Los evónimos de hoja perenne, Euonymus japonicus y Euonymus fortunei, son los arbustos de seto bajo y de topiaria en maceta más usados en España, y con motivo: aguantan el calor, el frío, la caliza, la contaminación urbana y podas repetidas sin inmutarse. Su follaje coriáceo y brillante, verde o variegado en amarillo y crema, sostiene el jardín en otoño e invierno, cuando lo caducifolio ha desaparecido.
Tienen dos puntos débiles concretos, y conviene conocerlos antes de plantar un seto entero: el oídio, que en sombra húmeda los cubre de un polvillo blanco, y el piojo blanco del evónimo, una cochinilla que en algunas zonas hace estragos. Ambos se previenen sobre todo con la elección de la ubicación.
Euonymus japonicus 'Happiness', de pequeñas hojas amarillo limón, y Euonymus fortunei 'Golden Harlequin', cuyo follaje luce una variegación en forma de pequeñas y abundantes manchas blancas.
Dos especies con papeles distintos
Ambas llegaron a Europa desde Japón, China y Corea durante el siglo XIX y desde entonces no han dejado de dar cultivares. Pertenecen a la familia de las celastráceas, y comparten hoja perenne, textura lustrosa y una tolerancia notable a las condiciones difíciles.
Euonymus japonicus es el arbusto erguido, de hoja mayor (de tres a siete centímetros), oval o elíptica y muy coriácea. Se usa en seto bajo o medio, en formas recortadas, en macetón junto a una puerta y en masas. Tolera el ambiente marino y el calor, lo que lo hace habitual en jardines de la costa mediterránea.
Euonymus fortunei es de hoja más pequeña y porte rastrero o trepador: emite raíces adventicias con las que sube por un muro hasta dos o tres metros si tiene superficie a la que agarrarse, y si no, se extiende por el suelo formando una capa densa. Es la opción para cubrir un talud, tapizar bajo arbustos o vestir un muro bajo sin necesidad de estructura. Cultivares como 'Minimus' o 'Silver Queen' se usan precisamente así.
Dónde plantarlos
Quieren suelo fértil, fresco y bien drenado, y aceptan sin problema los calizos, tan frecuentes en el este y el sur peninsular. No toleran el encharcamiento.
Sobre la exposición hay un matiz importante. En zonas de humedad ambiental alta, como el norte y el litoral, conviene plantarlos a pleno sol, porque la insolación y la ventilación son la mejor prevención contra el oídio. En el interior con veranos muy duros, en cambio, agradecen semisombra en las horas centrales, sobre todo los cultivares variegados, cuyas zonas claras se queman con facilidad. Euonymus japonicus admite además la sombra seca, y ahí convive bien con helechos y otras plantas de umbría.
Las mejores épocas de plantación son el otoño y la primavera. Durante los dos o tres primeros años necesitan riegos regulares; después soportan bastante sequía, aunque en un seto recortado, con mucha superficie foliar y poco volumen de raíz, conviene no confiarse en julio y agosto.
Crecen despacio y se consideran de bajo mantenimiento. Para un seto bajo se plantan a unos 40 o 50 centímetros entre ejemplares; para uno medio de japonicus, a 60 u 80.
Poda y topiaria
Toleran la poda mejor que casi ningún otro arbusto perenne, incluida la severa sobre madera vieja, de la que rebrotan. Eso los hace idóneos para setos formales, bolas, conos y figuras. Se recortan dos veces al año, a final de primavera y a final de verano, evitando las horas de sol fuerte para que los cortes no se quemen.
En los cultivares variegados aparecen de vez en cuando ramas que revierten al verde liso. Hay que cortarlas desde su base en cuanto se ven, porque son más vigorosas que el resto y acaban dominando la planta.
Oídio y cochinilla: los dos problemas reales
El oídio se manifiesta como un polvillo blanco harinoso sobre las hojas, que se deforman y acaban cayendo. Prospera con humedad ambiental alta, poca ventilación y sombra, y es especialmente frecuente en Euonymus japonicus. La prevención va antes que el tratamiento: sol, aireación, no plantar demasiado apretado, no regar por aspersión sobre el follaje y aclarar el interior de la mata si se ha cerrado demasiado. Cuando aparece se trata con un producto antioídio autorizado, siguiendo la etiqueta, y retirando las hojas afectadas que hayan caído.
