas y salivación en perros y gatos, así que es mejor mantenerlo fuera del alcance de animales que muerdan plantas. Ante una ingestión o una reacción cutánea importante, la consulta corresponde al médico o al veterinario.

Plagas y problemas habituales

La cochinilla, tanto la de escudo pardo pegada a los tallos y al envés como la algodonosa en las axilas, es su plaga más frecuente. En una planta pequeña se retira a mano con un paño humedecido, revisando bien la cara inferior de las hojas y las uniones; solo en infestaciones grandes tiene sentido un tratamiento específico aplicado según su etiqueta.

La araña roja aparece con aire seco y calor, y se detecta por un punteado fino y decolorado en las hojas y una telilla muy sutil en el envés. Subir la humedad y limpiar el follaje suele bastar si se coge a tiempo.

De los problemas no parasitarios, el más común es la caída masiva de hojas por cambio de ubicación, corriente de aire frío o falta de luz. Las hojas amarillas que caen desde abajo con el sustrato siempre húmedo señalan exceso de riego; las hojas secas y quebradizas en las puntas, sequedad ambiental o falta de agua. Y si el caudex se reblandece, el problema es podredumbre por encharcamiento, lo más grave que le puede pasar y lo más difícil de revertir.

En resumen

El ficus ginseng es un Ficus microcarpa injertado sobre una base radicular engordada durante años en vivero, y se cuida como un ficus de interior, no como un bonsái: mucha luz indirecta, riego cuando la superficie del sustrato se seca, plato vacío, humedad ambiental en invierno y temperatura estable por encima de los 15 grados.

Tirar hojas es su forma de protestar por los cambios, y casi siempre se recupera si se le deja quieto en un sitio luminoso. Al podarlo, guantes: el látex irrita la piel y las mucosas, y es tóxico por ingestión para perros y gatos.


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