Las euforbias mediterráneas florecen cuando el jardín todavía está en invierno. Entre febrero y mayo, sus racimos de brácteas amarillo limón se encienden sobre un follaje azulado que se mantiene todo el año, y lo hacen sin riego, en suelo pobre y sin más mantenimiento que un corte anual. Para un jardín de bajo consumo de agua son de las plantas más rentables que existen.
Antes de plantarlas conviene saber una cosa: su látex blanco es cáustico. Irrita gravemente la piel y puede causar lesiones serias en los ojos. Se poda con guantes y gafas de protección, siempre, y por eso no son plantas para colocar junto a una zona de juego infantil.
Cuando está en flor, la Euphorbia characias subsp. wulfenii irradia una luminosidad excepcional. Foto: Locus Amoenus
Qué son y cómo florecen
El género Euphorbia es enorme y muy heterogéneo: incluye desde la flor de Pascua hasta suculentas africanas con aspecto de cactus. El grupo que interesa aquí es el de las especies mediterráneas de porte de subarbusto, con tallos leñosos en la base y herbáceos arriba, hojas lineares y carnosas de tono glauco, y crecimiento lento a partir de un rizoma.
Lo que parece flor no lo es. El amarillo corre a cargo de las brácteas, hojas modificadas que forman pequeñas copas agrupadas en racimos o umbelas. Dentro de cada copa está el ciato, una estructura exclusiva de las euforbias donde se alojan las flores verdaderas, reducidas al mínimo, rodeadas de glándulas nectaríferas que según la especie son verdes, rojizas o casi negras. Esas glándulas producen néctar abundante y atraen abejas y mariposas en una época del año en la que hay poco más en flor.
Cultivo: sol, drenaje y poco más
Quieren pleno sol, aunque algunas toleran sombra ligera a costa de florecer menos y de ahilarse un poco. El suelo puede ser pobre, pedregoso, arenoso o calizo, condiciones habituales en el este y el sur peninsular; lo único que no admiten es el encharcamiento. En terreno pesado conviene plantarlas en talud, en rocalla o en lecho de grava, o directamente en macetón.
El riego es escaso desde el principio y prácticamente nulo una vez establecidas, a partir del segundo año. Toleran muy bien la sequía estival y también el ambiente marino, lo que las hace apropiadas para jardines de costa. Un exceso de agua o de abono produce matas blandas, desgarbadas y propensas a pudrirse por el cuello.
Se plantan en otoño, para que aprovechen las lluvias y arraiguen antes del verano. Casi no sufren plagas ni hongos, y muchas se resiembran solas con generosidad: la Euphorbia characias aparece por su cuenta en las juntas de la grava y al pie de los muretes, algo que puede ser una ventaja o un incordio según el tipo de jardín.
La poda: cortar los tallos que ya han florecido
Es el único cuidado imprescindible y conviene entender por qué. En estas euforbias cada tallo tiene un ciclo de dos años: brota y crece durante el primero, florece en el segundo y después se agota. Si no se retira, queda seco en medio de la mata y le quita sitio y luz a los brotes nuevos, que son los que darán flor la temporada siguiente.
Por eso, en cuanto la floración se marchita, hacia mayo o junio, se cortan al ras esos tallos florecidos, respetando los brotes jóvenes que ya han salido de la base. La mata queda más limpia, compacta y con la floración asegurada.
Es justo en esta operación cuando el látex mana en cantidad. Guantes, gafas, mangas largas, herramienta limpia y ninguna prisa; conviene además evitar hacerlo en un día de viento y lavar la piel con agua y jabón en cuanto se termine. Si el látex alcanza un ojo, hay que lavarlo con abundante agua y acudir al médico, porque las lesiones oculares por savia de euforbia son serias.
