La areca es la palmera de interior más vendida en España y también una de las que peor envejece en un salón. Suele empezar bien, se llena de puntas marrones a los pocos meses y en un par de años queda reducida a unos cuantos tallos pelados. Casi siempre la causa no es una sola: es la combinación de aire seco, agua con cal y una maceta que va llena de decenas de plantas.

Ese último punto es el que casi nadie sabe y explica mucho. Lo que compras no es una palmera, son treinta o cuarenta plántulas de semilla sembradas juntas en el mismo tiesto para dar volumen. Compiten entre ellas, agotan el sustrato deprisa y las más débiles van muriendo. Saberlo cambia la forma de manejarla.

Grandes o pequenas, las frondosas arecas son de las palmeras de interior mas agradecidas.

Qué planta es

Su nombre botánico actual es Dypsis lutescens, y también se encuentra como Chrysalidocarpus lutescens, nombre bajo el que se comercializó durante décadas. Es endémica de Madagascar, donde está catalogada como amenazada en estado silvestre, aunque paradójicamente es una de las palmeras más cultivadas del mundo y se ha naturalizado en muchas regiones tropicales.

Es una palmera cespitosa: no forma un tronco único sino un macollo de varias cañas delgadas que salen de la base, de color verde amarillento y con anillos marcados, muy parecidas a las de un bambú. De ahí uno de sus nombres comunes, palmera bambú. Las hojas son pinnadas, arqueadas, con foliolos muy numerosos, finos y estrechos.

Se confunde a menudo con la kentia (Howea forsteriana) cuando son jóvenes. El truco para distinguirlas es doble: los foliolos de la areca son bastante más finos y estrechos, y sobre todo la kentia forma un solo tronco mientras que la areca sale en macollo con varias cañas. La areca crece más rápido, cuesta bastante menos y es menos delicada; la kentia, en cambio, tolera mucho mejor la penumbra y el aire seco.

Luz y ubicación

Luz abundante e indirecta. Es más exigente de luz que la kentia y que casi todas las plantas de interior habituales: en un rincón oscuro no muere de golpe, pero deja de emitir hojas nuevas, las viejas se van amarilleando y la planta se vacía por dentro.

El sitio ideal es a uno o dos metros de una ventana grande, o junto a una orientada al este o al norte. El sol directo de verano quema los foliolos dejando manchas secas irrecuperables, así que si la ventana es sur u oeste hace falta visillo entre junio y septiembre.

Gira la maceta un cuarto de vuelta cada dos o tres semanas. Las hojas se orientan hacia la luz y una areca que nunca se gira acaba con todas las cañas inclinadas hacia el mismo lado y desequilibrada.

En primavera y verano se puede sacar al balcón o al patio, siempre a la sombra y resguardada del viento, que rompe los foliolos. Hay que hacer la transición de forma gradual: sacarla de golpe de un salón a un exterior luminoso produce quemaduras en pocas horas.

Riego y agua: donde se decide todo

La areca no tolera ni el encharcamiento ni la sequía completa del cepellón. El sustrato debe mantenerse fresco, sin llegar a secarse del todo y sin quedar empapado.

En la práctica, eso significa regar cuando los dos o tres centímetros superiores estén secos al tacto: una o dos veces por semana de primavera a otoño, y cada dos o tres semanas en invierno, cuando la planta está parada. Riego abundante hasta que salga agua por el drenaje, y vaciar el plato o el cubremacetas a los diez minutos. El agua permanente en la base es la causa número uno de pudrición.

Ahora el detalle que marca la diferencia con esta palmera en concreto: es muy sensible a las sales y al flúor del agua del grifo. Ese es el origen de las puntas marrones que se ven en prácticamente todas las arecas de casa, y que suelen atribuirse solo al aire seco. Usa agua de lluvia, descalcificada, de ósmosis o al menos reposada, y una o dos veces al año da un riego muy abundante que atraviese el cepellón y escurra libremente para arrastrar las sales acumuladas.

Si aparecen puntos y manchas oscuras en las hojas más viejas, suele ser exactamente eso: acumulación de sales, ya sea del agua o de un abonado excesivo. El lavado del sustrato es el remedio.

Humedad y temperatura

Es una planta tropical y en un piso español con calefacción encendida el aire está mucho más seco de lo que necesita. La sequedad ambiental se manifiesta en las puntas de los foliolos secas y marrones, que ya no se recuperan.