El piojo blanco del evónimo es una cochinilla que forma costras blancas alargadas sobre las hojas y, sobre todo, sobre los tallos, hasta cubrirlos por completo en las infestaciones fuertes. Debilita la planta, provoca amarilleo y puede matar ramas enteras. En un seto conviene revisar la base de los tallos un par de veces al año, porque cuando se detecta en la parte alta la colonia lleva ya tiempo instalada. Se combate podando y destruyendo las ramas más afectadas y tratando en el momento en que las larvas se están moviendo, a comienzos del verano, que es cuando son vulnerables. También pueden aparecer pulgones en la brotación de primavera, mucho menos importantes.
Seis cultivares que merecen la pena
'Happiness'. Cultivar enano de Euonymus japonicus, de unos 60 centímetros de alto y otro tanto de ancho. Las hojas nuevas brotan amarillo limón y viran despacio a verde claro, mientras el follaje de la base se mantiene verde oscuro. El efecto es el de un arbusto iluminado por dentro.
'Golden Harlequin'. Euonymus fortunei pequeño en el que el crema domina tallos y hojas, salpicadas de manchitas verde oscuro. Se comporta como trepador o como rastrero, según lo que tenga cerca.
'White Spire'. Euonymus japonicus erguido y compacto, de 40 a 75 centímetros, con hojas verde grisáceo de márgenes irregulares blanco crema. Funciona en seto bajo, en masa y en maceta.
'Kathy'. Euonymus japonicus de porte redondeado que llega a un metro o metro y medio, con hojas anchas de verde luminoso y un fino ribete blanco crema. Buena elección para un ejemplar aislado en maceta grande.
'Dan's Delight'. Euonymus fortunei muy compacto, de 25 a 50 centímetros, con hoja verde muy oscura y anchos márgenes crema que se tiñen de rosa con el frío. De los pocos que aportan cambio de color en invierno.
'Golden Rocket'. Euonymus japonicus fastigiado, estrecho y alto, que puede alcanzar los dos metros en una década, con hojas de centro verde y margen amarillo suave. Útil como exclamación vertical en un macizo o flanqueando una entrada.
Los evónimos caducifolios, los grandes olvidados
El género tiene además especies de hoja caduca que se plantan poco y valen mucho. El bonetero (Euonymus europaeus) es nativo de buena parte de Europa, incluida la Península, y en otoño combina el follaje rojizo con unos frutos rosados que se abren y dejan ver la semilla anaranjada. Euonymus alatus, de origen asiático, tiene ramas con crestas corchosas y una de las coloraciones otoñales más intensas que se pueden ver, de un rojo carmesí uniforme.
Ambos quieren sol o media sombra y suelo fresco, y no piden más que una poda ligera de formación.
Aviso: los frutos son tóxicos
Los frutos y las semillas de los evónimos son tóxicos por ingestión y provocan trastornos digestivos. Son llamativos, de colores vivos, y en el caso de los caducifolios quedan bien visibles sobre la rama desnuda, algo a tener en cuenta si hay niños pequeños en el jardín. Ante una ingestión, quien decide es el médico o el veterinario.
Cómo usarlos en el jardín
Más allá del seto recortado de siempre, los evónimos variegados funcionan muy bien plantados en masa, donde el follaje dorado o plateado hace de fondo luminoso para otras plantas. En jardines ingleses se combinan con brezos en flor y con cornejos de tallos coloreados (Cornus alba 'Sibirica', de madera roja, y Cornus stolonifera 'Flaviramea', amarillo verdosa), un juego de invierno que en el norte peninsular es perfectamente reproducible.
En clima mediterráneo, donde esos cornejos sufren, el mismo papel lo pueden cumplir combinaciones con gramíneas ornamentales, romeros rastreros y arbustos de follaje gris, que contrastan con el brillo de la hoja del evónimo.
En resumen
Los evónimos de hoja perenne son arbustos duros, de crecimiento lento y hoja bonita todo el año, que admiten poda severa y toleran suelo calizo, contaminación y ambiente marino. Euonymus japonicus sirve para setos y formas recortadas; Euonymus fortunei, para tapizar el suelo o cubrir un muro con sus raíces adventicias.
Al plantarlos hay que pensar en sus dos enemigos: el oídio, que se combate con sol, ventilación y separación suficiente, y el piojo blanco, que exige revisar los tallos un par de veces al año y actuar pronto. Y conviene recordar que los frutos, de todas las especies del género, son tóxicos por ingestión.