El arce japonés es el que todo el mundo quiere y el que peor lo pasa en la mayor parte de España: el aire seco y el calor de julio le queman los bordes de la hoja en cuestión de días, incluso con riego suficiente. La alternativa no es renunciar al género, es mirar hacia los arces que ya crecen aquí de forma natural.
La península Ibérica tiene cinco especies autóctonas de Acer, y entre ellas hay opciones para casi cualquier situación: desde un árbol pequeño que prospera en secano calizo hasta un ejemplar de treinta metros para un jardín grande del norte. Todas dan otoñada, todas dan sombra densa y ninguna necesita los mimos que pide un Acer palmatum.
En otono, el follaje del Acer monspessulanum se vuelve rojo. De origen mediterraneo, es uno de los arces mas tolerantes con el calor y la sequia.
Por qué el arce japonés sufre y estos no
El Acer palmatum procede de bosques de Japón, Corea y China con veranos húmedos, lluvias frecuentes y humedad ambiental alta. Sus hojas son finas, con poca cutícula, y pierden agua deprisa. En un verano continental o mediterráneo, con humedad relativa baja y temperaturas por encima de los 35 ºC, la hoja transpira más de lo que la raíz puede reponer y los bordes se secan. A eso se suma que el suelo calizo, dominante en gran parte del este y el sur, le provoca clorosis.
Los arces ibéricos han evolucionado en estas condiciones. Sus hojas son más pequeñas y coriáceas, con menos superficie por la que perder agua, y varias especies toleran bien la caliza. Ese es todo el secreto.
Las cinco especies autóctonas
Acer monspessulanum, arce de Montpellier. El más mediterráneo de todos y el más útil en clima seco. Es un árbol pequeño, de unos seis a ocho metros, de copa redondeada y densa. Su hoja es característica: pequeña, coriácea, brillante y con solo tres lóbulos redondeados, muy distinta de la típica hoja de arce dentada. En otoño vira a amarillos y rojos. Prefiere terrenos calizos, aunque vive también en suelos silíceos y pedregosos, y tolera la sequía estival mejor que cualquier otro arce europeo. Crece despacio. Para un jardín pequeño de secano en Aragón, Castilla o Andalucía es probablemente el mejor arce posible.
Acer campestre, arce menor o arce común. Distribuido por casi toda la mitad norte peninsular. Tamaño medio, entre seis y doce metros según el suelo, con copa esférica y sombra densa. Su hoja tiene lóbulos redondeados y sin dientes agudos, y en otoño toma un dorado intenso muy limpio. Su mayor virtud práctica es que aguanta el recorte, lo que lo convierte en uno de los pocos árboles con los que se pueden formar setos altos o setos sobre tronco. Tolera suelos duros, compactados y calizos, y se comporta bien en el interior peninsular.
Acer opalus, acirón o arce italiano. Árbol pequeño, rara vez por encima de siete u ocho metros, de hoja coriácea con lóbulos poco profundos que en otoño se vuelve anaranjada. Prefiere los suelos calizos y necesita algo de humedad en verano, así que va mejor en umbría o en zonas de montaña media. La subespecie granatense es un endemismo del sur peninsular, Mallorca y el norte de África, adaptada a condiciones bastante más secas, y es la indicada para jardines del sureste.
Acer pseudoplatanus, arce blanco o falso plátano. El gigante del grupo: puede pasar de los veinticinco metros. Hoja grande, de cinco lóbulos con dientes desiguales, y flores en racimos colgantes amarillo verdosos que salen en primavera con la hoja. Es nativo del tercio norte, de los Pirineos al norte de Portugal, y es muy rústico al frío. Aguanta el calor si tiene agua, tolera cualquier suelo incluido el calizo siempre que drene, y soporta la contaminación urbana, motivo por el que se usa tanto en parques y alineaciones. Solo tiene sentido en jardines grandes: plantado junto a una casa acaba siendo un problema.
Acer platanoides, arce real o arce de Noruega. En la Península es escaso y localizado, en los Pirineos, montañas próximas de Cataluña y parte de la Cornisa Cantábrica. Hoja palmeada de diez a quince centímetros con lóbulos puntiagudos, silueta redondeada y porte de diez a quince metros. Amarillo dorado en otoño. Tolera el frío, cierto grado de sequía y la contaminación, y también admite el recorte.
