La zamioculca (Zamioculcas zamiifolia) es la planta de interior que mejor tolera el descuido: sobrevive con poca luz, aguanta semanas sin riego y no pide humedad ambiental. Sus tallos verticales, cubiertos de hojas gruesas y brillantes, aportan volumen y una silueta muy gráfica en cualquier rincón de una casa o una oficina.
El único cuidado que de verdad la mata es el contrario del que se le suele dar: regarla demasiado. Bajo el sustrato guarda unos rizomas carnosos, del tamaño de una patata, donde acumula agua, y cuando el sustrato permanece húmedo esos rizomas se pudren. La regla básica es esperar a que la maceta esté completamente seca antes de volver a regar.
Las zamioculcas aportan estilo y verdor a este ambiente, colocadas en tiestos rústicos.
Qué planta es
Es la única especie de su género y pertenece a las aráceas, la familia del potos, el filodendro y el anturio. Procede del este de África, de Tanzania y Zanzíbar hasta Kenia y Sudáfrica, donde crece en zonas con una estación seca marcada, a la sombra de la vegetación. De ahí vienen sus dos rasgos característicos: la capacidad de almacenar agua en los rizomas y la tolerancia a la sombra.
Lo que parecen tallos con hojas son en realidad hojas completas: cada penacho es una hoja compuesta, con su raquis carnoso y sus foliolos brillantes. Cuando la planta pasa apuros, sacrifica hojas enteras, que amarillean desde la base y se desprenden, mientras conserva la reserva subterránea.
En el comercio se encuentra la especie tipo, la variedad enana 'Zamicro', de foliolos más pequeños y porte compacto, y desde hace unos años los cultivares de follaje casi negro, como 'Raven', cuyas hojas brotan verdes y oscurecen al madurar.
Luz: tolera la sombra, pero prefiere claridad
Vive en interiores con poca luz, incluidos pasillos y despachos sin ventana cercana, y esa es la razón de su éxito en oficinas. Ahora bien, tolerar no es lo mismo que preferir: en luz clara indirecta crece mucho más deprisa, emite más hojas y las mantiene erguidas. En sombra profunda vegeta, con brotes escasos y separados que tienden a abrirse hacia fuera.
Lo que no admite es el sol directo a través del cristal, que quema los foliolos y los deja pálidos con manchas secas. Un metro dentro de la habitación, frente a una ventana, es una posición excelente. En verano puede salir a una terraza siempre que sea a la sombra y las noches no bajen de unos 12 grados.
Riego: menos de lo que parece
Se riega cuando el sustrato está seco en profundidad, no solo en la superficie. En una casa con luz normal eso suele significar cada dos o tres semanas en primavera y verano, y una vez al mes o menos en invierno. Es preferible dejarse llevar por el peso de la maceta o meter el dedo hasta el fondo que seguir un calendario fijo.
Cuando toca, se riega a fondo hasta que salga agua por el drenaje, y se vacía el plato al momento. Los riegos pequeños y frecuentes son el peor sistema posible con esta planta.
No hace falta pulverizarla. Es una idea muy repetida y no le aporta nada: tolera perfectamente el aire seco de una vivienda con calefacción, y el agua sobre las hojas solo deja marcas de cal. Lo que sí conviene es pasarles un paño húmedo de vez en cuando, porque el polvo sobre esas hojas brillantes se nota mucho y reduce la luz que reciben.
Las señales son claras: hojas amarillas y blandas que caen desde la base indican exceso de agua, y hay que comprobar el estado de los rizomas; foliolos arrugados y tallos que pierden turgencia indican sequía prolongada, que se corrige con un riego abundante.
Sustrato, maceta y trasplante
Necesita un sustrato suelto y aireado. Sirve un sustrato universal mezclado con un tercio de perlita, arena gruesa o fibra de coco; lo importante es que no se apelmace y que el agua atraviese con rapidez. La maceta debe tener agujeros, sin excepción.
Crece despacio y no le molesta ir apretada, así que basta con trasplantarla cada dos o tres años, en primavera, cuando los rizomas ocupan todo el volumen y llegan a deformar o incluso a rajar una maceta de plástico. Se pasa a un recipiente uno o dos números mayor, sin enterrar los rizomas más de lo que estaban.
El abonado es modesto: un fertilizante para plantas verdes muy diluido, una vez al mes de abril a septiembre, y nada el resto del año. Abonar una planta que apenas crece o que está encharcada solo empeora la situación.
Temperatura
Se encuentra cómoda entre los 18 y los 25 grados, es decir, en el rango normal de una vivienda. Por debajo de unos 12 grados sufre, y el frío intenso la daña sin remedio, así que en invierno hay que apartarla de ventanas frías y de puertas que dan a la calle. Tampoco le conviene el chorro directo del aire acondicionado ni la proximidad a un radiador.
Multiplicación
La forma rápida es dividir la mata en el trasplante: se saca del tiesto, se separan los rizomas con sus hojas procurando dañar lo mínimo, y cada porción se planta en su maceta. Se riega poco durante las primeras semanas.
La forma lenta, y la más curiosa, es el esqueje de foliolo. Se desprende un foliolo entero con su base, se deja secar el corte un par de días y se apoya en sustrato apenas humedecido. Acaba formando un pequeño tubérculo del que brota una hoja nueva, pero el proceso puede llevar varios meses, a veces más de medio año. Requiere paciencia y ninguna prisa por regar.
Aviso: contiene oxalatos y es tóxica
Como el resto de las aráceas, la zamioculca contiene cristales de oxalato de calcio en todos sus tejidos. La savia irrita la piel y, sobre todo, los ojos, y la ingestión de cualquier parte de la planta provoca dolor e inflamación en boca y garganta, salivación y vómitos, tanto en personas como en perros y gatos.
Conviene manipularla con guantes al dividirla o al cortar hojas, lavarse las manos después y no tocarse los ojos mientras se trabaja con ella. Si hay niños pequeños o mascotas que roen plantas, hay que colocarla fuera de su alcance. Ante una ingestión, la consulta corresponde al médico o al veterinario.
Problemas frecuentes
Las plagas son raras. Con aire muy seco pueden aparecer cochinillas en la base de las hojas y, con menos frecuencia, araña roja; ambas se controlan a mano con un paño húmedo en cuanto se detectan, dado el escaso número de hojas de una planta media.
El problema real casi siempre es de riego. Si la planta pierde varias hojas seguidas, lo que hay que hacer es sacarla de la maceta y mirar los rizomas: si están firmes, se replanta en sustrato nuevo y se espacian los riegos; si están blandos y huelen mal, se recorta la parte podrida con una herramienta limpia, se deja secar unas horas y se replanta lo sano. Es una planta que aguanta mucho, pero de la pudrición generalizada no vuelve.
En resumen
La zamioculca es la elección obvia para quien viaja, olvida regar o solo dispone de un rincón con poca luz. Luz clara indirecta sin sol directo, riego a fondo únicamente cuando el sustrato se ha secado del todo, plato vacío, sustrato drenante y trasplante cada dos o tres años es todo lo que necesita.
Dos aclaraciones frente a lo que suele leerse: no le hacen ninguna falta las pulverizaciones, y no es una planta inocua, porque sus oxalatos irritan la piel y son tóxicos por ingestión para personas y animales. Con guantes al podarla y colocada fuera del alcance de mascotas, es prácticamente indestructible.