Las especies que funcionan aquí
| Especie | Tamaño | Floración | Nota |
|---|---|---|---|
| Euphorbia characias | 60-80 cm | Febrero a mayo | Nativa; se resiembra sola |
| E. characias subsp. wulfenii | 80-100 cm | Febrero a mayo | Racimos mayores y más luminosos |
| Euphorbia rigida | 40-50 cm | Enero a junio | Brácteas que viran a rosa y rojo |
| Euphorbia myrsinites | 20-30 cm | Primavera | Tallos rastreros; ideal en muros |
| Euphorbia × martinii | 60 cm | Primavera | Tallos rojos y brotes purpúreos |
| Euphorbia pithyusa | 30 cm | Junio y julio | Mata en cojín; origen balear |
| Euphorbia cyparissias | 20-30 cm | Primavera | Cubresuelos caducifolio; muy expansivo |
Euphorbia characias es la más plantada y la que da nombre popular a este grupo: es la lechetrezna macho, nativa del sur de Europa, incluidas las islas, y del norte de África. Sus brácteas amarillo verdoso llevan un ojo oscuro, casi negro, formado por las glándulas nectaríferas. De ella proceden buena parte de los cultivares del mercado: 'Humpty Dumpty', compacto y apto para maceta; 'Glacier Blue', de hojas con margen blanco; 'Tasmanian Tiger', variegado en crema, y 'Silver Swan', de follaje gris plateado. Los variegados son más delicados y menos vigorosos que la especie tipo.
La subespecie wulfenii, del Mediterráneo oriental, forma matas más altas y racimos más grandes, de un amarillo más limpio. Es la que aparece en las fotografías espectaculares de esta planta y la más buscada por los paisajistas.
Euphorbia rigida es probablemente la más interesante para el clima español. Forma matas redondeadas con hojas anchas, cortas y azul plateado, dispuestas en espiral a lo largo de tallos que se arquean. Florece muy pronto y durante meses, y las brácteas van cambiando de color, de amarillo brillante a tonos rosados y finalmente rojizos, con lo que la planta se mantiene vistosa hasta el comienzo del verano. Es de las más resistentes a la sequía y también al frío.
Euphorbia myrsinites tiene tallos que nacen radialmente del centro y se tumban sobre el suelo, cubiertos de hojas gruesas y azuladas. Es perfecta para coronar un muro de piedra, para una rocalla o para el borde de un lecho de grava, donde cae en cascada. También resiste bien el frío.
Euphorbia × martinii, híbrido de Euphorbia characias y Euphorbia amygdaloides, aporta color de tallo: rojo vivo, con brotes nuevos purpúreos y brácteas verde limón con nectarios rojos. Es más tolerante a la sombra parcial que las anteriores, herencia de la amygdaloides, que es planta de bosque.
Euphorbia pithyusa, de origen balear, forma cojines bajos de hoja fina y plateada y florece más tarde que las demás, ya en pleno verano, lo que la hace útil para prolongar la temporada.
Euphorbia cyparissias es la excepción del grupo: caducifolia, de follaje finísimo que recuerda al del ciprés, con buena coloración otoñal, y sobre todo rastrera y de crecimiento rizomatoso rápido. Cubre taludes y sujeta el suelo, pero se expande con mucha agresividad y coloniza lo que tiene alrededor, así que solo debe plantarse donde se le quiera dar todo el espacio o con una barrera física que la contenga. El cultivar 'Clarice Howard' es bastante menos expansivo.
Con qué combinarlas
El follaje glauco y la silueta de estas euforbias piden compañía mediterránea: romeros, lavandas, jaras, santolinas, Phlomis, sedums y gramíneas ornamentales, todos con las mismas exigencias de sol, drenaje y poca agua. En un lecho de grava, en una rocalla, en un talud o en borduras secas, ese conjunto funciona sin riego una vez asentado.
Su momento fuerte, entre febrero y mayo, encaja además con el de los bulbos de primavera y con la floración de romeros y jaras, y el amarillo limón contrasta muy bien con los azules y malvas de lavandas y salvias. Como mantienen la estructura y el color de hoja el resto del año, cumplen también fuera de temporada, algo que no puede decirse de la mayoría de las vivaces.
En resumen
Las euforbias mediterráneas dan floración amarilla desde el final del invierno, follaje azulado todo el año y estructura permanente, y todo ello en suelo pobre, calizo y seco, con sol pleno y sin riego una vez establecidas. Euphorbia characias y su subespecie wulfenii son las clásicas; Euphorbia rigida y Euphorbia myrsinites, las mejores para rocalla y climas duros.
El mantenimiento se reduce a cortar al ras los tallos que han florecido en cuanto se marchitan, porque cada tallo vive dos años y no vuelve a florecer. Esa poda se hace siempre con guantes y gafas: el látex es cáustico y las lesiones en los ojos que provoca no son un asunto menor.