Un apunte sobre el Acer sempervirens, que a veces se incluye en estas listas: es un arce de hoja casi perenne y porte muy pequeño, pero su área natural está en el Mediterráneo oriental, Creta, Grecia y el sur de Turquía, no en la Península. Es una excelente opción de jardinería seca, aunque no es autóctono de aquí.
Cultivares que merecen la pena
Dos de estas especies han dado un buen número de variedades de jardín, y algunas resuelven situaciones concretas:
| Cultivar | Especie | Para qué sirve |
|---|---|---|
| 'Crimson King' | A. platanoides | Follaje burdeos todo el verano. Muy usado en alineaciones urbanas. |
| 'Globosum' | A. platanoides | Copa esférica compacta sobre tronco. Jardines pequeños y calles estrechas. |
| 'Brilliantissimum' | A. pseudoplatanus | Brotación salmón que vira a amarillo y verde. Pequeño y de crecimiento lento. |
| 'Atropurpureum' | A. pseudoplatanus | Envés rojizo que se ve al mover el viento las hojas. |
| 'Simon-Louis Frères' | A. pseudoplatanus | Hoja variegada. Tolera algo de sequía y la sal. |
Con las variedades variegadas o de brotación clara hay una advertencia práctica: se queman con el sol fuerte. Necesitan clima de veranos frescos o una posición protegida de las horas centrales, y en la mitad sur peninsular son casi siempre una mala elección.
Plantación y cuidados
El momento de plantar es el otoño, de noviembre a febrero según la zona, con el árbol en reposo. Eso le da todo el invierno para emitir raíz antes del primer verano, que es lo que determina si se instala o no.
Hoyo amplio, al menos el doble del cepellón, y plantación al mismo nivel al que venía: enterrar el cuello es una de las causas más frecuentes de que un árbol joven se debilite. Alcorque y acolchado de corteza o astillas alrededor, sin que toque el tronco. Riego abundante en la plantación y después riegos espaciados pero profundos durante los dos o tres primeros veranos. A partir de ahí, el monspessulanum y el campestre se valen solos en la mayor parte del país.
De poda, lo mínimo. Los arces se podan en verano o a finales de otoño, nunca a final de invierno ni al arrancar la primavera, porque entonces sangran savia abundantemente por los cortes. Se limitan las intervenciones a retirar ramas secas, cruzadas o mal insertadas, y a levantar la copa si hace falta paso por debajo.
Problemas habituales: la mancha negra del arce (Rhytisma acerinum), esas manchas negras redondeadas con borde amarillo que aparecen a finales de verano sobre todo en A. pseudoplatanus, es antiestética pero prácticamente inofensiva y se controla recogiendo la hoja caída. El oídio aparece en primaveras húmedas. Y el pulgón del arce genera melaza y negrilla, molesto si el árbol está sobre una zona de paso o de aparcamiento.
Un arce que conviene evitar
Merece la pena mencionar el Acer negundo, el arce de hoja de fresno, americano, muy plantado en España por su rapidez y su bajo precio. Se comporta de forma claramente invasora en riberas y sotos de buena parte de la Península: produce enormes cantidades de semilla alada que germina con facilidad, rebrota con fuerza al cortarlo y desplaza a la vegetación de ribera autóctona. Es además un árbol de madera frágil que rompe con el viento.
Si estás eligiendo un arce de crecimiento rápido, el Acer pseudoplatanus hace el mismo trabajo sin ese inconveniente.
En resumen
Los arces ibéricos son la respuesta razonable al problema del arce japonés en clima español: hoja más pequeña y coriácea, tolerancia a la caliza y a la sequía estival, y una otoñada igual de vistosa. Para jardín pequeño en zona seca y caliza, Acer monspessulanum. Para jardín medio en el interior y para setos altos, Acer campestre. Para el sureste y suelos calizos con algo de umbría, Acer opalus subsp. granatense. Para jardines grandes del norte, Acer pseudoplatanus y Acer platanoides.
El manejo es sencillo: plantación en otoño sin enterrar el cuello, acolchado, riegos profundos los dos o tres primeros veranos y poda mínima realizada en verano o finales de otoño para evitar el sangrado de savia. Y una precaución al comprar, que es no confundirlos con el Acer negundo, de comportamiento invasor en las riberas peninsulares.