La buganvilla es la trepadora que define el verano del sur y el levante español, y también una de las que más gente compra en flor y ve deshacerse a las pocas semanas. Los dos motivos habituales son siempre los mismos: poco sol y demasiada agua. Es una planta que florece cuando lo pasa algo mal, no cuando está mimada.

Hay un tercer motivo, menos conocido y responsable de bastantes fracasos en el trasplante: la raíz de la buganvilla es frágil y no soporta que se le deshaga el cepellón. Si la sacas de su maceta y le sacudes la tierra para plantarla como harías con un rosal, es probable que la planta se pare durante meses o se pierda.

Las buganvillas ofrecen una extensa variedad de tonalidades, entre las que destaca este intenso purpura.

Lo que ves de color no son flores

Lo que llena de púrpura un muro son brácteas, hojas modificadas de textura fina y casi de papel, agrupadas de tres en tres. Las flores de verdad son las trompetillas blancas o amarillentas que asoman en el centro de cada trío, pequeñas y poco vistosas. Esa es la razón de que el color dure tanto: una bráctea aguanta semanas donde un pétalo aguantaría días.

El género Bougainvillea es sudamericano, de Brasil, Perú y el norte de Argentina, y pertenece a las nictagináceas. En cultivo se manejan sobre todo tres grupos: Bougainvillea glabra, de bráctea magenta y la más frecuente en la Península, Bougainvillea spectabilis, más vigorosa y de hoja más peluda, y los híbridos Bougainvillea x buttiana, que aportan la gama de naranjas, rojos, salmones y dobles. La variedad 'Sanderiana', de B. glabra, es la base de casi todas las buganvillas compactas de maceta que se venden como planta de temporada.

Botánicamente es un arbusto sarmentoso, no una trepadora con zarcillos ni con raíces adventicias. Se sujeta enganchándose con sus espinas, que son largas y duras. Eso significa dos cosas: que necesita que la ates a su soporte, porque por sí sola no se agarra a una pared lisa, y que hay que pensarse dónde se planta si hay niños o pasos estrechos.

Dónde puede vivir en España

El factor limitante es la helada. Una buganvilla adulta y bien instalada aguanta heladas ligeras y breves, del orden de dos o tres grados bajo cero, perdiendo la hoja y rebrotando desde la base en primavera. Heladas más fuertes o prolongadas la matan, y un ejemplar joven se pierde con mucho menos.

En la práctica:

  • Costa mediterránea, Andalucía occidental, Canarias y Baleares: en pleno suelo, sin protección, cubriendo pérgolas, muros y fachadas.
  • Interior con inviernos suaves, litoral atlántico: en suelo con un buen acolchado sobre la base y en posición muy soleada y resguardada, asumiendo que algunos años perderá la parte aérea.
  • Meseta, valle del Ebro, zonas de montaña: en maceta, sacándola al exterior de primavera a otoño y entrándola a un sitio muy luminoso, un porche cerrado o un invernadero, cuando llegue el frío.

El sol no es negociable en ningún caso. Con menos de cinco o seis horas de sol directo al día crece, pero apenas florece. Una buganvilla en sombra parcial da hoja y ramas largas, y ese es el resultado que se interpreta como planta enferma cuando en realidad es una planta mal colocada.

Plantación y trasplante: lo que hay que hacer con cuidado

El sistema radicular es poco denso y las raíces son quebradizas. La regla es no tocar el cepellón. Se saca la planta de su contenedor entera, sin desenmarañar ni cortar raíces, y se coloca en el hoyo o en la maceta nueva rellenando alrededor. Si la maceta de origen es de plástico blando y el cepellón viene muy apretado, se puede cortar el plástico antes que forzar la extracción.

La mejor época es la primavera, con el suelo ya templado y todo el verano por delante para instalarse. El otoño sirve en la costa; en interior es arriesgado.

El sustrato debe drenar. En maceta funciona bien un sustrato universal aligerado con un tercio de arena gruesa o perlita, o un sustrato para plantas mediterráneas. Evita los muy turbosos, que se encharcan y luego se apelmazan y cuesta mucho volver a humedecerlos. En el jardín, si el suelo es arcilloso, planta en alto y mejora el drenaje de la zona. Los suelos calizos, tan habituales en el este y el sur, no le suponen problema.

Sobre el tamaño de la maceta: la buganvilla florece mejor con la raíz algo apretada. Un tiesto enorme se traduce en crecimiento vegetativo y poca flor, además de más riesgo de encharcamiento. Sube de tamaño poco a poco.

