Las drácenas son plantas de interior de hoja perenne, porte vertical y hojas acintadas dispuestas en roseta sobre un tronco desnudo. Aguantan bien la luz filtrada de un salón, toleran despistes en el riego y viven muchos años en la misma maceta, que es justo lo que se le pide a una planta de interior grande. Las más habituales en España son el tronco de Brasil (Dracaena fragrans), la drácena de hojas finas y borde rojizo (Dracaena marginata) y la Dracaena reflexa.

Lo que de verdad decide si una drácena prospera o se arruina es la combinación de luz indirecta abundante, riego escaso y ausencia de corrientes de aire frío. Casi todos los problemas que se ven en casa (puntas secas, hojas amarillas en la base, tronco blando) se explican por una de esas tres cosas.

Las drácenas ofrecen un juego decorativo sin igual en todo tipo de ambientes de interior, ya sea como ejemplares aislados de gran altura, o en grupos de una misma variedad.

Qué es una drácena y cuáles se venden aquí

El género Dracaena reúne especies tropicales y subtropicales de África, Asia y Madagascar, hoy encuadradas en la familia de las asparagáceas. Antes se clasificaban en las agaváceas y, aún antes, en las liliáceas, de ahí que en libros viejos aparezcan de las tres maneras. La revisión taxonómica reciente ha ido más lejos: las lenguas de suegra que se conocían como Sansevieria se han incorporado también a Dracaena, aunque en el comercio siguen vendiéndose con el nombre antiguo.

El nombre viene del griego, con el sentido de dragona, y alude a la resina rojiza que segregan algunas especies al herirse, la llamada sangre de drago. El ejemplo más conocido es el drago canario (Dracaena draco), un árbol de crecimiento lentísimo y silueta de paraguas que en Canarias vive al aire libre y alcanza portes considerables. En la Península solo prospera en el litoral mediterráneo cálido y en zonas libres de heladas fuertes.

Las que se compran para el salón son otra cosa. El tronco de Brasil (Dracaena fragrans) llega en forma de trozos de tronco puestos a enraizar, con una o varias rosetas de hojas anchas, verdes o con una franja central amarilla según el cultivar. La Dracaena marginata, de Madagascar, tiene hojas mucho más estrechas y un ribete rojizo, y con los años forma troncos sinuosos que se pueden guiar. Ambas se confunden con frecuencia con las cordilinas, del género Cordyline, de aspecto muy parecido. Un truco de vivero para distinguirlas es mirar el corte de una raíz: en Dracaena tiende al anaranjado y en Cordyline es blanquecino.

Luz: el factor que más pesa

Una drácena quiere luz clara y abundante, pero no sol directo sobre la hoja. La posición ideal es cerca de una ventana grande, a uno o dos metros, o justo al lado de una ventana orientada al norte, donde la luz entra sin quemar. En una orientación sur o poniente conviene una cortina fina que difumine el rayo directo de la tarde, sobre todo entre mayo y septiembre.

Los cultivares variegados, con franjas amarillas o crema, necesitan más luz que los de hoja verde lisa, porque tienen menos superficie fotosintética. Si la planta va perdiendo el dibujo y las hojas nuevas salen verdes y más pequeñas, el problema es de luz, no de abono. Al revés, unas manchas pálidas y secas en la cara que mira a la ventana son quemaduras de sol directo.

Sacarlas al balcón en verano funciona siempre que sea a la sombra y de forma gradual. Una planta que ha pasado el invierno en un interior y se coloca de golpe al sol de julio se quema en dos días.

Riego, agua y humedad

El error más común, con diferencia, es regar de más. Las drácenas almacenan agua en el tronco y toleran mucho mejor la sequía breve que el sustrato encharcado. La regla práctica es meter el dedo en la tierra: si los dos o tres primeros centímetros están secos, se riega; si están húmedos, se espera. En un piso con calefacción eso suele significar una vez por semana en verano y cada diez o quince días en invierno, pero el calendario lo marca la maceta, no el almanaque.

Hay que vaciar el plato después de regar. Una maceta que se queda con agua estancada acaba con las raíces podridas, y ese daño se manifiesta tarde, cuando las hojas bajas amarillean en masa y el tronco cede al apretarlo. A esas alturas solo cabe cortar por encima de la zona blanda y volver a enraizar la parte sana.

Las puntas marrones y secas de las hojas son la queja clásica de las drácenas y tienen tres causas frecuentes: aire muy seco por la calefacción, sales acumuladas en el sustrato y exceso de flúor o cloro del agua del grifo. En buena parte de España el agua es dura y calcárea, sobre todo en el este y el sur, así que ayuda dejarla reposar unas horas antes de usarla, alternar con agua de lluvia cuando se pueda y regar de vez en cuando con abundancia para que el exceso de sales salga por el agujero de drenaje. Agrupar las plantas o poner la maceta sobre un plato con grava y agua (sin que el fondo toque el agua) sube algo la humedad del entorno.