Lo que ayuda de verdad, por orden: alejarla de radiadores y de la salida del aire acondicionado, que son el problema principal; agruparla con otras plantas; colocar la maceta sobre un plato ancho con grava y agua, con la base por encima del nivel del agua; y en casos serios, un humidificador. La pulverización sobre el follaje tiene un efecto que dura minutos, así que como medida única sirve de poco, aunque en verano se agradece y ayuda a mantener a raya la araña roja.

De temperatura, el rango normal de una vivienda. No le convienen valores por debajo de unos 12 a 15 ºC, y el frío se manifiesta con manchas marrones en los foliolos. Tampoco le sienta bien el calor seco directo de un radiador.

Las puntas secas se pueden recortar con tijera afilada siguiendo el perfil natural del foliolo y dejando un milímetro de tejido seco. Cortar recto de lado a lado queda mal y provoca que siga secándose.

Sustrato, maceta y trasplante

Sustrato de calidad para plantas de interior o específico para palmeras, aligerado con perlita o corteza fina. Debe retener humedad sin apelmazarse: una turba muy fina compactada mantiene la superficie húmeda y las raíces profundas asfixiadas.

Sobre el trasplante hay que decir dos cosas. La primera es que a las palmeras no les gusta que les toquen las raíces, así que se trasplanta lo justo, cada dos o tres años, en primavera, y sin deshacer el cepellón. La segunda vuelve al principio: como en la maceta hay decenas de plantas, el sustrato se agota y se compacta antes de lo normal, y las raíces llenan el tiesto muy deprisa.

Cuando trasplantes, sube solo un par de centímetros de diámetro. Y ten en cuenta el peso: una areca grande necesita una maceta pesada, de barro o cerámica, porque el macollo alto hace de vela y una maceta ligera vuelca.

Se puede dividir el macollo para obtener varias plantas, pero es una operación que la resiente mucho y que no siempre sale bien. Si lo haces, en primavera, separando grupos con abundante raíz y manteniéndolos después en ambiente húmedo y sin sol.

Abonado y poda

De marzo a octubre, un fertilizante para palmeras o para plantas verdes diluido en el agua de riego cada dos o tres semanas, a la dosis del envase o algo menos. En invierno, nada. Recuerda que el exceso de abono se acumula como sales y produce el mismo daño que el agua dura.

La poda se limita a retirar las hojas viejas cuando estén completamente secas o amarillas, cortándolas por la base de su peciolo con tijera limpia. No cortes hojas todavía verdes aunque tengan las puntas feas: mientras conservan clorofila alimentan a la planta. Y nunca se corta el ápice de una caña: las palmeras crecen desde un único punto de crecimiento apical y esa caña muere si se decapita.

Plagas

La araña roja es con diferencia la más frecuente, y prospera exactamente en las condiciones de un salón con calefacción: calor y aire seco. Se detecta por un punteado fino y descolorido en el haz y por telarañas muy finas en el envés y entre foliolos. Se combate subiendo la humedad, duchando la planta y limpiando el follaje.

Las cochinillas, algodonosa y de escudo, se instalan en el envés y en las axilas de los peciolos. En un ejemplar de casa lo mejor es retirarlas a mano con un bastoncillo y limpiar con jabón potásico.

Sobre el mito de la purificación del aire, conviene ser claro: la areca aparece en todas las listas de plantas purificadoras, pero esos datos vienen de ensayos hechos en cámaras selladas de laboratorio y no se trasladan a un salón real, donde harían falta cientos de ejemplares para igualar el efecto de abrir la ventana. Sí aporta algo de humedad al aire por transpiración, eso es cierto.

Un punto a su favor que sí es útil: no figura entre las plantas consideradas tóxicas para perros y gatos, a diferencia de buena parte del catálogo de interior. Para más sobre problemas de palmeras, tienes ¿Qué les pasa a tus palmeras?.

En resumen

La areca es una buena palmera de interior siempre que se le dé lo que pide: luz abundante e indirecta, más de la que la gente supone, sustrato siempre fresco pero nunca encharcado, plato vaciado después de cada riego y temperatura de casa lejos de radiadores. Girar la maceta cada pocas semanas evita que acabe torcida hacia la ventana.

Sus dos problemas crónicos tienen solución conocida. Las puntas marrones vienen del aire seco y, sobre todo, de la cal, el flúor y las sales del agua del grifo y del abono acumulado: agua sin cal y un lavado abundante del sustrato una o dos veces al año lo corrigen. Y la araña roja aparece en cuanto el ambiente se vuelve caliente y seco, así que subir la humedad es a la vez cuidado y prevención. Ten presente además que en la maceta conviven decenas de plántulas, lo que explica que el sustrato se agote deprisa y que algunas cañas se pierdan con el tiempo sin que sea culpa tuya.


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