Los cerezos de flor son árboles pequeños o medianos del género Prunus que se cultivan solo por su floración: entre finales de febrero y abril, según la zona y el cultivar, cubren las ramas todavía desnudas de flores blancas o rosadas. En la Península el grueso de la floración cae en marzo, y dura entre una y dos semanas si el tiempo acompaña.

Son árboles de jardín pequeño: la mayoría se queda entre cuatro y nueve metros de altura, tolera bien el frío invernal y no pide más mantenimiento que un riego de apoyo los primeros veranos y una poda mínima. A cambio exigen sol pleno, suelo que drene y que nadie les meta la motosierra, porque las heridas grandes son su punto débil.

Las flores del Prunus pendula Pendula Rosea se agrupan de a dos o cinco en umbelas. Este bello cerezo de floración rosada tiene un lánguido porte llorón en forma de parasol.

Qué es un cerezo de flor

Bajo ese nombre se agrupan varias especies y, sobre todo, cientos de cultivares del subgénero Cerasus, el mismo al que pertenecen el cerezo y el guindo del huerto. La mayoría procede de Japón y de China, donde llevan siglos seleccionándose. Dan fruto escaso, pequeño y sin interés gastronómico, o directamente no lo dan, porque la selección ha ido siempre hacia la flor.

Las flores pueden ser simples, de cinco pétalos, semidobles o dobles con decenas de pétalos que las hacen parecer diminutas rosas. Salen agrupadas en umbelas de dos a cinco, antes que las hojas o a la vez que ellas, y en algunos cultivares son perfumadas. La gama de color va del blanco puro a los rosas intensos.

La floración no es su único momento. La brotación posterior tiene tonos verde claro o cobrizos según la variedad, y en otoño el follaje vira a amarillo, naranja o rojo antes de caer. La corteza, brillante y con lenticelas horizontales marcadas, sostiene el interés en invierno. Casi todos se comercializan injertados, habitualmente sobre patrones de cerezo (Prunus avium) o de Prunus mahaleb, el llamado cerezo de Santa Lucía, más tolerante a la caliza y a la sequía.

Dónde se dan bien en España

Son árboles rústicos, que aguantan sin problema los inviernos del interior peninsular y de la meseta, y toleran razonablemente la contaminación urbana, motivo por el que se plantan tanto en alineaciones de calle y en parques.

El límite está en el otro extremo. Necesitan acumular frío invernal para florecer bien y de forma agrupada, así que en el sureste y en zonas de invierno muy suave la floración resulta pobre, escalonada e irregular. También sufren el viento fuerte y el aire salino, lo que los hace mala elección en primera línea de costa. Y en verano, en el centro y el sur, agradecen un riego de apoyo: son de raíz superficial y no toleran la sequía prolongada tan bien como un almendro o un olivo.

El otro lugar donde no van bien es un suelo que encharca. En terreno pesado y mal drenado la asfixia radicular es cuestión de tiempo, y con ella llegan la gomosis y los hongos de cuello.

Plantación y suelo

Pleno sol, sin discusión: a la sombra florecen mal y ahílan las ramas. El suelo debe ser fértil sin exceso y sobre todo bien drenado; la mayoría de los cultivares tolera un rango amplio de pH, incluidos los suelos calizos del este y del sur, siempre que el patrón sea adecuado.

El momento de plantar va de noviembre a febrero, con el árbol en reposo. El hoyo se hace ancho más que profundo y el punto de injerto tiene que quedar por encima del nivel del suelo, nunca enterrado. Conviene mantener el alcorque libre de hierba los primeros años, porque el césped compite justo en la franja donde el cerezo tiene sus raíces.

Por esa raíz superficial hay que pensar dos veces antes de plantarlo pegado a un pavimento o a un paso. No es un árbol de raíces agresivas como un chopo, pero sí tiende a levantar losetas cuando engorda si el alcorque es estrecho.

Poda: cuanto menos, mejor

Los cerezos de flor son de bajo mantenimiento y se estropean con las podas severas. Su copa natural, en vaso abierto que con los años se redondea, es parte de lo que se compra. Lo único necesario es retirar ramas secas, rotas, cruzadas o mal orientadas, y hacerlo con cortes limpios y del menor calibre posible.