Temperatura, sustrato y trasplante

Son plantas tropicales: se encuentran cómodas en el rango de temperatura normal de una vivienda y sufren por debajo de los 10 o 12 grados. En invierno hay que apartarlas de las ventanas frías, de las puertas que dan a la calle y del chorro directo del aire acondicionado o del radiador. Los cambios bruscos de temperatura y las corrientes provocan caída de hojas.

El sustrato debe drenar bien. Una mezcla de sustrato universal con un tercio de material drenante (perlita, arena gruesa de sílice o fibra de coco) funciona bien y evita que la tierra se compacte con los años. La maceta necesita agujeros; sin ellos no hay riego correcto posible.

El trasplante se hace en primavera y solo cuando la planta lo pide, es decir, cuando las raíces asoman por el drenaje o el cepellón sale hecho un bloque compacto. Las drácenas no tienen prisa por cambiar de maceta y vegetan bien algo apretadas. Se pasa a un recipiente uno o dos números mayor, sin deshacer el cepellón. En ejemplares grandes que ya no se pueden mover, basta con retirar cada primavera los primeros centímetros de sustrato y reponerlos con mezcla nueva.

El abonado tiene sentido en el periodo de crecimiento, de marzo a septiembre, con un fertilizante para plantas verdes a la dosis que indique el envase y siempre sobre tierra ya húmeda. En otoño e invierno se suspende. Abonar una planta parada o con las raíces dañadas empeora las cosas.

Poda y multiplicación

Con los años una drácena se estira, pierde las hojas bajas y se queda con la roseta arriba del todo. La solución es cortar el tronco a la altura que interese, en primavera o a comienzos del verano. De la zona del corte brotan una o varias yemas nuevas y la planta rejuvenece con un porte más ramificado.

El trozo cortado se aprovecha: se deja secar el corte unas horas, se planta en una mezcla de turba y arena manteniéndola apenas húmeda, y en unas semanas enraíza. Con el tronco de Brasil funciona incluso el enraizamiento en un vaso de agua, cambiándola con frecuencia. Conviene marcar cuál era la parte de arriba del esqueje, porque un trozo de tronco puesto del revés no brota.

Plagas y problemas habituales

En ambiente seco de invierno aparecen araña roja (punteado fino y decoloración en el haz, telilla en el envés y las axilas) y cochinillas, tanto las de escudo pardo pegadas al nervio como las algodonosas en las axilas de las hojas. En ejemplares pequeños se limpian a mano con un paño humedecido y se sube la humedad ambiental; solo si la infestación es grande merece la pena recurrir a un tratamiento específico, aplicado según la etiqueta del producto.

Limpiar el polvo de las hojas con un paño húmedo cada pocas semanas no es solo estético: una capa de polvo reduce la luz que recibe la hoja y facilita que se instale la araña roja.

Aviso: son tóxicas para perros y gatos

Las drácenas contienen saponinas y su ingestión resulta tóxica para perros y gatos. Las hojas, que es lo que un animal muerde, provocan salivación, vómitos y decaimiento, y en gatos también dilatación de las pupilas. Si hay mascotas que roen plantas en casa, conviene colocarla fuera de su alcance. Ante una ingestión, la consulta es al veterinario, no a un artículo de jardinería.

Sobre las plantas que "purifican el aire"

Las drácenas aparecen siempre en las listas de plantas purificadoras. Esas listas vienen de un estudio de la NASA de finales de los años ochenta hecho en cámaras selladas de pocos litros, con concentraciones altas de compuestos volátiles. Los trabajos posteriores que han trasladado esos datos a una habitación real coinciden en que el efecto es despreciable: harían falta decenas o cientos de plantas por estancia para igualar lo que hace abrir una ventana unos minutos. Una drácena es una buena planta de interior por su porte y su resistencia, y eso basta como motivo para tenerla.

En resumen

La drácena es una de las plantas de interior más agradecidas que existen: luz clara sin sol directo, riego solo cuando los primeros centímetros de sustrato están secos, plato siempre vacío, temperatura estable por encima de los 12 grados y ningún afán por trasplantarla. Las puntas marrones, tan típicas, hablan de aire seco o de agua dura, y se corrigen con agua reposada, lavados periódicos del sustrato y algo más de humedad alrededor.

Cuando se estira demasiado, se corta el tronco en primavera y rebrota, y el trozo cortado da una planta nueva. El único punto que no admite improvisación es la toxicidad para perros y gatos, así que en casas con animales que muerden hojas hay que colocarla en alto o elegir otra especie.


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