El Rhipsalis es un cactus, pero cuidarlo como un cactus es la forma más rápida de perderlo. No viene del desierto sino de la selva: crece colgando de las ramas de los árboles en bosques tropicales húmedos, sin espinas, sin sol directo y con las raíces al aire entre musgo y hojarasca.
Traducido a una casa española, eso significa luz abundante pero filtrada, riego regular y humedad ambiental, justo lo contrario del régimen de sequía que aplicamos a un cactus columnar. Es, además, de las plantas colgantes más agradecidas que existen para interior: aguanta descuidos, crece a buen ritmo y se multiplica sola.
Largas cabelleras y cabezas revueltas: los rhipsalis resultan muy atractivos como decoracion viva y son faciles de cuidar.
Un cactus de selva
El género Rhipsalis pertenece de pleno a las cactáceas, pero rompe casi todos los tópicos de la familia. Sus especies proceden de las regiones tropicales y subtropicales de América Central y del Sur, y una de ellas, Rhipsalis baccifera, tiene además poblaciones naturales en África tropical, Madagascar y Sri Lanka: es el único cactus que crece de forma silvestre fuera de América, un rompecabezas biogeográfico que sigue discutiéndose.
Son epífitas, es decir, viven sobre las ramas de otros árboles sin parasitarlos, y algunas especies son litófitas y se instalan sobre roca. De ahí sus rasgos: tallos largos, delgados y carnosos que cuelgan formando marañas, raíces poco desarrolladas acostumbradas a un sustrato mínimo y muy aireado, y ausencia de espinas. No las necesitan porque en las ramas de un árbol no hay herbívoros que las coman; algunas especies solo tienen cerdas finas en la juventud.
Los tallos, según la especie, pueden ser cilíndricos, angulosos o aplanados, divididos en segmentos que van encadenándose. Predominan los verdes claros y vivos, a veces amarillentos con mucha luz o rojizos si les da algo de sol.
La floración es discreta: flores muy pequeñas, casi siempre blancas o cremas, que en algunas especies dan lugar a bayas esféricas y traslúcidas, blancas, rosadas o rojizas, con aspecto de muérdago. Nada que ver con la floración espectacular de sus parientes epífitos Schlumbergera, el cactus de Navidad, o Hatiora. Al Rhipsalis se le tiene por la forma, no por la flor.
Las especies que se encuentran
- Rhipsalis baccifera. La más común y la más clásica: tallos cilíndricos finísimos, muy ramificados, que cuelgan como una melena. Se vende también con el nombre antiguo R. cassutha.
- Rhipsalis paradoxa. Tallos de sección triangular que giran en cada segmento, formando una cadena retorcida muy reconocible.
- Rhipsalis pilocarpa. Tallos cubiertos de cerdas blancas, aspecto peludo. Da flores algo mayores y perfumadas.
- Rhipsalis cereuscula. Porte más erguido y compacto, con ramitas cortas agrupadas en los extremos como coral.
- Rhipsalis elliptica y R. crispata. De segmentos anchos y aplanados, casi como hojas. Son las más sensibles al frío.
- Rhipsalis micrantha. Tallos largos, angulosos y colgantes, muy vigorosa.
Luz y ubicación
Luz abundante pero siempre indirecta. Una ventana al norte o al este va perfecta; junto a una ventana al sur o al oeste hay que filtrar con visillo, porque el sol directo del mediodía les produce quemaduras que se ven como manchas amarillentas o blanquecinas irreversibles.
Su sitio natural es en alto: colgados del techo, sobre un armario, en la balda superior de una estantería o en un soporte de pared. Necesitan espacio para caer, y cuanto más largos llegan a ser los tallos, mejor se ven. Ten en cuenta que en alto hace más calor y el aire es más seco, así que el sustrato se secará antes que el de las plantas del suelo.
El baño luminoso es un buen sitio para ellos, por la humedad. También funcionan en una cocina con ventana, siempre lejos de la salida de vapor de la campana.
Riego: más que un cactus, menos que un helecho
Es el punto donde más gente falla. Un Rhipsalis tratado con el riego de un cactus de desierto, casi nulo en invierno y escaso en verano, se arruga, pierde segmentos y se queda sin follaje.
La pauta correcta es dejar que los primeros centímetros del sustrato se sequen y entonces regar bien, hasta que salga agua por el drenaje. En primavera y verano eso suele significar una vez por semana; en invierno, cada dos o tres semanas, según la temperatura de la casa. Nunca debe quedar agua en el plato ni en el cubremacetas: la raíz es epífita y se pudre con facilidad.