El momento importa. Los Prunus cicatrizan mal las heridas hechas en pleno invierno o en otoño húmedo, y por ahí entran los hongos de chancro y la plateada, además de provocarse gomosis, esa exudación de resina ámbar en el tronco. Lo recomendable es podar poco después de la floración o en verano, con tiempo seco, cuando el árbol cierra las heridas con rapidez. Un cerezo desmochado no se recupera: emite chupones verticales, se desequilibra y acorta su vida.

Plagas y problemas frecuentes

El pulgón negro del cerezo es el visitante habitual de primavera: enrolla y ennegrece las hojas de las puntas y atrae hormigas. En un árbol adulto es un problema estético que se supera solo, sobre todo si hay mariquitas y otros auxiliares; en ejemplares jóvenes conviene vigilarlo porque frena el crecimiento del año.

También aparecen orugas defoliadoras y minadores de hoja, que dejan galerías claras en el limbo. Ninguno suele ser grave. Más atención merecen la gomosis y los chancros, que casi siempre son consecuencia de heridas mal hechas, de encharcamiento o de golpes con la desbrozadora en la base del tronco. Proteger el tronco de los jóvenes y evitar las heridas evita el 90 por ciento de esos problemas.

Cultivares que funcionan aquí

Prunus serrulata 'Kanzan' es el más plantado en calles y parques. Flores dobles, muy llenas, de rosa fuerte, y porte primero en jarrón y luego más abierto. Es vigoroso, resistente y llamativo; para quien busque algo más sutil, resulta demasiado rotundo.

Prunus 'Shirotae', también conocido como 'Mount Fuji', es un cultivar japonés antiguo de flores blancas, simples o semidobles, ligeramente perfumadas. Su silueta es más ancha que alta, con ramas casi horizontales, y en otoño toma tonos anaranjados. Uno de los más elegantes para un jardín pequeño.

Prunus 'Accolade' da flores semidobles de color rosa pálido que se abren desde botones carmín, sobre una copa abierta y ligera. Florece temprano y colorea de rojo anaranjado en otoño. Buena opción donde el espacio es limitado.

El cerezo llorón (Prunus pendula 'Pendula Rosea') forma un parasol de ramas arqueadas de dos metros y medio a cuatro de extensión, con flores rosadas en umbelas. Es muy rústico y funciona como ejemplar aislado, aunque no soporta bien los suelos muy secos.

Prunus × yedoensis, el somei-yoshino japonés, es el de las grandes floraciones blanco rosadas y el que se planta en las alineaciones célebres de Washington. Necesita más espacio y algo más de frescura.

Para maceta grande o para un jardín diminuto, Prunus incisa 'Kojo-no-mai' es prácticamente la única opción razonable: un arbusto compacto de crecimiento lento, de uno a dos metros, con ramas en zigzag, flores casi blancas nacidas de botones rojos y follaje que enrojece intensamente en otoño. Se poda justo después de florecer para mantener el tamaño y quiere sustrato fresco y bien drenado.

Hanami y el Jerte

En Japón, la contemplación de la floración, el hanami, es una costumbre con siglos de historia que se remonta al menos al periodo Nara, cuando lo que se contemplaba eran las flores de ciruelo (ume). Hoy el servicio meteorológico japonés anuncia el avance del frente de floración de sur a norte, un pronóstico seguido con atención porque cada árbol está en flor apenas una o dos semanas.

En España el equivalente no es ornamental sino frutal: el valle del Jerte, en Cáceres, donde alrededor de un millón y medio de cerezos de la variedad picota florecen a la vez, normalmente entre finales de marzo y mediados de abril según la altitud y el año. La floración sube por las laderas conforme avanza la temporada, así que quien llegue tarde a la parte baja del valle todavía la encuentra en las zonas altas.

En resumen

Un cerezo de flor es de los pocos árboles que caben en un jardín pequeño y dan un espectáculo de primer orden, además de color otoñal y una corteza bonita en invierno. Pide sol pleno, suelo drenado, algo de frío invernal para florecer bien y riego de apoyo en los veranos secos del centro y el sur.

El error que más los arruina es la poda. Ramas secas y poco más, siempre después de la floración o en verano, con cortes pequeños y limpios: los Prunus no perdonan las heridas grandes. Elegido el cultivar según el espacio disponible, desde 'Kojo-no-mai' en maceta hasta 'Kanzan' en un jardín amplio, el resto se cuida solo.


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