Riego: el error que cuesta la floración

La buganvilla florece en respuesta a un ligero estrés hídrico. Regada de forma constante y abundante hace lo que hace cualquier planta bien alimentada: crecer. Ramas largas, hojas grandes y verdes, y muy pocas brácteas.

La pauta que funciona es dejar que el sustrato se seque en superficie y algo por debajo entre riego y riego, y entonces regar bien, hasta que salga agua por el drenaje. En maceta y en pleno agosto eso puede significar cada dos o tres días; en el suelo, una vez a la semana o menos según el terreno. En invierno, con la planta parada, casi nada: un riego cada dos o tres semanas basta, y menos aún si está a cubierto.

Los síntomas se distinguen con facilidad. La falta de agua se manifiesta con caída de brácteas y hojas de golpe. El exceso, con amarilleamiento del follaje, sobre todo el bajo, y con pudrición de raíz si se mantiene. Nunca dejes agua acumulada en el plato.

Abonado y poda

Del abono conviene saber una cosa: el nitrógeno le va en contra. Un abono universal rico en nitrógeno la pone frondosa y sin flor. Lo que le conviene es un fertilizante con más fósforo y potasio que nitrógeno, del tipo que se vende para plantas de flor, aplicado de comienzos de primavera a final de verano. Nada de octubre a febrero.

La poda se hace al final del invierno, antes del rebrote, o justo después de una oleada de floración. Florece sobre madera del año, así que podar estimula la flor en lugar de eliminarla, al revés de lo que mucha gente teme. En una planta de pérgola o muro se aclara lo seco y lo enredado y se acortan las ramas del año anterior. En las formas compactas de maceta, obelisco, columna o bola, la poda de mantenimiento es continua y ligera: se recorta cada vez que la silueta se desdibuja, y la planta lo tolera perfectamente.

Guantes gruesos siempre. Las espinas son largas y los pinchazos se infectan con facilidad. La savia, además, provoca irritación cutánea en algunas personas, así que conviene lavarse las manos al terminar.

Formatos de maceta y cómo aprovecharlos

Además de la trepadora clásica, hoy se encuentran buganvillas trabajadas en vivero para vivir en tiesto: matas compactas y muy ramificadas, ejemplares guiados sobre un obelisco de tres cañas de entre 90 y 150 centímetros, columnas formadas plantando varios pies juntos, y formas de copa esférica sobre un pie desnudo. Todas se pueden pasar después al jardín si el clima lo permite.

Cualquiera de esos formatos necesita lo mismo que la trepadora: sol pleno, riego escaso y poda regular para mantener la forma. Y hay que contar con que en maceta el ciclo es más exigente, porque el sustrato se seca rápido en verano y se puede encharcar en invierno si la maceta queda a la intemperie bajo la lluvia. Un alero o un porche resuelven el segundo problema.

Las colgantes, normalmente derivadas de 'Sanderiana', son espectaculares suspendidas del techo de un porche, pero son también las que más rápido se quedan sin agua. En pleno verano hay que revisarlas a diario.

Problemas habituales

SíntomaCausa probable
Mucha hoja y ninguna brácteaPoco sol, exceso de riego o abono nitrogenado
Caída súbita de hojas y brácteasSequía, o cambio brusco de ubicación
Hojas amarillas empezando por abajoEncharcamiento
Hojas amarillas con nervios verdesClorosis férrica, típica de suelo muy calizo con riego abundante
Brotes deformados y pegajososPulgón, frecuente en primavera
Puntos finos y telarañas en el envésAraña roja, propia de ambiente caluroso y seco

El pulgón se controla con un chorro de agua a presión y, si insiste, con jabón potásico. La araña roja aparece sobre todo en plantas de terraza muy expuestas y se combate mejorando la humedad ambiental. La clorosis se corrige con un quelato de hierro, pero conviene revisar antes si el problema de fondo no es un riego excesivo que impide a la raíz absorber.

En resumen

La buganvilla necesita tres cosas y ninguna de ellas es trabajo: sol directo abundante, riego escaso con secado entre riegos y un abono bajo en nitrógeno. Cuanto más se la mima con agua y fertilizante universal, menos florece. En el jardín se planta en primavera sin tocar el cepellón, atándola a su soporte porque las espinas no bastan para que se sujete sola a una pared.

Fuera de la costa mediterránea y las islas, lo razonable es cultivarla en maceta y resguardarla en invierno, porque solo tolera heladas ligeras y breves. La poda de final de invierno no le quita flor, se la da, ya que florece sobre madera del año. Y no olvides los guantes: las espinas son serias y la savia irrita la piel.


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