El agua debe ser sin cal. De lluvia, descalcificada o de baja mineralización. La cal se acumula en el sustrato y en el tejido y produce manchas y puntas secas. En zonas de agua dura, que son la mayoría del este y el sur peninsular, es una diferencia notable.
Agradecen las pulverizaciones sobre los tallos en verano y durante el invierno con calefacción, siempre con agua sin cal para no dejar marcas blancas. Y si tienes ocasión, un baño de lluvia en el balcón les sienta estupendamente.
Sustrato, maceta y trasplante
Necesita un sustrato aireado, ligero y ligeramente ácido, que retenga algo de humedad sin llegar a compactarse. Sirve muy bien un sustrato para orquídeas de calibre fino mezclado con fibra de coco o con sustrato de interior, y también una mezcla propia de corteza fina, fibra de coco y perlita a partes aproximadamente iguales. Lo que no funciona es ni el sustrato de cactus, demasiado mineral y seco, ni el universal solo, que se apelmaza.
La maceta debe tener drenaje y ser más bien pequeña: las raíces son escasas y un tiesto grande retiene agua que no se consume. Las macetas colgantes de plástico ligero son las más prácticas por el peso.
El trasplante toca cada dos o tres años, en primavera, sobre todo porque el sustrato orgánico se degrada. Se hace con cuidado: los tallos son quebradizos y se desprenden con facilidad al manipular la planta. Los trozos que se rompan no se tiran, se enraízan.
Temperatura, abono y plagas
Se encuentran cómodos entre unos 15 y 25 ºC y no deberían bajar de unos 10 ºC. Toleran el fresco de una habitación sin calefacción pero no las heladas, así que en la práctica son plantas de interior en toda España salvo en las zonas más cálidas del litoral y Canarias, donde pueden vivir fuera todo el año a la sombra.
Del abono, poco: un fertilizante para cactus y crasas, bajo en nitrógeno, a la dosis del envase o menos, una vez al mes de primavera a comienzos de otoño. Nada en invierno. Un exceso de nitrógeno da tallos blandos y alargados.
Plagas escasas. La cochinilla algodonosa es la más frecuente y se esconde entre la maraña de tallos, donde es difícil de ver hasta que está establecida; conviene revisar el interior de la mata de vez en cuando y retirarla con un bastoncillo. La araña roja aparece en ambientes cálidos y muy secos, y la mejor prevención es la humedad ambiental.
Multiplicarlos es trivial
Basta con un segmento de tallo. Se corta o se desprende un trozo de diez o quince centímetros, se deja secar el corte un par de días para que cicatrice y se apoya sobre sustrato húmedo, enterrando solo el extremo. En primavera y verano enraíza en pocas semanas.
Un truco para conseguir una mata densa en lugar de cuatro tallos sueltos: planta varios esquejes juntos en la misma maceta, cinco o seis repartidos por la superficie. Un solo esqueje tarda años en dar volumen.
También se pueden dividir las matas grandes al trasplantar, separando la planta en dos o tres porciones con raíz.
Qué significa cada síntoma
| Lo que ves | Causa probable |
|---|---|
| Tallos arrugados y flácidos, sustrato seco | Falta de riego |
| Tallos amarillentos y blandos en la base | Exceso de agua, pudrición de raíz |
| Manchas blanquecinas o amarillas en zonas expuestas | Quemadura de sol directo |
| Segmentos que se desprenden solos en cantidad | Estrés por frío, corriente de aire o cambio brusco |
| Tallos muy separados y pálidos | Luz insuficiente |
| Puntas secas y marrones | Aire demasiado seco o cal en el agua |
En resumen
El Rhipsalis es un cactus epífito de selva y por eso todo lo que se sabe sobre cactus de desierto no le sirve. Quiere luz clara sin sol directo, sustrato aireado tipo orquídea con algo de materia orgánica, riego regular dejando secar solo los primeros centímetros, agua sin cal y algo de humedad ambiental. Y quiere estar en alto, colgado, que es como crece en su hábitat y como mejor se ve.
Es una planta perdonavidas: aguanta bien un descuido puntual, no tiene espinas, tiene pocas plagas y se multiplica sin más que apoyar un trozo de tallo sobre sustrato húmedo. Los dos errores que sí le cuestan caro son regarlo como a un cactus, con lo que se arruga y se deshace, y dejarle agua estancada en el plato, con lo que se pudre desde la raíz.